España arrastraba un Gobierno en funciones, Estados Unidos creía estar a punto de tener a su primera presidenta y la noticia más comentada era el divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie. Cuando hace un año nació El Independiente, las mayores incógnitas políticas en nuestro país pasaban por quién gobernaría en Galicia y País Vasco en las elecciones del 25-S y cuánto aguantaría Pedro Sánchez con su «No es no» en vísperas de aquel Congreso del PSOE que acabó como el rosario de la Aurora.

Sólo ha pasado un año, pero nos hemos hecho mayores. Trump ganó las elecciones, Rajoy la abstención socialista que le devolvió el control de La Moncloa y Angelina la custodia de los niños. Aunque nada de esto era lo que ocupaba las conversaciones de los más de 400 invitados que acompañaron al periódico dirigido por Casimiro García-Abadillo en su primera fiesta de cumpleaños. Era realmente difícil dar con algún corrillo en el que no se hablara de Cataluña.

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Lo mismo daba acercarse al ministro De Guindos, que a Margarita Robles o a Fernando Colomo. Anoche, entre cervezas de Mahou y el jazz latino de Zenet, de lo que se habló fue del órdago del independentismo catalán a la unidad de España. Y lo más parecido a cambiar de tema era ver a sus señorías e ilustres representantes del empresariado español enseñarse en la pantalla del móvil los últimos memes sobre el 1-O.

Doce meses después de aquel país en funciones en el que nació este periódico ahora lo que tenemos es uno en disfunciones

Confirmado: a ministros y diputados también les ha llegado ese fotomontaje de Rajoy acompañado de Kim Jong-un diciéndole al dictador norcoreano que aquellos de las esteladas le han llamado gordo. Y también se ríen. Mucho. Por no llorar.

A El Independiente le ha tocado cumplir su primer año de vida en medio de la mayor crisis de Estado que ha vivido España en las últimas décadas. Y como doce meses después de aquel país en funciones en el que nació este periódico ahora lo que tenemos es uno en disfunciones, lo que lo impregnaba todo en la fiesta de aniversario era la preocupación por el futuro de Cataluña, no el futuro de los medios.

Y esa excepcionalidad de la situación, en el fondo no es más que un síntoma de normalidad. Porque los periodistas de lo que tenemos que hablar es de lo que le pasa a nuestro alrededor, no de lo que nos pasa a nosotros. Así que ni siquiera el día de soplar las velas el protagonista debe ser el medio, sino las historias que interesan a los lectores. Que, por cierto, los que nos acompañaron anoche nos volvieron a confirmar que no son los vídeos de gatitos ni qué fue de Brangelina. Sino las noticias relevantes. Y nosotros solo estamos aquí para contarlas. Por muchos años.