Puede que sea demasiado tarde para Pedro Sánchez en lo que se refiere a su famosa tesis guardada hasta hoy como si hubiera sido el Santo Grial. Puede ser demasiado tarde porque a estas altura ya han sido examinados no sólo todos y cada uno de los párrafos de su texto doctoral sino que se ha puesto el foco en otros aspectos que ofrecen serias dudas sobre la ortodoxia y el rigor académico exigibles en ese nivel de excelencia científica que corresponde a un doctorando.

De manera que nos encontramos con la acusación gravísima formulada por el diario ABC, según el cual el presidente del Gobierno plagió párrafos enteros de trabajos ya publicados por otros autores sin que Sánchez hubiera anotado su procedencia. Eso es, ha sido siempre, un plagio. Y, como dice en El Mundo el profesor de la Universidad Carlos III Javier Redondo, “el plagio es pringoso e indecente y constituye un atropello a la propiedad intelectual: una estafa”. Por eso, los argumentos exculpatorios de Pedro Sánchez que se están empezando a manejar  para librarle de esa acusación según los cuales hay un porcentaje máximo de plagios pequeños, o “plagitos”, por debajo del cual la irregularidad, o la estafa, es tolerable, no hace más que ensuciar la imagen ética y el prestigio académico del presidente.  Porque incluso lo que se conoce como “autoplagio”, que también parece haber practicado el señor Sánchez es una práctica que la Universidad penaliza.  O penalizaba porque, a lo que se ve, los niveles de exigencia en lo que se refiere a la excelencia académica se han relajado en España de manera grave y muy alarmante.

Puede que sea demasiado tarde para Pedro Sánchez en lo que se refiere a su famosa tesis guardada hasta hoy como si hubiera sido el Santo Grial

La Universidad Camilo José Cela ha emitido un comunicado según el cual todo el proceso de doctorado del señor Sánchez entró dentro de la normalidad. Pero ahora existen programas digitales que en 2012 eran prácticamente desconocidos en España y que permiten detectar en cuestión de minutos la similitud entre dos textos. Así fue como Melania Trump quedó sometida a la vergüenza por haber copiado sin rubor alguno partes de un discurso de Michelle Obama. Es lo que ha hecho ABC y el motivo por el que el presidente amenaza con emprender acciones legales contra este diario y contra OKDIARIO, que también ha denunciado el presunto fraude.

Independientemente de la equivocación que supone que todo un presidente de Gobierno se enfrente en los tribunales con dos medios de comunicación de su país, porque esos medios van a rebuscar en todos los pliegues del caso para apuntalar su denuncia, no es buena cosa ese tipo de choque contra quienes van a seguir cumpliendo su tarea de informar a sus lectores sobre la actuación de todo el Gobierno, presidente incluido. Debería el señor Sánchez modificar el rumbo de choque y optar por defender su causa con argumentos y demostraciones antes que con este tipo de amenazas que en nada le van a favorecer, ni ahora ni en el futuro.

Por lo demás, casi todo en torno a ese asunto es, como poco, sorprendente. Es muy, pero que muy llamativo, hasta al punto de resultar inverosímil, que el señor Sánchez haya terminado su tesis ¡en menos de dos años! Esto es lo nunca visto porque lo habitual es que un trabajo de investigación científica digno de tal nombre y que haga aportaciones que permitan acceder al grado de doctor, y mucho más si es con la calificación máxima de Cum Laude, dure una media de seis años, cuatro incluso tres a todo tirar y para mentes privilegiadas  dedicadas en exclusiva a la tarea.

Es muy muy llamativo, hasta al punto de resultar inverosímil, que el señor Sánchez haya terminado su tesis ¡en menos de dos años!

Pero es que Sánchez defendió su tesis ante el tribunal en noviembre de 2012 y en septiembre de 2011, tan sólo un año y dos meses antes, el doctorando tuiteaba el siguiente mensaje:  “Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia económica, ¿alguien puede aconsejarme literatura económica para leer? Gracias”.

