Lo previsto. Salvo giros de última hora, los trabajos de esa Comisión de Reconstrucción no van a servir nada más que para que los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, lleguen a un acuerdo conjunto para abordar las reformas y mejoras de la sanidad pública.

Ese acuerdo que está prácticamente a punto y es todo lo que parece de momento que van a dar de sí los trabajos de la Comisión. Y, con ser esto de la máxima importancia, porque es evidente que la crisis sanitaria ha sacado a la luz múltiples fallos del que los ciudadanos creíamos que era el mejor sistema sanitario del mundo, y examinarlos y acordar el modo de solventarlos es algo que se debe hacer sin dilación, no es suficiente. Ni mucho menos.

No es admisible que tantos días de escuchar cientos de comparecencias se solventen con un acuerdo que podría haberse alcanzado perfectamente sin necesidad de convocar a tantos expertos. Pero la realidad a día de hoy apunta a que este podría ser el único pacto que daría a luz la Comisión de Reconstrucción.

No se atisba en el documento de PSOE y Podemos la menor influencia de las recomendaciones hechas por los expertos

Por eso, porque son conscientes de la imposibilidad de presentarse ante la opinión pública con semejante resultado, y ante el temor de que la ciudadanía transforme su indignación en reacciones no deseada por nadie, los partidos políticos se están concediendo una prórroga tras otra con la intención de encontrar una vía, o varias, de acuerdo que justifique los trabajos llevados a cabo por la Comisión y que dé pie a decisiones concretas para tratar de revertir las terribles perspectivas que los organismos internacionales auguran a España. El último el FMI, que acaba de prever una caída de nuestro PIB de nada menos que casi un 13% este año 2020.

De modo que todos ellos se han otorgado una semana más para intentar negociar un borrador con los cuatro textos que salgan a su vez de los elaborados por los distintos grupos. Hasta el 3 de julio, es decir, hasta dentro de nueve días naturales, no podremos anunciar el fracaso absoluto de los trabajos de los partidos.

Pero, para empezar, si leemos el documento que en materia económica presentaron ayer conjuntamente los dos socios de Gobierno, comprobaremos que se limitan a reproducir su propio pacto inicial: no se atisba en este documento la menor influencia de las recomendaciones hechas por los expertos, el último de los cuales, el gobernador del Banco de España, dio cifras estremecedoras como que la economía de nuestro país puede caer entre ¡el 16 y el 22%! en el segundo trimestre de este año.

Pero además, Pablo Hernández de Cos dijo claramente que no se debe derogar la reforma laboral aprobada por el PP en tiempo de Mariano Rajoy, que deben prolongarse los ERTE, aunque garantizando su carácter temporal y se mostró contrario a la creación de una banca pública, algo que siempre ha estado en el proyecto de Podemos, una idea que en absoluto los del partido morado han abandonado aunque todavía no ha sido concretada de una manera clara.

Es verdad que en el documento presentado ayer tarde no aparece por ninguna parte el famoso «impuesto a los ricos», una figura tan querida por el vicepresidente Pablo Iglesias porque todos en el Gobierno son conscientes, también él, que ese tipo de planteamientos no serían bien recibidos en Bruselas, de quien depende ahora mismo el sentido y el alcance de los Presupuestos Generales del Estado que el equipo de Pedro Sánchez se dispone a abordar en cuanto conozca la cuantía y los términos y condiciones de la ayuda que va a enviar a España la UE.

No debemos todavía, aunque desde un innegable escepticismo, dar por fracasados los trabajos

Pero esa renuncia a la mención de la nueva figura impositiva que Iglesias estaba empeñado a introducir en las cuentas generales del Estado y a la que siempre se opusieron la vicepresidenta Calviño y la ministra Montero no es suficiente, de ninguna manera, para alcanzar un acuerdo dentro de la Comisión de Reconstrucción.

Como tampoco lo es la desaparición de uno de los mayores errores cometidos por el equipo negociador de los apoyos a la prorrogación del estado de alarma como fue el compromiso asumido por el PSOE con Bildu de la «derogación íntegra de la reforma laboral». Eso tampoco está en el documento presentado y no cabe duda que ambas cosas habrían constituido un obstáculo insalvable para cualquier tipo, no ya de pacto con el PP o Ciudadanos sino incluso para cualquier intento de aproximación.

Pero por lo demás, el documento conjunto de PSOE y Podemos conserva la misma posición política e ideológica de su acuerdo inicial de gobierno. Aunque lleno de generalidades que tampoco permiten atisbar una relación de medidas concretas a aplicar de inmediato sobre la vida económica y social de los españoles, sí podemos augurar que sobre la base de este documento las posibilidades de acuerdo con el PP -no tanto con Ciudadanos- son cercanas a cero.

Pero no lo demos todo por perdido. El hecho de que se hayan adjudicado plazos más largos para la consecución de unas bases mínimas para alcanzar un pacto, nos sugiere que están convencidos que no pueden de ningún modo cerrar los trabajos de la Comisión sin ofrecer algo productivo, concreto y palpable a los españoles.

Por eso no debemos todavía, aunque desde un innegable escepticismo, dar por fracasados los trabajos.

Aún nos queda una semana de levísima esperanza.