Han pasado 13 años desde el atentado del 11-M. Ni siquiera un país acostumbrado al terrorismo durante cuarenta años estaba preparado para digerir un golpe como aquel. La conmoción, el espanto y el miedo, que condicionaron las elecciones generales que se produjeron tres días después, tuvieron un efecto en la sociedad que se prolongó durante mucho tiempo.

Hay dos teorías al respecto. El CNI estaba convencido de que la elección de la fecha no fue casual y estaba relacionada con la convocatoria electoral, mientras que el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, entre otros, opina que no había ninguna relación, ya que la fecha de la masacre fue decida con anterioridad a que se supiera el día de los comicios.

Cuando se cumplieron 10 años de la matanza entrevisté al juez Gómez Bermúdez en El Mundo. Fue una conversación larga. Creo que fue sincero cuando confesó: “Diez años después, no sabemos quién dio la idea de atentar el 11-M”.

Al día siguiente, el fiscal jefe de la Audiencia, Javier Zaragoza, nos hizo llegar al periódico su enfado por esa declaración. Pero lo cierto es que la propia fiscalía había cambiado en varias ocasiones su versión a la hora de identificar al llamado “autor intelectual” del atentado: ¿Fue Jamal Ahmidan, El Chino, o Serhane Fakhet, El Tunecino? Ambos fueron señalados como cerebros de la masacre en distintos informes elaborados por el Ministerio Público.

Los errores de seguridad, el efecto electoral del atentado y el condicionamiento político de la investigación abrieron una brecha en la sociedad española que ha tardado años en cerrarse

El hecho de que el gobierno de Aznar mantuviera abierta la línea de investigación de la posible autoría de ETA cuando los investigadores señalaban claramente al yihadismo hizo que el atentado se convirtiera -lo quisieran o no los terroristas- en arma electoral. Dirigentes políticos del PP y del PSOE me han confesado que en las 72 horas previas a las elecciones lo que sí tenían claro en sus respectivos cuarteles generales era que si la responsable de la masacre hubiese sido ETA el PP habría ganado, mientras que al inclinarse la balanza hacia el yihadismo, lo más más seguro es que se produjera un vuelco hacia el PSOE, partido que se había opuesto a la participación de España en la guerra de Irak.

A medida que la investigación fue avanzando se descubrieron hechos muy llamativos, como, por ejemplo, que una parte importante de los implicados (Trashorras, Zouhier o incluso el propio Tunecino) habían sido confidentes de distintos cuerpos de seguridad (Policía, Guardia Civil o CNI). También se conoció el chapucero análisis de los explosivos utilizados -lo que obligó al juez a ordenar un pericial durante el juicio oral- y otros fallos incomprensibles como el que se produjo en la custodia de la llamada mochila de Vallecas, que, a la sazón, contenía el teléfono móvil que fue la vía por la que se detectó a los integrantes del comando asesino.

Un grupo de periodistas dedicamos muchos meses de trabajo a indagar en lo que ocurrió y aportamos datos muy relevantes que figuran en el sumario del caso como hechos probados. Muchos de ellos están en mi libro 11-M La Venganza.

También es cierto que otros periodistas llevaron sus dudas al extremo de apuntar directamente a ETA como autora del atentado (aunque nunca ha habido datos para sustentar esa tesis). Desde el gobierno, y con la colaboración de numerosos medios, se argumentó la existencia de una llamada “teoría de la conspiración”, operación que tenía como fin meter a todos los que cuestionábamos la versión oficial en un mismo saco.

La brecha que se abrió en la sociedad española parece ya cerrada, aunque todavía hay muchos ciudadanos que tienen dudas sobre lo que realmente ocurrió.

Trece años después y tras haber leído miles de folios del sumario, haber entrevistado a decenas de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado que participaron en la investigación, haber conversado con numerosos miembros de partidos políticos y del gobierno y de haber mantenido contacto continuado con algunos de los mejores expertos en terrorismo yihadista, puedo apuntar algunas conclusiones sobre aquella monstruosa matanza.

  1. Es indudable que la inspiración del atentado fue yihadista.
  2. No hay datos suficientes como para afirmar que Al Qaeda diera directamente la orden para llevarlo a cabo.
  3. Se produjo un enorme fallo de seguridad. Si los distintos cuerpos que tenían controlados a miembros del comando se hubiesen coordinado tal vez el 11-M se habría evitado.
  4. Tuviera o no como fin alterar el resultado electoral, es indudable que el clima emocional y las acusaciones que se hicieron desde el PSOE al gobierno unas horas antes del 14-M tuvieron un efecto en las urnas.
  5. La dimensión política del atentado condicionó la investigación posterior.
  6. No hay duda de que los suicidados de Leganés participaron en el atentado.
  7. Los indicios que llevaron a condenar a Jamal Zougam como autor material -sobre todo el testimonio de las testigos protegidos- resultan muy endebles.

La mejor lección que se sacó de aquel trauma es que había que extremar al máximo las cautelas sobre el nuevo fenómeno terrorista. Afortunadamente, las fuerzas de seguridad han hecho bien su trabajo y en España -por el momento- no hemos tenido que vivir sucesos como los de París o Berlín.