Annegret Kramp-Karrenbauer, conocida como AKK, se va. No será quien suceda a Angela Merkel como aspirante a la cancillería en las próximas elecciones legislativas, previstas para 2021. La CDU afronta una crisis de liderazgo como consecuencia del pacto que forjaron los dirigentes de Turingia con la ultraderecha de Alternativa para Alemania para impedir que gobernara la izquierda al avalar juntos al candidato liberal.

Su fracaso como líder ha sido evidente en Turingia donde la CDU regional desobedeció y votó junto a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) a un liberal como presidente regional. Era la primera vez desde hace 90 años que la ultraderecha lograba aliarse con los partidos tradicionales, y lo hizo contra los mandatos de la canciller, Angela Merkel.

AKK fue incapaz de contener el tsunami y eso le ha llevado a anunciar este lunes a primer hora su renuncia como líder de la CDU. De momento se mantendrá como ministra de Defensa, cargo que ocupa desde que su antecesora, Ursula von der Leyen, fuera designada como presidenta de la Comisión Europea. Ha anunciado su marcha ante la Ejecutiva de la CDU, reunida en Berlín.

Será en verano cuando se celebra un congreso y se elija nuevo líder. También se trata de ver cómo la CDU afronta el éxito imparable de la ultraderecha, que en muchos Länder del Este ya es segunda fuerza política. Hasta el caso de Turingia la CDU había mantenido una clara línea roja. Lo ocurrido en Turingia revela cómo los democristianos están desorientados a la hora de combatir a la ultraderecha.

Figuran ahora como destacados en la carrera quienes perdieron frente a AKK en diciembre de 2018 en un congreso extraordinario convocado después de que Merkel anunciara que no seguiría al frente de la CDU, después de 18 años como líder del partido.

Tras la anunciada marcha de AKK, que era la favorita de Merkel para su sucesión, resucita de nuevo Friedrich Merz, de 64 años, ex jefe del grupo parlamentario, apadrinado por el poderoso presidente del Parlamento federal, Wolfgang Schäuble, que se quedó a las puertas, y el joven ministro de Sanidad, Jens Spahn. Los dos son menos centristas que AKK.

La opción más continuista la representa Armin Laschet, jefe del gobierno de Renania del Norte-Westfalia, un bastión tradicional del SPD. Se lo arrebató en 2017.

Merz, en ese congreso, abogó por un cambio de estrategia para hacer frente a la sangría de votos de la CDU a la ultraderechista AfD, que es la tercera fuerza en el Parlamento federal. Entró en el Bundestag por primera vez en las elecciones de septiembre de 2017.

Jens Spahn, que cumple 40 años en mayo, aboga por un cambio generacional en un partido en el que la experiencia todavía son galones. Cuando se enfrentó a AKK y Merz, se presentó como una apuesta de futuro, y se dice defensor de «un patriotismo moderno».

Golpe en la mesa de la canciller

La canciller Merkel estaba de visita en Sudáfrica cuando salió adelante en Turingia la designación del liberal Thomas Kemmerich como presidente regional con los votos de la CDU y de AfD. En Turingia lidera la ultraderechista AfD el filonazi Bjorn Höcke, dirigente de Die Flügel, el ala más radical del partido.

Al contrario de lo que sucede en España, los conservadores alemanes (Unión formada por CDU y CSU) rechazan categóricamente cualquier pacto con la ultraderecha. Merkel tuvo que intervenir para que la CDU de Turingia se echara atrás, lo que AKK no había logrado.

Es imperdonable y hay que revertir el resultado. Ha sido un mal día para la democracia», dijo Merkel sobre el pacto con la ultraderecha

«Es imperdonable y hay que revertir este resultado», dijo Merkel desde Sudáfrica. «Ha sido un mal día para la democracia», sentenciaba la canciller, que suele ser muy discreta sobre política interna cuando se encuentra de viaje en el exterior.

También fue muy claro el secretario general de la CDU, Paul Ziemak: «La CDU de Alemania siempre ha dicho que no colabora con Alternativa para Alemania. Hacerlo contradice los valores democristianos básicos. La CDU de Turingia ha votado con nazis como Höcke. Lo mejor serían nuevas elecciones».

El liberal Kemmerich pidió después que se disolviera el Parlamento regional y consideró inevitable la convocatoria de nuevas elecciones. «Es una muestra de lo lamentable que es esta democracia», se quejó uno de los líderes de AfD, Jörg Meuthen, en su cuenta de Twitter.

En las elecciones celebradas en octubre en Turingia el partido de izquierdas Die Linke resultó ganador, aunque el segundo fue Alternativa para Alemania. Los liberales vieron la ocasión de colocar a su candidato como jefe del gobierno regional, a pesar de que apenas lograron un 5% de los votos, si lograban sumar a todos los conservadores, incluidos los ultras.

La izquierda no contaba con suficientes apoyos para gobernar y los liberales se negaban a pactar con Die Linke. Preferían a un filo nazi, Bjorn Höcke.

AKK reaccionó con excesiva tibieza y no se impuso. Sí lo consiguió la canciller Merkel. La gran coalición de gobierno de Berlín, ya muy debilitada, se veía ante un nuevo frente.

Los socialdemócratas exigieron a sus socios de la CDU/CSU que forzaran nuevas elecciones en Turingia, si bien Merkel lo hizo porque considera una barbaridad aliarse con la ultraderecha, y más aún con los más ultras entre los ultras.

Angela Merkel, que es canciller de Alemania desde octubre de 2005, concluye su mandato en 2021 y no optará a la reelección. A finales de 2018 anunció que iba a dejar de liderar la CDU con el fin de dejar tiempo a que se preparase su sucesión. AKK no podrá heredar a Merkel, como quería la canciller.