Eso sí que no. Contra los abuelos, no. Esos abuelos de mirada profunda que nunca hablaban de política en la mesa y cuando les preguntábamos con el descaro de los niños cómo era ir a la guerra, nos contaban que las guerras entre hermanos nunca las gana nadie.

A esa generación de españoles que hace 80 años les obligaron a dejar de ser cocineros, agricultores y maestros para empuñar un fusil. Los mandaron a un frente fratricida contra otros españoles, donde los malos estaban al otro lado de una frontera tan imaginaria como todas las fronteras.

Podemos quiere hacernos creer que uno de los dos ancianos centenarios que aparecen recordando la batalla del Ebro en un vídeo que conmemora la Constitución merece ser comparado con un nazi.

“Es inimaginable en Alemania un vídeo de dos ancianos, uno en un campo de concentración con un traje a rayas y otro con uno de las SS”, espetó Pablo Iglesias tras ver el vídeo que el Gobierno mostró en el Congreso por los 40 años de la Constitución.

Es difícil saber si Iglesias lo dice por Germán o por José, los dos entrañables protagonistas a orillas del Ebro. No sé en qué bando luchó cada uno. Ni me importa. Solo hablan de su familia y de sus achaques. De la vida.

Iglesias ha acusado a la comisión organizadora de los actos de la Constitución de «equiparar a los fascistas con los demócratas». Y por más que miro el vídeo yo no alcanzo a ver ningún fascista, solo dos abuelos que podrían ser los nuestros. Dos víctimas de una guerra que no eligieron luchar y que 80 años después de enfrentarse se abrazan para enseñarnos que lo más importante es la paz.

Al ideólogo de Podemos Juan Carlos Monedero, siempre tan locuaz, le parece también «una jodida vergüenza», y compara el vídeo de los dos ancianos españoles con colocar «un viejo nazi y un viejo judío superviviente de un campo de concentración para celebrar la Constitución de 1949».

Estoy de acuerdo. Es una jodida vergüenza. No se me ocurre otra forma de llamar el insulto a la memoria de tantos abuelos que como Germán y José nos enseñaron que las personas son más importantes que las ideas. Es una jodida vergüenza insinuar, aunque solo sea insinuar, que la mitad de los abuelos de este país que lucharon en la guerra civil merecen ser comparados con nazis. Como si en una guerra civil la gente eligiera el bando que le toca. Como si optar entre luchar y ser fusilado fuera un acto que podemos juzgar un siglo más tarde desde el confort de un escaño con aire acondicionado.

Si lo que Podemos quería era reivindicar los derechos de los combatientes del bando republicano pisoteados durante el franquismo y olvidados durante la Transición, bien podría haberlo intentado sin comparar con los nazis a los demás civiles que también sufrieron la guerra.

Así a priori no parece una buena estrategia electoral insultar la memoria de esa generación de abuelos a los que les robaron la juventud, cuando no la vida. Ante todo fueron gente honesta y trabajadora que levantó con su esfuerzo un país desde la miseria sin hablar jamás de política en la mesa. Sabían mejor que nadie que este país no se merece a sus políticos.