A Sánchez le preparan avenidas romanas, balcones de papa, mundiales brasileños, escaleras de Norma Duval y hasta coreografías acuáticas de Esther Williams, ahí en ese Congreso que tiene algo de piscina con flores de las alfombras en el fondo. A Sánchez le preparan maillots amarillos, corridas goyescas, óperas egipciacas, óscar de Benigni, veladas en Las Vegas, dieces de gimnasia rítmica, homenajes en portaviones. Sánchez ya sólo puede moverse impulsado por aplausos, papirotazos o soplidos, como un barquito de papel, como un ratoncito a cuerda, como esos juguetes íntimos que se activan con palmadas. Muchos aplausos y un gran numerito o decorado, como de suite temática de motel erótico, o Sánchez no funciona.

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