Sánchez ya está en caballero cervantino, en refrán de dueña y en sabiduría de sacamuelas. Para ajustar cuentas con Iglesias, Sánchez saca El Quijote, que es como sacar el Cristo parroquial de nuestra cultura, sublime, santo, muy molido y siempre un poco de vieja. Aun siendo una gloria nacional, sacar El Quijote es de vieja, de hispanista coñazo o de Miguel Ángel Revilla cargado de viandas y pancetas de Sancho Panza. “Cervantes decía que la gracia está en la discreción. Pues eso, hay que ser discreto”, declaró el presidente después de perorar de monarquías y repúblicas y del histórico compromiso del PSOE con… ambas. El que tiene que ser discreto, aunque no lo será nunca porque si no se quedaría en un cenicero lleno de pelos ahí en la mesa del consejo de ministros, es por supuesto Iglesias. Iglesias está obligado a ser discreto y Sánchez a ser ambiguo, como una pareja verdaderamente de comedia o de manteo.

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