En uno de sus desahogos tuiteros desde paradero desconocido ha dicho Puigdemont que la imagen del 155 son las vitrinas vacías del Museo de Lleida, que lucen huérfanas del tesoro de Sijena por el «expolio» al que el Gobierno de Rajoy está sometiendo a Cataluña.

Tiene razón el ex president cuando ve en esas peanas vacías una metáfora poderosísima. Además del 155, representan el procés

En efecto, tiene razón el ex president cuando ve en esas peanas vacías una metáfora poderosísima. Tanto que en realidad no solo representan el 155. También el procés. Puede el visitante contemplarlas detrás del cristal en toda su vacuidad, como las estructuras del Estado que Junqueras  había prometido estar desarrollando para el día después de la independencia antes de que su líder huyera por sorpresa a Bruselas. Vacía está también de reconocimiento internacional su República simbólica.

Ahora que, según una encuesta de Le Soir, hasta la prensa belga pasa ya de Puigdemont, el eco mediático internacional está quedando también vacío de atención, como vacíos de alma están los bots que retuiteaban a mansalva las noticias del 1-O.

Vacías de contenido de interés social que prometían social estaban además las supuestas campañas de civismo con las que el departamento del ex conseller excarcelado Jordi Turull intentó camuflar la publicidad política del referéndum del 1-O y en las que el Govern gastó medio millón de euros. Y llenas las listas de espera de la Sanidad catalana por la falta de fondos que sí teían sus embajadas en el extranjero.

Vacía está la cuenta de Artur Mas y vacío, por supuesto, está el despacho de Puigdemont en el Palau de la Generalitat

El relato de la tierra prometida se ha ido poco a poco vaciando de verosimilitud desde que el Parlament votara en secreto el 27 de octubre a favor de la República Catalana.   Pero no es lo único que ha desaparecido en estos años de desafío independentista. Vacía ha quedado la cuenta corriente de Artur Mas, que pide ayuda para pagar los 2,8 millones de euros de su fianza. Y vacío, por supuesto, está el despacho de Puigdemont en el Palau de la Generalitat.

Antes que comparecer ante la Justicia española como ha hecho gran parte de su Govern, el ex president prefiere seguir haciendo campaña en el extranjero, a ver si buscándole metáforas al procés se nota menos que su vitrina está vacía.