Ferraz se convirtió en la casa de todos. No había facciones, ni candidatos, ni equipos. Sólo socialistas. Hacía tiempo que no veía tanto dolor junto. Carme Chacón, su muerte, les hizo reflexionar a todos, al menos por unas horas. Felipe González, que sigue ejerciendo de líder espiritual del PSOE, sentenció: «Una noticia como ésta nos debería llevar a discutir de las cosas importantes».

Pero me temo que la paz durará lo que dure el duelo. No es que los comentarios en pro de la unidad que afloraron en la planta cuarta del cuartel general socialista fueran fingidos o fruto del impacto emocional. No. Es que la recomposición del PSOE requiere de tiempo y, sobre todo, de voluntad. Algo que, por el momento, no se percibe en el horizonte.

Hizo bien la gestora y, en particular, Mario Jiménez, en no patrimonializar la figura de la ex ministra de Defensa. Todos sabíamos de su buena relación personal con Susana Díaz y con su asesor, Máximo Díaz-Cano. Pero el decoro y la prudencia evitaron lo que hubiera sido un tremendo error.

Por la capilla ardiente pasaron ex ministros, ex presidentes, gobiernos enteros, barones pasados y presentes, la élite de un gran partido al que si hay algo que no le falta es banquillo.

Detrás de las siglas más que centenarias no sólo hay decenas de miles de militantes, sino millones de españoles que han confiando y aún confían en su proyecto renovador, modernizador. Ese fue el impulso que llevó a una joven de 16 años a afiliarse a las juventudes del PSC y que impulsa todavía a muchos españoles a poner algo de su parte para mejorar las cosas.

Tras el duelo, volverá la pugna por liderar al partido. Es natural. Pero ninguno de los candidatos debería olvidar que, gane quien gane, el partido tiene que recuperar el rumbo y la unidad

España no se puede permitir el lujo de tirar por la borda todo ese caudal político que ha contribuido a engrandecer el país y a hacerlo más solidario. Por ello, aunque no se les puede pedir a los candidatos que olviden sus diferencias, porque sería ilusorio además de poco práctico, lo que sí se les debe reclamar es que miren un poco más allá del día 21 de mayo, un poco más lejos que el resultado de las primarias.

En la reconstrucción del partido todos van a ser necesarios. Y, si de esta confrontación legítima, democrática, no sale un PSOE más fuerte, más entusiasta, más unido, la victoria -del que sea- no habrá servido de nada.

Cambiar las cosas es muy difícil. Como vemos cada día, no basta sólo con querer, hay que saber hacerlo. La demagogia ha hecho mucho daño a los grandes partidos y a la democracia. Los ha desacreditado como instrumentos para elevar la calidad de vida de los ciudadanos. Pero no hay una alternativa mejor. De eso sabía mucho Chacón. Te caes, pues te levantas y vuelves a intentarlo.

Cuando el sofocón haya pasado y las cosas vuelvan a la normalidad, que nadie olvide esto: en un momento difícil como éste todos deben estar a la altura de las circunstancias. Y eso, para los aspirantes a liderar el partido, significa que el PSOE no pierda su rumbo. Eso, al menos, es lo que hubiera querido Carme.