Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE) dijo el viernes, sin referirse directamente a Italia (aunque todo el mundo sabe que se dirigía a este país), que “la falta de consolidación en los países con alta deuda aumenta su vulnerabilidad” y que “si las condiciones financieras empeoran excesivamente o si las perspectivas de inflación se deterioran, el BCE debe reaccionar y ajustar el ritmo de la orientación de los tipos de interés”.

Es la primera vez que Draghi habla de “ajustar el ritmo”, aunque en la anterior comparecencia de prensa en octubre, tras la reunión del BCE, el banquero italiano confirmó que no subiría los tipos hasta después del verano de 2019 o “en todo caso hasta cuando sea necesario para cumplir con los objetivos de crecimiento de la Zona Euro”.

Y es que el panorama no es nada alentador. Primero, el órdago que Italia mantiene con respecto a unos presupuestos inaceptables por Bruselas, con una previsión de déficit elevadísima (del 2,4%) y que el Gobierno italiano defiende a capa y espada en lo que ya se parece a Trump con su America First (recordemos que el primer ministro, Matteo Salvini, ha repetido hasta la saciedad que los italianos van primero, le pique a quien le pique).

Italia y el Brexit son dos escollos que podrían obligar al BCE a variar su hoja de ruta

Segundo, la historia interminable en torno a un Brexit caótico, con la primera ministra, Theresa May, luchando contra su propio Gobierno para sacar adelante un acuerdo que cada vez parece menos probable, mientras que Bruselas reza para que todo vaya bien, y se plantea dar más y más plazo para que el país británico resuelva sus peleas internas.

A estas dos “patatas calientes” se suma que los objetivos de inflación y el ritmo de crecimiento de la Zona Euro no se ajustan a las previsiones del BCE, un cóctel molotov que hace que cada vez haya más expertos que apuntan que el organismo europeo se verá obligado a aplazar sus planes de subidas de tipos y no los subirá en 2019.

Algunos van más allá y dicen que el BCE podría, incluso, verse abocado a la compra de bonos en caso de que continúen los problemas en Italia.

Algunos analistas prevén, incluso, que Draghi podría verse obligado a retomar la compra de bonos

Según Reuters, Pascal Blanque, director de Inversiones de Amundi, no espera un aumento de los tipos de interés el año que viene. Además, Blanque afirma que, cuando hay una sucesión en un banco central, no es el mejor momento para un cambio de política. Y recuerden que Draghi termina su mandato en el BCE en octubre de 2019.

Por su parte, Georg Schuh, director de Inversiones en EMEA de DWS, es otro de los que se suman a las voces que afirman que el BCE, precisamente por Italia, puede cambiar de planes.

Incluso en el seno del propio banco central, Peter Praet, su economista jefe, también dejó caer la semana pasada en Londres que el plan de subida de tipos del organismo se podría “repensar” si fuera necesario.

Cierto es que Draghi ha vuelto a retomar su “whatever it takes” en las ruedas de prensa posteriores a las reuniones del BCE, por lo que todo es posible.


Laura Sánchez es editora jefe de Investing.com en España