Opinión

Las reformas contracorriente

El diputado de Unidas Podemos en el Congreso Enrique Santiago; la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, durante el acto de toma de posesión de los ministros, en enero. EP

La normativa laboral es el pulmón del sistema productivo. Puede ayudar a respirar bien o, por el contrario, producir la asfixia de quien respira. En los temas laborales ocurre algo parecido, puesto que las reformas adecuadas impulsan el empleo y la calidad del mismo, mientras que las reformas inadecuadas o inoportunas acaban con una sensación muy negativa para el mercado de trabajo, porque suelen producir paro o un desánimo para emplear.

Esto nos puede llevar a tener un código laboral digno de figurar en una urna, pero que termina siendo un freno para emplear. Con lo cual, habríamos logrado justamente lo contrario de lo que se busca: más y mejor empleo. Si a ello unimos el sabio refrán que dice «en tiempo de crisis, no hacer mudanzas», llegaremos a la conclusión de que estamos en unos momentos muy delicados para lanzarse a encorsetar el desarrollo de las relaciones laborales.

Hemos tenido varias reformas laborales y la última, de 2012, nos ofrece una perspectiva y unos frutos muy dignos de tener en cuenta, porque, al final, las reformas serán buenas o serán malas en función de los frutos que producen, y la de 2012 creo que fue una reforma equilibrada, en absoluto expropiadora de derechos laborales fundamentales y que produjo una muy notable mejora en el empleo con unas condiciones razonables. El querer volver ahora a la situación anterior es, a mi juicio, un error que posiblemente produzca más paro o, al menos, falta de estímulos para contratar, que es justamente lo contrario de lo que se desea.

La reforma laboral de 2012 nos ofrece una perspectiva y unos frutos muy dignos de tener en cuenta»

En los muchos años que llevo metido en el estudio de la normativa laboral siempre me ha llamado la atención el que frecuentemente la reformas parece que van dirigidas contra quien que crea el empleo, es decir, el empresario. Parece elemental sostener que, si el empresario es el que crea el empleo, lo que hay que hacer es darle facilidades para ello. A esta sencilla reflexión suele oponerse la idea de que dar facilidades contractuales a los empresarios es lo mismo que otorgarles un poder supremacista del que van a abusar, en perjuicio de los trabajadores. Y eso no es así, al menos en los tiempos que vivimos, puesto que las reformas últimas, y en general nuestra normativa laboral, está dotada de unos contrapesos que hacen difícil que se produzca un abuso unilateral sin control.

En estos momentos, España está en una situación complicada por la crisis económica que nos acecha y, por tanto, hay que acertar en las reformas que se hagan para evitar que al final queden teóricamente muy bien y con nota de excelente, pero que en la práctica supongan o produzcan los efectos contrarios.

Las reformas no deben inclinarse hacia una u otra parte del contrato de trabajo, sino buscar lo que pueda satisfacer a ambas»

Y de un modo global, yo diría que lo más negativo que puede hacerse en la reforma o reformas que quieran realizarse sería retroceder en el campo de la flexibilidad interna en las empresas. Es decir, volver a la rigidez en cuanto a condiciones de trabajo que, al final y como se ha demostrado claramente, suele llevar al empresario a dos acciones: una, no contratar, y otra, contratar fuera de la ley, es decir, fomentar la economía sumergida. 

Otro punto muy importante para la eficacia de las normas que puedan promulgarse el que se haya entablado un diálogo sincero y claro entre los agentes sociales, que son los que más interés tienen en que todo funcione correctamente.

En definitiva, y en el breve espacio del que dispongo, sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que las reformas no deben inclinarse hacia una u otra parte del contrato de trabajo, sino buscar lo que pueda satisfacer a ambas. Y, en esa línea, yo destacaría el empleo en condiciones razonables y la productividad.


Juan Antonio Sagardoy es presidente de honor de Sagardoy Abogados y académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Comentar ()