“Luis ha sido fuerte. El PP no tiene nada que temer”. Esas fueron las primeras palabras que pronunció Luis Bárcenas nada más salir de la prisión de Soto Del Real el 23 de enero de 2015.

El ex tesorero del PP acude hoy al Congreso de los Diputados para comparecer ante la comisión de investigación sobre la financiación irregular de dicho partido, pero se acogerá a su derecho a no declarar. Luis quiere seguir siendo fuerte y ello implica ser coherente con una línea de defensa que supone la reconstrucción de todo lo que había dicho hasta que decidió cambiar de táctica y de abogado.

Las sospechas de pacto de no agresión entre Bárcenas y la cúpula del PP se convirtieron en indicios cuando el pasado 16 de enero, en su declaración ante el tribunal de la Audiencia Nacional, habló de una “contabilidad extra contable” para referirse a la ‘contabilidad B’ del partido donde se anotaban las aportaciones inconfesables de los empresarios que lo financiaban sin declararlo a Hacienda. Para el ex tesorero, en esta nueva versión light de lo que ocurría en la sede de la calle Génova, aquellas donaciones “no tenían carácter finalista”. Eran como regalos por afinidad política.

La prueba de que el PP no le causará daño a Bárcenas y viceversa se produjo la semana pasada en el transcurso de las declaraciones como testigos de Álvarez Cascos, Mayor Oreja, Arenas, Acebes y Rato, secretarios y vicesecretarios generales del partido que fueron los jefes directos del acusado. Nadie sabía nada, nunca hubo sobresueldos en B, la reunión en el despacho de Rajoy, en la que se pactaron sus condiciones laborales tras su dimisión como tesorero, se transformó en una charla de contenido humano.

Por tanto, los que esperen que Bárcenas aproveche su comparecencia de hoy para tirar de la manta, que pierdan toda esperanza.

Los documentos que Bárcenas atesoraba contra el PP desaparecieron misteriosamente de donde estaban guardados

Una vez concluida la batalla personal/legal con María Dolores de Cospedal -por cierto, con victoria en los tribunales de la ministra de Defensa-, el pacto era más sencillo de materializar.

La guerra con el PP y con Rajoy (fue el ex tesorero el que filtró el SMS en el que el presidente del gobierno le pedía: “Luis, sé fuerte”), sólo le provocó disgustos y un largo periodo de presión preventiva.

Tras la filtración de sus “papeles” ( la contabilidad B), Bárcenas guardaba aún cierta cantidad de artillería pesada contra el PP, pero esos documentos desaparecieron misteriosamente de donde habían sido guardados. Una vez que se hubo quedado sin munición, Bárcenas no tenía más remedio que buscar un acuerdo. Además, hay una parte de su patrimonio aún no aflorado que podría correr peligro si insiste en complicarse la vida.

Tanto el caso Gürtel como el caso de los papeles pueden quedar descafeinados si los principales implicados se empeñan en alterar su propio relato de los hechos.

Lo que está claro es que Bárcenas no dará opción a que los rivales políticos del PP saquen tajada de su comparecencia. El PP, por lo que respecta a él, no tiene nada que temer.