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Los golpistas catalanes siguen mintiendo

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Los golpistas catalanes siguen mintiendo
Puigdemont, Junqueras, Turull y Romeva, entre otros, en el Parlament de Catalunya.

Puigdemont, Junqueras, Turull y Romeva, entre otros, en el Parlament de Catalunya. EUROPA PRESS

Resumen:

Ha sido meterlos en la cárcel, ni que sea preventivamente, y empezar un rosario de disculpas. Hablo de los golpistas catalanes, aunque no de todos, pues Puigdemont sigue con su particular confrontación con todas las instituciones estatales diciendo que en España no hay división de poderes, que la justicia no es justa en sus resoluciones y que los derechos humanos son permanentemente violentados. Quiere herirla de muerte ante terceros.

Pedir disculpas no equivale a solicitar el perdón a quienes fueron literalmente engañados en las elecciones de 2015, ni menos a quienes llevaron a votar en el ilegal referéndum del 1-O. Tampoco es el colofón de un severo y sincero acto de contrición. Desde Forcadell a Junqueras, casi todos los mandamases del alzamiento contra el “régimen de 1978” -descalificativo del periodo de mayor poder político, estabilidad gubernamental, crecimiento económico y cultural, y de paz interna de Catalunya en más de mil años- han dicho que nunca fue proclamada la prometida República y que aquello del Parlament fue puro acto de cortesía hacia los suyos. Una farsa.

Corrompen a los catalanes de buena fe a base de prometer el paraíso y la paz eterna de la República catalana en un relato falsario

Son unos sinvergüenzas profesionales que han hecho de la mentira su modus vivendi sin que ningún periódico ni radio barcelonesa, incluidos los medios del Conde, les atajara a tiempo. Han crecido bajo la complicidad pasiva de casi todos los prohoms de Catalunya que, como los clanes sicilianos, van distribuyendo a sus cachorros por segmentos políticos para conservar tanto lo heredado como lo adquirido. Valga como ejemplo que las CUP ni se nutren de obreros ni de votos emitidos en paupérrimos barrios, sino de la clase media/alta y, en algún caso, de la ricachona. La burguesía catalana ha protegido cuando no ha incentivado a los independentistas. Tal cual. Ahora tienen los pies fríos.

Como no han hecho acto de constricción alguno, aunque algún golpista diga ser creyente ante la juez, sino que simplemente han teatralizado aquello que les convenía, vuelven a las andadas. Marta Rovira con aquello de que el Gobierno de Rajoy quería “muertos y sangre en las calles” pero sin llevar tamaño delito al juzgado de guardia; ERC y los pardillos del PDeCAT diciendo que no hay otro “gobierno legítimo” que el cesado en virtud del artículo 155 de la Constitución pero acatándolo al presentar candidaturas para el 21-D próximo, y los cuperos soñando con la revolución que nunca harán mientras pasen los fines de semana en La Cerdanya, esquiando, o en la Costa Brava, disfrutando del mar, pero, eso sí, diciendo auténticas bobadas y chorradas. Mientras, el auténtico sector obrerista del independentismo, Ómnium Cultural y la Asamblea Nacional de Catalunya (ANC), ni que sea bajo patrocinio del dinero público, siguen encriptados por no entender nada. Se les ha caído el alma.

Estos personajes no cesan de mentir y de engañar. Corrompen a los catalanes de buena fe a base de prometer el paraíso y la paz eterna de la República catalana en un relato falsario en grado sumo. Si la racionalidad se impusiera a la emocionalidad, cosa nada fácil en la fracturada Cataluña, los actuales comediantes se irían al paro y el drama/tragedia vivido se iría al traste antes de cualquier telediario nocturno del 21-D. Veremos.

 

*Joan López de Lermaex diputado de Convergencia i Unió