Peter Paul Montgomery Buttigieg. Pete. O alcalde Pete. Así le llaman los voluntarios de su campaña. Su apellido, Buttigieg, de origen maltés, es difícil de pronunciar para sus conciudadanos. Con gran acierto, Pete Buttigieg bromea sobre la cuestión. «Lo digas como lo digas, ahí estaré», contesta en una entrevista. Este jovencísimo aspirante a la candidatura demócrata, que acaba de cumplir 38 años, quiere demostrar a los estadounidenses que es uno de ellos. Héroe de la guerra de Afganistán, se presenta como un político capaz de volver a unir a los americanos.

Es la novedad en la contienda por la candidatura demócrata. Su éxito en Iowa, oscurecido por el caos del recuento, le ha situado en el foco mediático. Espera confirmar su momentum en New Hampshire. Invoca a Barack Obama siempre que puede. Ha seguido su estela para atraer en Iowa a aquellos electores que apostaron por Obama en 2012 pero dieron la espalda a Hillary en 2016.

A quienes le reprochan su juventud y su falta de experiencia política (solo ha sido alcalde de South Bend, Indiana, una localidad de apenas 100.000 habitantes, durante casi ocho años), les recuerda cómo a los demócratas siempre les ha funcionado este tipo de apuestas.

Cada vez que mi partido ha llegado a la Casa Blanca lo ha hecho gracias a un candidato nuevo en la política nacional, no moldeado por el estilo de vida de Washington», dice Pete

«Cada vez que mi partido ha llegado a la Casa Blanca en los últimos 50 años lo ha hecho gracias a un candidato nuevo en la política nacional, centrado en el futuro, no moldeado por el estilo de vida de Washington, y allanando el camino para las nuevas generaciones», dijo recientemente en un mitin en Iowa.

En Iowa ha logrado la victoria con un 26,2% de los votos, seguido muy de cerca por el senador por Vermont, el veteranísimo Bernie Sanders (26,1%), a la izquierda del Partido Demócrata. Sanders cuenta con un gran apoyo entre el electorado más joven. Cada uno de ellos ha logrado 11 compromisarios.

En tercer y cuarto lugar han quedado la senadora Elizabeth Warren y el ex vicepresidente Joe Biden. Warren y Sanders se sitúan muy a la izquierda, mientras que Biden y Buttigieg representan opciones más moderadas.

Su historia y su mensaje

Pete, así dice su mercadotecnia, se presenta como «un nuevo tipo de líder que reúna a los americanos para solucionar sus desafíos más urgentes». Graduado cum laude en Harvard en Historia y Literatura, donde presentó su tesis sobre «la influencia del puritanismo en la política exterior de EEUU», ganó una beca Rhodes que le llevó a estudiar Política, Filosofía y Economía en Oxford. Sus padres han sido profesores la Universidad de Notre Dame, los dos lingüistas.

De pequeño quería ser piloto. Sirvió en la reserva de la Armada de EEUU entre 2009 y 2017. Estuvo desplegado en Afganistán durante siete meses, y por sus servicios recibió una medalla al reconocimiento.

Cumplió 38 años el pasado 19 de enero, apenas unos días después de haber renunciado a la alcaldía de South Bend, puesto que llevaba ejerciendo desde 2012. Había ganado la reelección en 2015 por más del 80% de los votos, cuando ya había hecho pública su homosexualidad.

South Bend es la cuarta ciudad de Indiana. Ha publicado su autobiografía en 2019, titulada Shortest Way Home (El camino más corto a casa), con el subtítulo: el desafío de un alcalde y un modelo para el futuro de América.

Como alcalde logró que South Bend haya reducido el desempleo de un 10% a un 3,5%, haya combatido la pobreza con éxito, y se hayan incrementado un 30% los ingresos por hogar. Su éxito ha sido apostar por la economía vinculada a la tecnología. Los afroamericanos le acusan de discriminación por por la deteriorada situación de esta comunidad en la ciudad.

Antes de ser alcalde fue becario del senador Edward Kennedy, trabajó en la campaña presidencial de John Kerry y después estuvo tres años en la consultora internacional McKinsey & Co como especialista en desarrollo económico y energético.

Si fuera elegido el 3 de noviembre, sería el presidente más joven de EEUU, desplazando a Theodore Roosevelt, quien ocupó el puesto a los 42 años al morir McKinley, y a John F. Kennedy, el más joven (43 años) elegido en las urnas.

En Estados Unidos hay que ser mayor de 35 años para optar a la Presidencia. Por ejemplo, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, nacida en 1989, ni siquiera tendría esa edad en la próxima campaña en 2024.

En la página web de su campaña www.peteforamerica.com, con versión en español, encabeza su biografía así: «Pete es hijo de Joseph Buttigieg, un inmigrante de primera generación de Malta, y Anne Montgomery, una Hoosier (originarios de Indiana) de quinta generación. Lo criaron en South Bend, Indiana, en el mismo vecindario donde vive hoy con su esposo, Chasten, y sus perros rescatados, Buddy y Truman».