Hombre, hombre, a esas alturas la literatura económica sobre el tema de su investigación debería estar sobre su mesa de trabajo ya leída, subrayada, vuelta a leer y hechas las reflexiones correspondientes. En septiembre de 2011 el señor Sánchez tenía que haber estado ya con su exposición estructurada, el texto escrito y empezando a introducir las modificaciones que fueran aconsejables. No ha lugar a que ¡a esas alturas! pida por twitter un poco de literatura económica “para leer”.

La conclusión después de leer estos datos, cuya fuente es él mismo, es que la tesis del presidente del Gobierno fue necesariamente el resultado de una chapuza. Y, a partir de esa conclusión, la verdad es que cabe todo. Y entonces sí tiene sentido que se haya estado resistiendo durante años a que ningún mortal pudiera hacerse con una copia digital de ese texto.  Esa resistencia cobra ahora un sentido de ocultación que la explica mejor que nada.

La conclusión después de leer estos datos, cuya fuente es él mismo, es que la tesis del presidente del Gobierno fue necesariamente el resultado de una chapuza

Porque, además de las consecuencias sobre el prestigio académico del presidente del Gobierno que este episodio le pueda acarrear, parece urgente, habida cuenta de los casos con que nos estamos encontrando -y los que nos podemos encontrar en el futuro-, parece urgente digo, examinar el estado de nuestras universidades y recuperar unos niveles de calidad y de rigor que parecen haberse perdido en demasiados casos. Una tesis doctoral es algo muchísimo más serio que un trabajo para una asignatura de un máster y que un Trabajo de Fin de Máster lo que se llama un TFM. Pero eso no quiere decir que también en esos segundos o terceros niveles académicos haya que exigir la recuperación de un grado de exigencia científica y académica que recuperen para la Universidad española parte del prestigio que ahora ya no tiene.

Y aquí entramos en la composición del tribunal que examinó al doctorando Sánchez Pérez- Castejón y le otorgó la distinción de Cum Laude y de cuya composición da cuenta en estas mismas páginas Antonio Salvador. No es ése de ninguna manera el nivel de excelencias que le es exigible a un tribunal de tesis doctoral, lo que demuestra hasta qué punto se ha abaratado en nuestro país la vida académica universitaria. De eso no se puede responsabilizar plenamente al señor Sánchez pero no es exagerado decir que aquél no fue un tribunal que hubiera sido admitido en cualquier universidad de prestigio del mundo. No señor, ese tribunal en su conjunto no tiene un pase por más que cada uno de sus componentes sean personas dignísimas. Pero en aquel 2012 la suma de las características y el nivel académico y los años de experiencia de los examinadores, casi todos noveles, no alcanza ni de lejos el mínimo exigible en una universidad.

No digamos en qué se convertiría su futuro si los jueces dieran la razón a los periodistas. Ésa sería su muerte política

En el mejor de los casos estamos, pues, ante una chapuza y quizá ante una irregularidad grave, algo que va a aclararse en los próximos días. En cualquier caso, políticamente esto no hace más que dañar al presidente del Gobierno. Le va a ser imposible, con los datos que ya conocemos en torno al caso “tesis doctoral de Sánchez” volver hacer el menor reproche o exigir de manera convicente la menor explicación a sus contrincantes políticos porque se le recordará de manera inexorable  el nivel de exigencia que él mismo aplicaba cuando estaba en lo oposición y recordaba, retador, que “por un plagio los políticos en Europa presentan su dimisión”.

Eso es lo que le va a ser aplicado a partir de ahora. Y con más dureza aún si persiste en llevar a estos dos medios de comunicación ante los tribunales. Y no digamos en qué se convertiría su futuro si los jueces dieran la razón a los periodistas. Ésa sería su muerte política. Piénselo bien señor presidente y no lo estropee más. Porque de ésta ya es seguro que no va a salir usted bien parado.