A nadie se le escapa el protagonismo diario y recurrente en los medios de comunicación de las criptomonedas. Un protagonismo que ya no solo se conforma con ser comidilla de la prensa económica. Yo mismo reconozco que habiendo ya tratado el asunto en este mismo diario pensaba darlo por liquidado… hasta que, hace unos días, cayó en mis manos un informe de Morgan Stanley que trataba el cansino asunto advirtiendo que más de uno y más de dos bancos centrales barruntaban emitir sus propias divisas electrónicas.

El eco del fenómeno sobrepasa sus propios límites llamando la atención de los estudiosos de los bancos centrales nacionales y de los equipos de análisis de las principales firmas de inversión del planeta. Así, Morgan Stanley, en el documento publicado del que les hablaba, se despachaba con la siguiente aseveración: “Varios bancos centrales están debatiendo activamente la implementación de una versión digital de monedas y billetes (…) La tecnología podría ayudar a controlar mejor los flujos de divisas nacionales e internacionales, pero también a administrar mejor los tipos de cambio”.

Lo que Morgan Stanley propone en su estudio no es un ejercicio de futurología, sino un análisis de varios argumentos económicos justificando el establecimiento de criptomonedas nacionales. Y no a tontas y a locas, no, sino fundamentado en publicaciones oficiales de bancos centrales y de organismos tan rimbombantes, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco de Pagos Internacionales, el BIS, también conocido como el Banco Central de Bancos Centrales, con sede en Basilea.

Crear dinero no es gratis, ni siquiera para un banco central. Crear un dólar cuesta 0,05 centavos

Tres son los principales argumentos que utiliza Morgan Stanley y que justificarían la adopción de criptomonedas propietarias por parte de los Bancos Centrales. El primero es que una divisa digital nacional favorecería una clara disminución de los costes de producción de la moneda tradicional (en papel o en metal).

Crear dinero no es gratis, ni siquiera para un banco central. Por ejemplo, crear un dólar de Estados Unidos cuesta 0.05 centavos. Estos costes varían de un país a otro, dependiendo de varios factores. Digitalizar la creación de dinero con criptomonedas reduciría en gran medida estos costes, alentando a los bancos centrales a dar el paso.

Los bancos comerciales probablemente favorecerían el invento, pues son ellos quienes deben, por ejemplo, mantener la red de cajeros dispensadores de efectivo, garantizar la seguridad con transportadores de dinero, etc. La administración del efectivo es un centro de costes puro para los bancos, mientras que, a la inversa, reciben comisiones por transacciones electrónicas, con tarjetas bancarias, por ejemplo.

Algunos bancos centrales ya están desalentando el uso de efectivo. A menudo citado como un ejemplo de un país casi sin efectivo, la muy baja tasa de uso de la moneda física en Suecia no es solo un problema cultural. Las regulaciones nacionales y el banco central, el Sveriges Riksbank, redujeron en gran medida la cantidad de cajeros automáticos, por lo que un cliente debe ir a sucursales bancarias específicas para obtener efectivo. Además, el Sveriges Riksbank ha expresado su voluntad de introducir una “corona electrónica”.

Suecia es un ejemplo de país casi sin efectivo, con una tasa muy baja de uso de moneda física

El segundo argumento del informe asegura que una criptodivisa patria, facilitaría el comercio internacional y relegaría el papel preponderante de la divisa americana a nivel planetario.
En la actualidad, la gran mayoría de las transacciones internacionales se realizan en dólares o euros, con un 40% y 35% respectivamente. Morgan Stanley señala que actualmente hay muchas discusiones sobre tecnologías de cadena de bloques -el Blockchain- y criptomonedas, para crear sistemas de pago internacionales alternativos. Los países que tienen una gran participación en el comercio internacional, ya sea de importación o exportación, o aquellos que usan muchas monedas extranjeras para el comercio serían los candidatos naturales para la emisión de criptomonedas.

Y esto no afecta solo a las grandes economías. El informe señala, por ejemplo, que las Islas Marshall, donde se usa el dólar estadounidense como moneda nacional, acaba de aprobar una ley para lanzar su propia criptomoneda. Este último, además del dólar estadounidense, será aceptado en este país. De acuerdo, aceptemos que el ejemplo es algo atípico, ya que es un archipiélago oceánico con una economía poco desarrollada y una población de 70.000 habitantes, pero cuando el río suena…

En tercer lugar, una divisa electrónica nacional mejoraría el control de la moneda y los tipos de cambio. El informe recuerda que más del 80% de las monedas en el mundo no siguen un régimen de tipos de cambio flotantes, es decir, fluctúan según la oferta y la demanda de la moneda en cuestión en el mercado de divisas. Solo el 16% de los 184 países encuestados por el FMI tiene una tasa de cambio verdaderamente flotante. Para todos los demás el control de cambio se ejerce, en mayor o menor medida.

Para Morgan Stanley, una forma de dinero digital haría un mejor seguimiento de las transacciones internacionales en este intercambio de mercado colosal que registra un volumen de 5.000 mil millones diarios.

De las 400 patentes de Blockchain registradas el año pasado, la mitad provienen de China

Y parece que algunos países, como China, están muy interesados ​​en esta opción. Según Thomson Reuters, de las más de 400 patentes de Blockchain archivadas en todo el mundo el año pasado, más de la mitad provienen de China. Morgan Stanley también dice que el Banco Central de China evalúa las oportunidades de usar el Blockchain, como la introducción de una versión digital del yuan.
La guinda del pastel es que teóricamente, un sistema monetario 100% digital permitiría “la aplicación de tasas negativas en una proporción mucho mayor que en la actualidad”, anticipa Morgan Stanley.

La opinión muy desfavorable de los supervisores nacionales -que no parecen estar por la labor de respaldar estos experimentos digitales- matizaría la entusiasmada defensa de los chicos del banco estadounidense, pero si éstos últimos no andan desencaminados e hipotéticamente se produce una acción coordinada y una patente de corso encriptada entre bancos centrales, vayan ustedes guardando ejemplares de billetes y monedas como piezas de coleccionista. En un futuro no muy lejano pueden ser una rareza canjeable por una suculenta ristra de contantes y asonantes claves criptográficas.


Carlos de Fuenmayor es director de negocio institucional de Merchbanc.