Facha, mal catalán, pseudoperiodista, desecho humano, maricón, nazi … Así me han calificado tuiteros de izquierda y algunos independentistas (con el lazo bien visible) en las últimas horas en las redes sociales. Esta jauría de intolerantes se unía a la voz oficial del partido que gobierna lanzando sus consignas a periódicos, radios y televisiones afines: que si las mentiras del manifiesto, si la participación fue escasa, que si la foto de los líderes convocantes, … Había que aplacar como fuese el éxito de la convocatoria y destruir a los periodistas, que en nombre de la sociedad civil que estaba en la plaza, leyeron el manifiesto.

Compañeros de profesión que han firmado y leído manifiestos, que han militado en partidos o trabajado para gobiernos, que cobran subvenciones gubernamentales en sus medios, han sido los primeros en denostar nuestra presencia en la plaza de Colón, en criticarnos por hacer lo que dictaba nuestra conciencia.

Les confieso que tuve dudas para aceptar el encargo que me hicieron los partidos convocantes, mi entorno familiar me lo desaconsejaba. A la experiencia me remito: hace unos meses presenté el acto España Ciudadana donde se hacía un homenaje a la bandera, acto en el que cantó el himno Marta Sánchez, y todos los periodistas que en él participamos tuvimos posteriormente problemas en nuestros trabajos por hacerlo. Sabemos que la imparcialidad no existe en el periodismo, lo que no sabíamos es que pasa factura profesional solo a los que no se manifiestan públicamente de izquierdas. Que los que cobran millones de dinero público por parte de su gobierno autonómico (en Catalunya casi todos) no se consideran por ello comprados por el poder de ese gobierno. Es curioso que tanto El Periódico de Catalunya como La Vanguardia fuesen los dos únicos periódicos nacionales que en portada llevaban la foto de la manifestación, asegurando que había sido un fracaso para los convocantes. Casualmente son los dos periódicos que más dinero público reciben en “ayudas” del Govern de la Generalitat.

A pesar de todo estoy convencido de que los mayores ataques para los participantes en la concentración de Pza. Colón este domingo no tienen que ver con la política, ni procede ese ataque en su mayoría del PSOE, ni está provocado porque uno de los seis partidos que se sumaron a la convocatoria fue VOX. Es algo mucho más grave. Lo que en verdad sublevó a una parte de la prensa, la cultura y la opinión pública española fue mostrar tantas banderas de España sin complejos.

Sabemos que la imparcialidad no existe en el periodismo, lo que no sabíamos es que pasa factura profesional solo a los que no se manifiestan públicamente de izquierdas

Muchos compañeros buscaron entre los miles de banderas alguna con el símbolo franquista y apenas la encontraron, porque la mayoría de banderas constitucionalistas era abrumadora. Como sucedió con la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol, una única bandera aunaba a ciudadanos españoles de muy distintas ideologías, desde la socialista del ex ministro José Luis Corcuera o Joan Mesquida, hasta la de la derecha más radical de Vox, pasando por el centro de UPyD y Ciudadanos.

Invité a mi programa de radio el día después a una amiga, diputada de Izquierda Unida en el Congreso, y me explicó el motivo. La bandera de España era, es y será la bandera franquista, la suya es la de la República. Ese es el principal motivo para que todo el que levante la bandera española o grite «¡Viva España!» como hicimos todos en ese acto sea considerado fascista.

El fascismo creado por Mussolini en Italia no provocó que tras su muerte cambiaran jamás los colores de la bandera italiana, y ningún italiano se siente fascista cuando ondea su bandera o gritan «¡Viva Italia!». Pero en España con nuestra bandera sí. Tampoco la Alemania nazi y su genocidio hizo cambiar los colores de la bandera alemana, de la que hoy se sienten orgullosos todos los alemanes. En cuestión de colores de las banderas, los españoles somos distintos al resto de europeos, permitimos que se cuelgue de balcones oficiales una bandera ilegal como la estelada, que ondee en múltiples manifestaciones sin provocar una ola de indignación en los medios de comunicación, mientras que la bandera constitucional se considera un símbolo de la derecha más rancia, del franquismo y quiere ser relegada a los espacios oficiales.

Solo soy un periodista muy catalán y, por lo tanto, muy español que quiere a su país. Algún día eso no será un delito en España

A los muchos compañeros que piensan eso les pregunto: ¿De qué país sois? ¿Qué se lee en el DNI que está en vuestra cartera? ¿Qué decís cuando viajáis fuera de España cuando os preguntan?

Muchos españoles esperábamos más del presidente Sánchez cuando en 2015 y flanqueado por una gigantesca bandera de España se vendió como patriota, criticando a las élites del independentismo. Hace menos de un año Pedro Sánchez decía “Torra es el Le Pen español y el PSOE le va a hacer frente”. Hoy es presidente del Gobierno gracias a él.

Solo soy un periodista muy catalán y, por lo tanto, muy español que quiere a su país. Algún día eso no será un delito en España.