Cuando en los años ochenta Marta Sánchez entró en Olé Olé en el recreo ya le habíamos puesto letra al himno de España. No fue el referéndum de la OTAN ni el golpe de Estado de Tejero lo que dio por terminada la Transición, sino que los niños españoles cantáramos a gritos “¡Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel!”.

Entonábamos la Marcha Real con la misma naturalidad que ahora los niños tararean Despacito, sin ningún afán transgresor ni la más remota idea de lo que decíamos. La mejor prueba de que España avanzaba era que a nadie, con permiso de don José María Pemán, parecía importunarle.

Como treinta años después aquella sigue siendo la única letra que me viene a la cabeza cada vez que suena el himno, le agradezco profundamente a Marta Sánchez que haya tratado de popularizar unos nuevos versos para los acordes de la patria.

El revuelo que ha creado su interpretación en el Teatro de la Zarzuela con la letra para el himno de España, que escribió durante sus años en Miami porque echaba de menos su tierra, es la mejor prueba de que este país está huérfano de símbolos.

Aunque se trata de uno de los himnos nacionales más antiguos de Europa y está vigente desde el siglo XVIII, la marcha sigue sin letra porque los españoles somos muy de irlo dejando todo para más adelante y luego criticar al que se remanga.

Por eso es importante reconocerle a Marta Sánchez que haya logrado por sorpresa algo encomiable. Ha puesto de acuerdo en algo a Mariano Rajoy y a Albert Rivera en la última semana. De disputarse quién merece más medallas contra el independentismo han pasado ambos líderes políticos a competir por quién es más groupie por la diva del pop más español que nunca.

Por su parte, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han preferido mostrarse equidistantes al gesto. Aunque el líder de Podemos ya ha dicho con la boca pequeña y tratando de cambiar de tema que le parece “estupendo” en una entrevista en RNE, porque no está el CIS para desaprovechar gestos populistas.

Para dejar claro que con su himno la cantante a lo que aspira es a unir a los españoles y no a separarlos, en su entrevista con Carlos Alsina ha aclarado Marta Sánchez que agradece todas las felicitaciones por igual: “No me hace más feliz la felicitación de Rajoy que la de Rivera”, ha dicho en Más de Uno.

Creo que fue cuando Miguel Induráin empezó a ganar el Tour de Francia con regularidad, cuando volví a escuchar aquella canción del recreo que durante años pensé que era un anuncio de detergentes y resultó ser el himno de España.

En los años 80, a los hijos de aquella recién nacida democracia, nunca se nos enseñó a amar los símbolos de la patria. Ni la palabra patria ni mucho menos su concepto. Por eso no logro que me termine de importar si esta letra de Marta Sánchez cala o no. La prueba de fuego no será ninguna decisión política, sino si la tararea o no Rafa Nadal en su próxima victoria.

Respecto a la letra en sí, cambiaría la mención a Dios por una al jamón. Pero como no se puede contentar a todo el mundo, reconozco que me bastaría con que Marta Sánchez logre quitarme de la cabeza la imagen del blanqueamiento anal del Generalísimo para estarle eternamente agradecida.