De modo que Pete es jovencísimo, novato en Washington y homosexual. Conoció a su pareja, Chasten, profesor de secundaria, a través de una aplicación de citas. Están casados desde 2018 y muchas veces Chasten es quien hace de maestro de ceremonias en sus actos electorales. También sería el primer hombre declaradamente homosexual en llegar a la Casa Blanca.

No necesito ir a un desfile militar para saber cómo es un convoy porque los he llevado en Afganistán, justo en la misma época en la que el actual presidente grababa ‘El Aprendiz'», dice Pete

Excelente orador, muy templado y cercano, según confirmaron fuentes de su campaña a The Atlantic, domina siete idiomas además del inglés (español, francés, italiano, noruego, maltés, árabe y dari). Aprendió noruego para leer la obra de Eerlend Loe, autor de Doppler, que entonces no había sido traducido al inglés.

Uno de los libros de cabecera de Pete es el Ulises de James Joyce, un autor al que le introdujo su progenitor, especialista en el autor irlandés. El maltés es el idioma de su padre, recién fallecido, que era traductor del político y periodista italiano Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano, y el dari lo conoció durante su estancia en Afganistán.

Ha llegado a esgrimir en un mitin que tiene ganas de que Trump le explique a él, veterano de guerra, «cómo se libró de servir a su país por dolencias en los huesos». Sabe que para el electorado de Trump el hecho de que eludiera servir a su país como militar es un flanco débil del presidente y por ello recuerda: «No necesito ir a un desfile militar para saber cómo es un convoy, porque los llevé en Afganistán, justo en la misma época en la que el actual presidente grababa la séptima temporada de El Aprendiz Celebrity«.

Pete Buttigieg se presenta como el candidato capaz de «pasar de página» después de los cuatro polarizados años que ha sufrido América con Trump al frente.

En un tuit que difundió después del discurso del estado de la Unión de Donald Trump, asegura: «El presidente ha ofrecido la misma visión divisiva y peligrosa que nos polariza justo cuando más necesitamos estar juntos. Es hora de pasar de página».

Con quien se ha enfrentado en más de una ocasión es con el actual vicepresidente, Mike Pence, devoto evangélico. Pence fue gobernador de Indiana cuando Buttigieg era alcalde de South Bend. A Pence le llegó a calificar como «un cheerleader de una presidencia de pornostar».

Buttigieg se declara cristiano, pero es muy crítico con los evangélicos, que respaldan a Pence, muy entregado a la causa, y a Trump, religioso por conveniencia. El vicepresidente confiesa que primero es su credo evangélico y luego su vocación conservadora.

Nuestro liderazgo se aparta de las Escrituras… Tenemos esta idea de que el servicio político es asegurarnos de que nuestros aliados tengan éxito. Es no es cristiano», dice Pete

En una entrevista en 2018, en Indianapolis Monthly, Pete dijo: «Habría que volver a las Escrituras. Quiero decir, por ejemplo, pensemos en esos actos de lavar los pies al maestro. Es una de las raíces, uno de las imágenes más perdurables de la cristiandad, cuando la divinidad baja a la Tierra, y se ocupa del servicio al otro de la manera más humilde, y con aquellos que son más humildes».

Y añadió: «En nuestro liderazgo vemos lo contrario. Tenemos esta idea de que el servicio político es asegurarnos de que nuestros aliados tengan éxito, y eso no es cristiano, no es lo que dicen las Escrituras».

«Pete tiene algo que puede gustar a cada público. A unos porque es joven. A otros por gay. O por veterano de guerra. O por su estilo moderado», decía un voluntario de la campaña demócrata en Iowa a Politico. «Puede parecer maleable y no despertar pasiones, pero ahí radica su fortaleza, porque no ofende a nadie».

La campaña en Iowa ha sido una apuesta a todo o nada. Buttigieg se ha empleado a fondo y ha celebrado cientos de actos pequeños con ciudadanos en los que se ha mostrado cercano. En el cara a cara es muy convincente. Ha apostado por los condados rurales, y por aquellos que se inclinaron con Obama, con quien se siente identificado.

Cuenta con un equipo de activistas extraordinario, que se ha desplegado en Iowa con el fin de lograr dar la campanada en el arranque de la carrera de las primarias. Ha logrado recaudar más de 24 millones de dólares, más que ningún otro aspirante demócrata.

Su talón de Aquiles

La gran baza de Buttigieg está en un despegue sorprendente. Bernie Sanders se situaba bien en las encuestas pero ya es un viejo conocido. Lo tenía más difícil de partida Pete, un personaje anónimo para la mayoría de los americanos apenas hace unos meses.

Un detalle curioso de Buttigieg es su admiración juvenil por Sanders. En el instituto escribió un ensayo sobre el senador, titulado Bernie Sanders: un ejemplo sobresaliente e inspirador de integridad. Ganó con este trabajo un concurso de la biblioteca John F. Kennedy.

