El jueves por la noche el Eurogrupo (los ministros de Finanzas de los 27) llegó a un acuerdo para poner a disposición de los países miembros de la Unión un paquete de 540.000 millones de euros para luchar contra la crisis del Covid-19.

La ministra de Economía y vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, dijo en Twitter: «Hemos alcanzado un buen acuerdo en el Eurogrupo, con una red de seguridad triple para trabajadores, empresas y estados en la lucha contra el Covid-19».

Pero, el viernes, el principal periódico de Holanda, De Telegraf, afirmaba que el ministro de Finanzas de los Países Bajos, Wopke Hoekstra había «ganado la batalla».

¿Quién tiene razón? ¿Esto del Eurogrupo es acaso como cuando los partidos hacen balance de un resultado electoral en el que nadie pierde y todos ganan?

Holanda, el halcón de la UE, tras el que se esconde la todo poderosa Alemania, se ha resistido en esta crisis a abrir la mano para transferir dinero a los países que más la están sufriendo (Italia y España) argumentando que los países del sur no han hecho suficientes sacrificios y que no han reducido suficientemente sus déficits cuando la situación económica ha mejorado. En el caso de España eso parece vidente: en 2019, con el PIB creciendo al 2%, el déficit fue de 8.000 millones más de lo previsto.

Lo aprobado el jueves por el Eurogrupo es un aperitivo para lo que necesita Europa si quiere salir de la crisis sin irreparables costes sociales

Pero era evidente que, al margen de disquisiciones sobre el rigor presupuestario de unos y otros, Europa estaba obligada a llegar a un acuerdo. Eso lo saben hasta en Holanda y en Alemania. Si no hay una respuesta suficientemente solidaria, el proyecto europeo se puede ir al garete. Los partidos euroescépticos se frotan las manos ante la miopía de algunos gobernantes europeos.

Se llegó a un acuerdo que pone a disposición de los países miembros una cantidad de dinero que no está mal pero que, desde luego, no es lo que se necesitará para salir de la recesión a la que está abocada la UE. En palabras de Pedro Sánchez, esto no sería, ni mucho menos, el Plan Marshall que necesitamos.

De los mecanismos puestos en marcha (MEDE, BEI y programa Sure), España podría optar a recibir casi 50.000 millones. No está mal, insisto. Pero para dar una idea lo que significa esa cantidad, el Banco Central Europeo comprará este año deuda española por un total de ¡120.000 millones de euros!

Hay tres cosas importantes que no conviene olvidar:

1ª Lo que ha aprobado el Eurogrupo es deuda. Es decir, que si España accede a esos 50.000 millones, ese dinero irá a aumentar la deuda española (que se incrementaría en un 5%).

2ª Según establece el texto del acuerdo en su apartado 16 el dinero que se reciba estará destinado exclusivamente a financiar la lucha contra el Covid-19.

3ª Una vez que se haya superado la batalla contra el coronavirus, los estados miembros tendrán que volver a la disciplina presupuestaria. Es decir, que habrá condicionalidad y hombres de negro si se ponen en marcha otros mecanismos de ayuda.

Por ello, no conviene que lancemos las campanas al vuelo. Lo que necesita España, lo que seguramente necesitarán otros países como Italia, Francia, Grecia, etc. es un plan de reconstrucción para salir de la recesión con los menores daños sociales posibles, que los habrá. Eso sí que sería un Plan Marshall. Y ese plan necesitará la financiación de un Fondo de Reconstrucción europeo.

Esa es la batalla de fondo importante. Es lo que seguramente abordarán los jefes de Estado y de gobierno en la próxima cumbre del 23 de abril.

Para financiarlo es para lo que España, Italia y Francia (entre otros) proponen los eurobonos o los coronabonos. Es decir una deuda que no recaiga sobre cada país, sino que esté mutualizada por el conjunto de la UE y que habría que pagar vía presupuesto.

A eso Angela Merkel se va a oponer con uñas y dientes. No quiere oír hablar de «eurobonos». Antes muerta. Para los países del centro y norte de Europa eso sería como una transferencia de renta de los países más ricos y austeros a los menos ricos y manirrotos.

Europa se encuentra pues ante una encrucijada histórica. Que será necesario un Plan de Reconstrucción nadie lo pone en duda (no hay más que ver el parón en Alemania y Francia en el primer trimestre).

Si la financiación de ese Plan tuviera que hacerla cada país por su cuenta, aunque fuera a través de mecanismos europeos, la prima de riesgo de España, Italia, Francia y no digamos nada la de Grecia, se dispararían. El coste de la salida de la crisis sería casi inasumible para esos países, ya suficientemente endeudados.

Mutualizar la deuda no es que sea una opción, es que es la única salida para que el proyecto europeo no salte por los aires. Veremos lo que ocurre el día 23 de abril.