Pedro Sánchez creía contar con el apoyo de Patxi López para la reconquista de la secretaría general del PSOE, pero el líder vasco decidió hacer la guerra por su cuenta presentando su candidatura a las primarias antes que nadie.

¿Traición? ¡Qué difícil es hablar de traiciones en política cuando es el poder lo que está en juego! Siempre hay un bien superior al que apelar. El PSOE está por encima de las lealtades personales y es el PSOE el que corre el peligro de dejar de ser el referente de la izquierda, de quedar subsumido en la irrelevancia, superado por un competidor como Podemos, más joven, más ambicioso, más radical.

Lo que ha sucedido en los últimos meses en el Partido Socialista tiene mucho de tragedia. El propio López hace referencia en la entrevista que publica hoy El Independiente a la fractura del Congreso de Sevilla. Los perdedores no le perdonaron nunca su derrota al ganador, Alfredo Pérez Rubalcaba, que tampoco hizo mucho por integrar a Carme Chacón y a todo el grupo que la había apoyado, empezando por la mismísima Susana Díaz.

López ningunea a Susana Díaz por su falta de apoyos al norte de Despeñaperros. A Sánchez, con el que ha acabado mal, tampoco le da ninguna opción

Rubalcaba, que representa la esencia del socialismo español de la Transición, un felipista sin paliativos, pero también un hombre de partido y un hombre de Estado, ha movido los hilos en los últimos meses para reconducir al PSOE al camino del que, en su opinión, nunca debió salir. Observó con simpatía la operación de descabalgamiento de Sánchez, al que Felipe González le puso la cruz por no haberse abstenido en la investidura de Rajoy tras las elecciones de junio. Pero tampoco quiere ver a la presidenta andaluza aupada a la secretaría general del PSOE. No sólo porque no olvide que apoyó a Chacón en Sevilla, ni tampoco por cómo se portó con Chaves y Griñán. Sino, sobre todo, porque considera que no da la talla.

Rubalcaba es amigo de López y persona con gran ascendiente sobre él. Para el ex vicepresidente del Gobierno, Patxi es una apuesta segura, es «uno de los nuestros». Había que animarle a dar el paso porque, en una confrontación Díaz/Sánchez, el madrileño tenía muchas posibilidades de ganar.

Con Patxi López en el terreno de juego no sólo se le quita fuerza a la candidatura de Sánchez, sino que se vuelve a establecer una conexión con el socialismo de Felipe, con la socialdemocracia que gobernó España durante catorce años seguidos.

López ha asumido su papel y se ve ya mandando en Ferraz. En privado afirma abiertamente que Susana Díaz no tiene apoyos de Despeñaperros para arriba. Quiere ganarle y está seguro de poder hacerlo, aunque no descarta ofrecerle un pacto después de las primarias, en aras de la unidad que insiste en representar.

Respecto a Pedro Sánchez, eso es otra cosa. Lo que le gustaría es que abandonara, que no fuera un estorbo para sus aspiraciones de convertirse en un nuevo González, aunque en tono menor. No habla bien de él. Si bien en público le perdona la vida. Pero cuando es el futuro del Partido lo que está en liza, todo está permitido. Incluso la deslealtad.