Manolito Gafotas tenía un hermano al que llamaba el Imbécil. Nosotros tenemos a Gabriel Rufián, al que la diputada Beatriz Escudero ha bautizado de la misma manera, entre otras cosas, por haberle guiñado un ojo en un rifirrafe en el Congreso. Presuntamente.

Antes del guiño de Rufián, lo que teóricamente era presunto en esa Comisión de Investigación era la financiación irregular del PP, cuya sesión podía haber servido para sacarle los colores a Francisco Álvarez Cascos. El que fuera secretario general del PP en los diez años que según la sentencia de Gürtel funcionó la caja b y, además, tesorero en funciones durante tres de aquellos años no tuvo que esforzarse mucho en quedar en un segundo plano gracias al de Esquerra, que saboteó la sesión acaparando la atención con sus salidas de tono y preguntas huecas.

No era viendo el paupérrimo interrogatorio al hombre que según Bárcenas ordenó la contabilidad paralela por lo que Manolito decía que “el Imbécil es el niño más inoportuno del planeta: tiene sed cuando no hay agua, tiene sueño cuando no hay cama, hambre cuando no hay comida, y ganas de hacer caca cuando no hay váter”. El personaje de Elvira Lindo describía así a su hermano, no al diputado, pero tanto da. Rufián es su adaptación a la Cámara Baja.

Si Escudero fuera de otro partido que capitalizara mejor las reivindicaciones feministas seguramente las diputadas se habrían hecho una camiseta con el lema

“No me arrepiento de haberle llamado imbécil, se lo merece”. Se reafirmaba, esta vez Escudero, no Manolito, sobre Rufián. En una entrevista de Carlos Alsina en Más de uno, explicaba la diputada que el de Esquerra  traspasó “una línea personal” y que al guiñarle un ojo “se sintió despreciada y humillada” por la “chulería”. La diputada, que acusa al “imbécil” de “machista”, lamentaba también que solo dos diputadas de otros partidos se hayan solidarizado con ella condenando dicha actitud.

No hay imágenes de Rufián guiñándole el ojo que demuestren tal falta de respeto, pero tampoco razones para dudar de ella viendo lo espontáneo que le salió su “no me guiñes el ojo, imbécil”. Si Escudero fuera de otro partido que capitalizara mejor las reivindicaciones feministas seguramente las diputadas se habrían hecho una camiseta con el lema para dejarle claro en la siguiente sesión de control al “imbécil” del lado de quién están.

De haber negado Rufián públicamente que le guiñó el ojo a una diputada en el mismo momento en que ella le recriminó el gesto, y no ocho horas después cuando el de Esquerra salió a explicarse a la remanguillé en un corrillo de periodistas, tendría más credibilidad su desmentido.

Mientras el guiño sea presunto, cabe la posibilidad de que haya habido algún malentendido con Rufián. A veces es muy complicado diferenciar un machista de un imbécil.