El gobierno ha puesto en marcha el 155 de la Constitución y esta semana el Parlament podría declarar la república independiente de Cataluña. Este panorama, que a algunos podía sonarle a broma de mal gusto hace tan sólo unos meses, puede concretarse ya si un milagro no lo remedia. Yo tiendo a no creer en milagros.

El temido choque de trenes ha llegado y estamos a pocos días de que las locomotoras impacten mutuamente, con el descarrilamiento de vagones que ello lleva consigo.

Dirigentes del PP hablaban hoy de un «155 light», como si se tratara de una Coca-Cola. Mientras, los independentistas avisan de la desobediencia de los funcionarios (Romeva) o abiertamente de resistencia en las calles (la CUP). Parece pues que 155 y light no pegan muy bien.

Hemos llegado hasta aquí porque Carles Puigdemont ha querido. De acuerdo. Pero, como apuntó el propio presidente del gobierno en su rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del sábado, a lo mejor es lo que al presidente de la Generalitat y a sus aliados les convenía.

Puede que el gobierno se esté adentrando en su particular Vietnam sin saberlo, o sin darse cuenta. Lo que percibo en algunos altos cargos es que la aplicación práctica del 155 (la asunción por parte del gobierno de todas las funciones del Govern, incluidos los Mossos y TV3) va a ser muy complicada. Es decir, nada light.

Estamos abocados a un enfrentamiento -aunque sea sólo figurado, sin tiros, por supuesto- y, para analizarlo, nada mejor que echar una ojeada a Sun Tzu y a su tratado El arte de la guerra, para saber qué errores se han cometido por parte de la Generalitat y también por parte del Gobierno. Esto es al margen de quién tenga razón, algo muy subjetivo. Vaya por delante que creo firmemente en la unidad de España y en los valores democráticos de la Constitución, lo cual no necesariamente me convierte en acrítico o en anti catalán. Y mucho menos, en facha.

Errores cometidos por los independentistas:

  1. Atreverse a estar frente al mundo. Dice Lao Tse -algo con lo que está de acuerdo Sun Tzu- que una de las cosas que más atesoraba era «no atreverme a estar frente al mundo». Puigdemont y los suyos han iniciado un camino en el que, mal que les pese, están frente al mundo.
  2. Falta de prudencia: no medir las consecuencias antes de obrar. Por mucho que ahora se quiera Junqueras teorizar lo contrario, la masiva retirada de empresas y bancos de Cataluña ha hecho un daño irreparable a su causa. Le ha quitado al independentismo credibilidad y ha generado miedo en una parte de sus posibles votantes.
  3. No se puede conseguir un fin bueno por un camino malo. Incumplir las leyes no es la mejor forma de reclamar aspiraciones por muy legítimas que estas sean. Ningún país serio dará respaldo a un proyecto que quiere edificarse sobre la ruptura del Estado de Derecho.
  4. La autoridad es una exigencia natural de una sociedad. Pugidemont -presidente de la Generalitat, no lo olvidemos- se ha puesto en manos de la ANC, de Òmnium y de la CUP. Dice Sun Tzu que la autoridad es lo que salva a una sociedad «de la injusticia generalizada, de la ley del más fuerte y del caos». La Cataluña de las masas en la calle me temo que no le gusten mucho a los inversores; ni, en poco tiempo, a las clases medias que ahora levitan con la estelada.
  5. No se puede esperar ninguna hazaña de los que carecen de talento. Repasad las entrevistas de Puigdemont en diversos medios y sabréis a qué me refiero.
  6. Terreno hostil es un terreno del que es difícil salir. Puigdemont ha llevado a su huestes a un terreno del que es muy difícil salir sin enfrentamiento. Ha tapado todas las salidas posibles a pesar del mantra del diálogo. Porque no se puede apelar al diálogo cuando se obliga al otro a cumplir todas tus exigencias.

A la luz de El arte de la guerra, el gobierno también ha cometido graves errores:

  1. La capacidad de resolver un conflicto sin lucha es lo que distingue al prudente del ignorante ¿Ha explorado Rajoy todas las opciones para resolver el conflicto de Cataluña sin enfrentamiento? ¿Cuáles han sido los resultados del Plan Cataluña que se anunció a bombo y platillo hace casi un año?
  2. El arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin combate. Es consecuencia del anterior principio. Las guerras más exitosas son las que se ganan sin derramar sangre. El gobierno no ha puesto sobre la mesa iniciativas sugerentes destinadas a someter a la Generalitat sin necesidad de aplicar el 155.
  3. La victoria es el principal objetivo de la guerra. En este caso: ¿cuál será la victoria? ¿Cómo se medirá la victoria? Lo mejor para los intereses del gobierno sería que el porcentaje de independentistas se redujera significativamente, porque, pase lo que pase esta semana, el problema seguirá siendo ese: que hay un 40% (o más) de independentistas en Cataluña.
  4. El supremo refinamiento del arte de la guerra es combatir los planes del enemigo. Es decir, si se dice que «no habrá papeletas, ni urnas», no puede haber papeletas y urnas.
  5. No permitas que tus enemigos se unan. El gobierno, con el 155, lo que ha conseguido es consolidar el bloque independentista formado por ERC, PDCat y la CUP. Ahora están más unidos de lo que estaban hace quince días.
  6. No confiéis a la gente tareas que no puedan cumplir. Si uno observa las entrevistas del ministro de Exteriores, Dastis, no hace falta que me extienda más sobre este tema. Por no hablar de la política de comunicación en líneas generales.

Saquen ustedes mismos sus conclusiones.