Si bien le favorece su posición de moderada frente a las posiciones izquierdista de Sanders y Warren, a la hora de captar indecisos que antes votaron por Trump, tiene en su contra que no cuenta con apoyos en las minorías.

Mientras que Obama, y ahora Biden, sí que se han ganado su confianza, especialmente la comunidad afroamericana recela del ex alcalde de South Bend.

Su prueba de fuego será en Carolina del Sur, donde hay primarias el 29 de febrero, y a diferencia e Iowa o New Hampshire, cuenta con una comunidad afroamericana mucho más significativa, cerca de un 30%. Entre los demócratas de esta minoría apenas reúne el 2% de las simpatías.

No logró atraer a la minoría afroamericana de South Bend. Tuvo con ellos rifirrafes que generaron desconfianza entre esta comunidad. Destituyó a un sheriff negro, acusado de grabar los comentarios racistas de compañeros blancos. Se quejan de que no les ha escuchado y ahora pretende seducirlos a toda costa.

Paradójicamente, no es el candidato favorito de los más jóvenes. Los demócratas de las nuevas generaciones se sitúan más a la izquierda, y prefieren a Bernie Sanders, que casi es octogenario, o simpatizan con Alexandria Ocasio-Cortez. Para ellos Buttigieg es un niño bien, demasiado moderado.

En algunos aspectos Pete es revolucionario. Aboga por acabar con el sistema de elección basado en el colegio electoral y que la elección sea directa, también por la reforma del Tribunal Supremo. Está a favor de abolir la pena de muerte y las cárceles privadas. Aboga por un salario mínimo de 15 dólares la hora y es defensor de la labor de los sindicatos.

Apoya que se busquen fórmulas para que los estudiantes no se endeuden como lo hacen ahora cuando van a la universidad. Reconoce que ha fumado marihuana y apoya su legalización.

No está en contra del aborto. Está muy concienciado sobre la importancia de la lucha contra el cambio climático, pero no ve viable un sistema nacional de salud público a la europea como pretenden Sanders o Warren.

Su gurú mediática, una mujer rompedora

«Pase lo que pase con Pete Buttigieg, su asesora, Lis Smith, ha convertido a un alcalde desconocido en un contendiente por el liderazgo demócrata». Lo dice Clare Malone en las páginas de The New York Magazine.

A sus 37 años, Lis Smith se ha convertido en la consultora política de moda en Washington. Pete Buttigieg conoció a Lis Smith gracias a un contacto de Harvard que le facilitó el acceso a David Axelrod, asesor de Obama con quien había trabajado Lis.

Cuando estaba en el instituto, Smith se quedó impresionada por el carisma de John McCain y el autobús de campaña de Pete lo refleja. Está pensado a imagen y semejanza del Straight Talk Express de McCain. Lis es una mujer rompedora.

Confesaba a Clare Malone que es una ferviente lectora de The New York Post, un diario sensacionalista que arremetía contra ella cuando mantuvo una relación sentimental con quien fuera gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, a quien sus infidelidades con una scort de lujo le costaron su cargo.

Lis Smith cree que los medios de comunicación tienen un gran impacto en la construcción de la imagen del candidato y, como está convencida de que Pete Buttigieg es muy potente, lo pone a tiro siempre que puede. Piensa, con razón, que eso le hace ganar la simpatía de los periodistas. Sabe que si construye bien el personaje tiene parte de la batalla ganada.

Es consciente de que además de contar con un buen candidato, que domina el arte de la palabra y sabe ser empático, hoy en día se hace necesaria la creación de contenido. Y ella es una experta.

Dicen quienes han trabajado con Lis Smith que con Buttigieg disfruta mucho porque con él solo puede ganar, y ya lo ha hecho al situarle en el foco mediático. Es una apuesta que le permite experimentar con sus teorías de comunicación política.

Lis Smith ha colaborado siempre con demócratas, más o menos moderados, y se confiesa liberal en términos estadounidenses, es decir, de izquierdas, pero reconoce que ha estudiado a fondo la forma de comunicar del presidente Donald Trump, quien desde su Twitter se comunica directamente con su público, sin mediación.

Obama y Pete son ese tipo de personas que no ven el mundo en blanco y negro, dividido en buenos y malos», dice Lis Smith

David Axelrod, el gurú de Obama, es su fuente de inspiración. Confiesa Lis Smith que a veces le pide consejo. En cierta manera, ve similitudes entre Pete y Obama: «Los dos son ese tipo de personas que no ven el mundo en blanco y negro, dividido en buenos y malos».

A Smith le gusta que Buttigieg no vaya a la yugular con Trump, se lo toma con más calma. La gurú de Buttigieg explica con una metáfora musical lo que le atrae de su candidato. «Cuando era adolescente, me gustaba Guns N’Roses. Era por mi hermano. Me obsesionaba Axl Rose. Pero un día escuché a Radiohead, y pensé: ‘Esto es jodidamente diferente. No sé ni siquiera lo que es, pero me gusta'».

Quien haya escuchado Creep, de Radiohead, sabe a lo que se refiere Lis. Y Pete es Pete, un rara avis.