El invierno ha vuelto al hemisferio norte el 21-D. Ha sido la noche más larga del año, sobre todo, en La Moncloa. El Gobierno aún está digiriendo que el PP haya sacado los peores resultados de su historia en Cataluña en unas elecciones que él mismo convocó. No solo su partido se ha quedado sin representación parlamentaria, al rincón de pensar del grupo mixto, sino que además la victoria del bloque independentista pone en entredicho su gestión del 155.

Y mientras Cataluña sigue partida en dos, Mariano Rajoy huye tanto de la autocrítica como Carles Puigdemont de la Justicia. Y así no hay quien resuelva el encaje de las dos mitades que dividen este peuple.

El 155, según el presidente del Gobierno, “se aplicó como debía hacerse”. Una respuesta reversible que le vale tanto para quienes piensan que se quedó corto en su dureza como los que consideraron la medida desproporcionada, que no ahonda en la cuestión de cómo podía haber evitado que llegáramos hasta aquí.

Y mientras Cataluña sigue partida en dos, Mariano Rajoy huye tanto de la autocrítica como Carles Puigdemont de la Justicia

Sin embargo, aunque electoralmente le haya salido el 155 por la culata, tal vez Rajoy tenga razón cuando dice que la medida que le permitió la destitución del Govern tras la proclamación de la República interruptus “se aplicó de una manera inteligente y las cosas han funcionado bien”. Al fin y al cabo, no eran pocos los temores de que una rebelión de funcionarios cantando Els Segadors a la puerta de la Generalitat pudiera hacer inviable la toma de control desde Madrid tras la DUI.

Tras la noche más larga del año, y quizá de la legislatura, lo único que Rajoy puede celebrar es haber demostrado que aplicar el 155 es posible

Cataluña ha seguido funcionando con normalidad con el 155. Los hombres de negro que mandó desde Madrid han sido capaces de entenderse con los funcionarios catalanes y los altos cargos del Govern de JxSí. Algo que nadie sabía si sería posible aquella mañana en la que el ex conseller Josep Rull se hizo una foto en su despacho de la Generalitat después de haber sido cesado por el Ejecutivo central.

Han pasado ocho semanas. Y tras las elecciones convocadas y perdidas por Rajoy en vísperas navideñas, los catalanes podrán felicitarse el nuevo año con los mejores deseos para el 155, ya que con el resultado del 21-D no se puede descartar que vuelva la vía unilateral. El artículo de la Constitución que deja sin autonomía a Cataluña dejará de aplicarse en el momento mismo en el que se forme el nuevo Govern, pero volvería de nuevo si este se saltara otra vez la Constitución.

Así que tras la noche más larga del año, y quizá de la legislatura, lo único que Rajoy puede celebrar es haber demostrado que la aplicación del 155 es posible. Otra cosa es que sirva para algo más que volver a la casilla de salida. ¡Feliz salida y entrada del 155!