La primera medida conocida del Govern Torra ha sido realizar una transferencia de más de 20 millones de euros a TV3 para que pueda cubrir sus deudas con Hacienda. El director de la cadena, Vicent Sanchis, había advertido de que si no disponía de liquidez rápidamente se vería obligado a prescindir de algunas de las producciones externas de mayor éxito como Polònia o Preguntes Freqüents.

En los últimos 10 años la televisión y la radio de la Generalitat han gastado 642 millones de euros en productoras externas. La situación es tan escandalosa, que algunos periodistas independientes se refieren a la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) como la menjadora (comedero).

La fiesta no se detuvo ni siquiera en los años más duros de la crisis, cuando las cifras de pobreza se multiplicaban y se recortaban servicios sociales. Por lo visto, los 2.300 trabajadores de los medios públicos, cifra muy superior a la de cualquier otro medio autonómico y a la de potentes medios privados, no son suficientes para producir contenidos atractivos y de calidad.

Nuestra lengua se desprestigia cada vez que se asocia al fanatismo y al humor grosero

¿Y a quién va a parar todo ese dinero? Entre los principales beneficiarios se hallan empresas como Minoria Absoluta, Dies Tontos o Afers Audiovisuals, propiedad de figuras del star system nacionalista como Toni Soler, Albert Om, Miquel Calzada o Mònica Terribas. A estos ‘emprendedores’ se unen opinólogos, humoristas e inclasificables como Pilar Rahola, Empar Moliner o Quim Masferrer, omnipresentes en la programación. Todos ellos han sido apóstoles de la independencia y defensores a ultranza de la clase política nacionalista.

Cuando todas esas figuras han sido acusadas de vampirizar el presupuesto, se han defendido con el argumento de que sus programas gozan de altos niveles de audiencia, falacia que equivale a afirmar que la comida basura es un bien público porque mucha gente la consume.

Arguyen también que es necesario para la preservación del catalán producir contenidos audiovisuales atractivos; más bien ocurre al contrario: nuestra lengua se desprestigia cada vez que se asocia al fanatismo y al humor grosero. Ocultan que tienen un único cliente o cliente principal: fuera del mercado nacionalista, no le venden nada a nadie.

Los trabajadores de TV3 se dedican a colgar lazos amarillos y pancartas a favor de los ‘presos políticos’

Se da la circunstancia de que alguno de los propietarios de las productoras externas fue años atrás empleado de los medios públicos. Pero se dio cuenta de que podía ganar mucho más dinero como ‘empresario’ que como mero presentador. En la realización de algunos programas, se produce una confusión total entre los recursos materiales y personales de la productora externa y los de la televisión o radio pública.

Hace unos años los sindicatos realizaron alguna tímida protesta por esta continua externalización de servicios, pero fue rápidamente apagada. Mientras los trabajadores de TVE realizan llamativas protestas para reclamar neutralidad, los trabajadores de TV3 se dedican a colgar lazos amarillos y pancartas a favor de los ‘presos políticos’ en las instalaciones.

La fidelidad de los empleados queda sellada con sueldos medios de 50.000 euros y privilegios laborales

El Govern no necesita dar directrices o colocar a comisarios políticos, porque la mayoría de sus trabajadores ya están perfectamente alineados con la estrategia nacionalista. Con un salario medio de aproximadamente 50.000 euros brutos anuales y privilegios laborales lejos del alcance de cualquier catalán de a pie, su fidelidad queda sellada.

El star system audiovisual es la punta de lanza de un numerosísimo grupo social formado por periodistas, escritores, actores, músicos y pseudointelectuales que conforman el clero nacionalista. El desarrollo de la política catalana en los últimos años no puede entenderse sin su protagonismo. El propio Torra y su antecesor Puigdemont provienen de dicho grupo social. Intervienen en política de forma activa, sermoneando desde sus púlpitos, integrándose en candidaturas partidistas y ocupando puestos gubernamentales. Para ellos el nacionalismo no es sólo una ideología o identidad, sino un modus vivendi que luchan ferozmente por mantener.

Mientras en Barcelona el Govern Torra llenaba el comedero, en Madrit el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez ratificaba la decisión de levantar los controles sobre las finanzas de la Generalitat. Así que los ciudadanos ya saben a qué atenerse: el clero nacionalista tiene más gasolina para seguir alimentando el incendio en los próximos años, difundiendo su mensaje de confrontación con el resto de España y persiguiendo a esa mitad de catalanes que no forman parte del poble.


Juan Arza es consultor de empresas y analista político