Opinión

Lo que la realidad esconde

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Lo que la realidad esconde

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. EFE

Resumen:

En estos últimos días se intensifica la incertidumbre acerca de nuestra privacidad. Observamos que nuestros datos son moneda de cambio entre diferentes actores, muchos de ellos empresas con una facturación superior al PIB de muchos países y, por supuesto, con miles de millones de habitantes más que cualquier Estado.

El cerco a Facebook demuestra nuestro miedo y nuestras vulnerabilidades. Unas vulnerabilidades a las que Europa no ha sabido reaccionar, ante la posición dominante de la gestión de los datos por parte de Estados Unidos. No es únicamente Facebook, es Google, Linkedin, Instagram, Amazon,…

La guerra actualmente se libra en el terreno de batalla más sensible, en el ciudadano. Somos los objetivos perfectos para potenciar un fenómeno de desestabilización de escala planetaria. Pero, ¿a quién le interesa ese nivel de tensión? ¿Quién gana con todos estos movimientos que afectan a la geopolítica, a la economía, a la estabilidad de los mercados, al futuro de los ciudadanos?

Convendría que reflexionáramos sobre las diversas formas de manifestación de una guerra asimétrica que tiene lugar en un dominio artificial creado por el ser humano: el ciberespacio. Dominio que necesita ser regulado con normas que nos permitan diseñar Constituciones Digitales con el objetivo de salvaguardar los derechos fundamentales de los seres humanos y ya recogidos en todas las cartas fundacionales. Pero, ¿a quién le importan esos derechos? ¿Cómo afecta su salvaguarda a la soberanía de los países cuando estamos en un no territorio?

Algunos países con deseos imperiales han desarrollado estrategias de dominación o de influencia en los últimos 20 años. Estrategias que nacen en su caso de hace más de 5.000 años. Este país con vocación imperial es China y su emperador, ya vitalicio, Xi Jinping manifiesta en su ideología, su estrategia, un deseo de ejercicio de poder real a nivel mundial, plantándole cara sin paliativos a Estados Unidos, declarando que, ante un ataque comercial de Trump, su reacción será contundente.

El ciberespacio necesita ser regulado con normas que permitan diseñar Constituciones Digitales

Y puede hacerlo, su capacidad disuasoria es creíble porque está orquestada desde un modelo de gestión de los conflictos recogido en su manual de estrategia, Guerra sin restricciones de 1999 y desarrollado en su protocolo de acción de 2003 : la 3Ws, Three Warfares: “The concept is based on three mutually reinforcing strategies: (1) the coordinated use of strategic psychological operations; (2) overt and covert media manipulation; and (3) legal warfare designed to manipulate strategies, defense policies, and perceptions of target audiences abroad.” En definitiva, redefiniendo su comprensión de la guerra “byaiming to undermine international institutions, change borders, and subvert global media, all without firing a shot”.

Es decir, utilizando este nuevo modelo de guerra no kinético, enfocado en procesos de pensamiento, impresiones mentales o creencias, con el objetivo de “socavar las instituciones internacionales, cambiar las fronteras y contaminar con ideas subversivas los medios de comunicación globales, todo sin disparar un solo tiro”.

La guerra a la que estamos asistiendo podríamos definirla como asimétrica pero también asingnótica. Vemos una manifestación de la realidad pero debemos profundizar para encontrar las razones que motivan el conflicto y después generar las acciones de contrainteligencia necesarias.

Otro de los jugadores con voluntad de Imperio es Rusia. Con otro emperador vitalicio, Putin. No hay que olvidar que es un profesional de la inteligencia que actúa como estratega de la política. Sus tableros de juego son distintos a los de sus adversarios. Si estos juegan ajedrez, él juega al Go, al que también son aficionados Bill Gates y Mark Zuckerberg.

El objetivo es socavar las instituciones mundiales o cambiar las fronteras sin disparar un tiro

Putin ejerce un control efectivo de los elementos tecnológicos y psicológicos para ejercer la influencia. Así recogiendo un párrafo de un reciente informe del Instituto Chatham Mouse: “In the Russian case, cyberactivities in the broad sense are critical to offensive disinformation campaigns – whether establishing sources for disinformation by setting up false media outlets online, orusing social media to address targets of opportunity for subversion and destabilization.”

Todo al servicio de la influencia incluyendo entre sus armas la desestabilización. Cualquier proceso electoral se ve sometido a las tensiones de un campo de batalla híbrido, donde las acciones de inteligencia y contrainteligencia en el ciberespacio, llevan a tratar de influir en un sentido o en otro el ánimo de los votantes. Transformando las ideas en creencias y haciendo que las emociones, las pulsiones emocionales, sean las que derrotan a discursos racionales. La razón sin emoción no llega al público objetivo, en cambio una emoción sin razón se convierte en un leit motiv.

Tan antigua como la vida, la manipulación es la clave del poder. Por ello, para ejercer una ingeniería social efectiva es preciso conocer al objetivo, el ser humano, y configurarle un mensaje adecuado a sus necesidades reales o prefabricadas y que ese mensaje sea tomado como propio, como identitario. Por ello es imprescindible una estrategia voluntaria de compartición de datos.

Las redes sociales son el abrevadero donde todos vamos a beber, a compartir información privada pensando que sólo la van a ver los interesados… Pero hay muchos interesados que monitorizan a los usuarios de redes sociales diseñando y promoviendo experiencias de vida tanto al cliente como al votante, induciendo su conducta, su comportamiento.

Veamos como este teatro de operaciones se despliega en la campaña presidencial mexicana que está teniendo lugar en estos momentos y comprobemos cómo van a influir todos estos modos de actuación en los resultados electorales del próximo 1 de julio.