La decisión de Inés Arrimadas de apoyar la prórroga del estado de alarma, tras negociar con el Gobierno algunas concesiones, tiene evidentes implicaciones. Sobre todo para Ciudadanos.

Algunos, expresando más un deseo que una realidad, ven en ese acercamiento la posibilidad de propiciar alianzas distintas en el Gobierno y, consecuentemente, la hipotética ruptura del acuerdo de coalición del PSOE con Unidas Podemos (UP). Desde la izquierda y el nacionalismo, este miércoles lo apuntaron tanto Jaume Asens (En Comú Podem) y Gabriel Rufián (ERC) en sus intervenciones en el Congreso. «Si yo fuera de UP -dijo el dirigente republicano- estaría muy preocupado, porque el presidente, cada vez que puede, gira hacia Ciudadanos».

Pero no. Lo que ha ocurrido en las últimas 48 horas es que Pedro Sánchez le ha visto las orejas al lobo (la posibilidad de que un voto negativo del PP a la prórroga supusiera una derrota parlamentaria), y eso le ha llevado a desplegar toda su capacidad negociadora para ganarse los apoyos del PNV y de Ciudadanos. A ERC no ha habido manera de convencerlos.

El presidente le ha dado a la votación sobre la prórroga una importancia que, en realidad, no tiene. Pero, al situar su propuesta como un chantaje, «o se aprueba la prórroga o será el caos», dijo el ministro Ábalos, ponía a los diputados ante una responsabilidad que iba más allá de la decisión sobre un instrumento jurídico para luchar contra la pandemia. Lo que estaba pidiendo -sin hacerlo explícito- era un voto de confianza a su Gobierno.

La líder de Ciudadanos reafirma la «utilidad» de su partido, lo que significa un alejamiento de las posiciones del PP y un apertura hacia el PSOE

Sánchez no sólo quería lograr la prórroga porque piense que es la forma más efectiva para seguir combatiendo al coronavirus, sino porque para él era vital lograr un apoyo parlamentario en un momento en el que se ve desbordado por la realidad y hasta sus socios parlamentarios comienzan a abandonar el barco.

Inés Arrimadas quiso poner las cosas en su sitio en su intervención: «Sólo estamos votando si se prorroga o no el estado de alarma. No es un voto a favor del Gobierno, esto no es una votación de investidura».

De acuerdo. Pero ha sido el propio presidente el que le ha dado a esta votación una dimensión que no tiene.

Sánchez ha buscado, insisto, salvar la situación. Pero nada más. Que nadie espere la mutación en la política de alianzas o grandes cambios en su forma de entender el ejercicio del poder. Se equivoca Arrimadas si piensa que el presidente será, a partir de ahora, más dialogante o menos arrogante.

Sin embargo, a pesar de que la líder de Ciudadanos haya querido circunscribir su decisión a una cuestión técnica sobre el estado de alarma, en la práctica sí ha dado un giro a la trayectoria de su partido desde que Albert Rivera decidió que a Sánchez no había que darle ni agua.

Arrimadas ha asumido, sin decirlo, el argumento de que el batacazo de su partido (que perdió casi 50 escaños en seis meses) se debió a que los españoles dejaron de percibir su «utilidad». Esa explicación al fiasco electoral se refería a la negativa de Rivera a pactar una coalición con Sánchez.

Esa recuperación de la utilidad de Ciudadanos ha sido el hilo conductor de su intervención en el Congreso. Ha recurrido hasta en cuatro ocasiones al concepto de «utilidad» para justificar el voto de su partido a favor de la prorroga del estado de alarma. Y eso sí que supone un cambio estratégico.

Al menos, así lo han entendido destacados líderes de su partido. Desde los que lo rechazan de plano (como Juan Carlos Girauta), hasta los que les dan la bienvenida (como Toni Roldán). Incluso Manuel Valls ha dado su bienvenida a esa nueva versión de Ciudadanos, más favorable al acercamiento al Partido Socialista.

¿Tendrá consecuencias ese cambio de posición en los pactos que mantiene Ciudadanos en algunas autonomías y ayuntamientos? Todos los ojos están puestos en la Comunidad de Madrid, donde las relaciones entre Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado son más tensas cada día. No es probable que a corto plazo se produzca una ruptura, pero parece evidente que la opción por la que ha apostado a Arrimadas sí tendrá consecuencias a medio plazo. La líder de Ciudadanos ha puesto en marcha el distanciamiento paulatino de su partido respecto a las posiciones del PP.