De momento, Pedro Sánchez ha ganado las primarias del Partido Socialista francés. Por algo se empieza.

Fue a las pocas horas de que el madrileño anunciara en Sevilla que se presenta a la secretaría general del PSOE cuando se conoció la victoria contra pronóstico de Benoît Hamon, que es como en francés se dice Pedro Sánchez

El elegido para representar a los socialistas franceses en las elecciones de esta primavera representa el ala rebelde del socialismo al norte de los Pirineos y se parece peligrosamente a la que Susana Díaz teme que se imponga a ambos lados de Despeñaperros.

Hamon se parece peligrosamente al ala rebelde que Susana Díaz teme a ambos lados de Despeñaperros

Los militantes franceses han optado por la izquierda utópica. Ha ganado el candidato que vendía la renovación, al que acusaba de populista el socialismo como Dios manda. La mejor baza de Hamon en las primarias ha sido encarnar la rebelión contra la línea oficial de su partido.Cuanto más alejado del establishment, mejor. ¿Cómo no va a estar Susana Díaz preocupada?

A Hamon también le dieron por acabado mientras duró su destierro, bastante más largo que estos cuatro meses del via crucis sanchista. Dimitió el francés en 2015, tras cuatro meses como ministro del Gobierno socialista, como protesta a su política de austeridad. Le faltó despedirse diciendo «Non c’est non».

A Hamon también le dieron por acabado mientras duró su destierro después de que dimitiera en 2015

A lo que dijo no fue a la reforma laboral que aprobó su partido y ahora se ha comprometido a derogar. Y puestos a prometer, el socialista de 49 años ha anunciado también la legalización del cannabis, un salario universal de 750 euros y reducir la jornada laboral.  Ah, y la jubilación a partir de los 60.

No ha aclarado cómo piensa pagar sus políticas sociales (sólo la renta básica ascendería a 450.000 millones euros al año) ni escapar a las exigencias de Bruselas, pero los electores no quieren estadísticas, sino ilusión. No era a Angela Merkel ni al FMI a quien Hamon dirigía sus discursos durante las primarias socialistas. Sino a un electorado sediento de utopías en las que creer. Y funciona.

Y mientras pone las barbas del establishment a remojar,  Susana Díaz deshoja la margarita de su candidatura lamentando que le haya servido de poco a su vecino Manuel Valls ser el candidato de la experiencia y el socialismo responsable, que es exactamente lo que en España encarnan ella y la Gestora.