Ahora que en plena campaña electoral norteamericana el nombre que está en todas las portadas del planeta Tierra es el de Donald Trump, quizá haya que ponerle algo de música.

En realidad la lista de más de 100 temas musicales que hablan de él se extiende desde 1989 hasta ayer mismo, fundamentalmente en el mundo del rap. Hay una entrada entera en Wikipedia dedicada a eso.

Y por otra parte, la lista que empieza a ser considerable es la de artistas que han solicitado formalmente que no se usen sus canciones en mítines ni en la campaña para apoyar al neoyorquino. Rihanna, Adele y muchos más han enviado requerimientos oficiales con amenaza de acciones legales en caso de usar su música en cualquier asunto relacionado con el presidente más polémico de la Historia de Estados Unidos de América. 

De todos esos artistas que huyen de Trump me voy a detener en un Sir británico que descubrió con gran disgusto que se habían usado para ello dos piezas maestras de su repertorio: Elton John. Pues no puedo decir que no tuvieran excelente gusto musical los asesores que las usaron para calentar mítines. En concreto “Rocketman” es mucho más que la canción que da nombre a la película que relata la vida de Reginald Kenneth Dwight, y bien merece entrar a formar parte de nuestra lista de canciones. 

Si bien Elton John solicitó formalmente que dejara de usarse esta canción en actos políticos de Trump, he de reconocer que tuvo a bien ser el primero en tocarla él mismo en la base de naves espaciales de la NASA en Florida allá por 1998, en el sitio de lanzamiento de la “Discovery”. 

En realidad, el primer “Rocket man” (el hombre del cohete) era uno de esos cuentos de Ray Bradbury (Crónicas marcianas, Fahrenheit 451) en los que se describe, cuando todavía no existían las naves espaciales, las paradojas de viajar más allá de lo comprensible. Más tarde solamente hizo falta que Bowie hiciera lo propio con su tema “Space Oddity” y que Bernie Taupin, el inseparable letrista de nuestro músico, viese en el cielo una estrella fugaz que quiso creer que se trataba de un cohete, o algo similar. De ahí toda la inspiración.

Los asesores del ahora infectado Presidente tuvieron la habilidad de dejarla caer para enviar ese mensaje subliminal de hombre que va a lo más alto, en solitario, como un héroe. Quizá pasaron por alto momentos de la letra en los que se puede escuchar

“No soy el hombre que creen que soy en casa”

(I’m not the man they think I am at home)

Sin duda se trata de un espectáculo que pone a prueba la sensibilidad de quien la escucha. Su música en forma de balada con grandes arreglos al piano cose una armonía perfecta con la atmósfera de sintetizador muy avanzada para el momento de su “lanzamiento” (1972) 

La historia de ese astronauta que va a Marte como quién va al polígono, despidiéndose de su familia sabiendo que va a pasar mucho tiempo hasta volver, tiene tanto de épico como de humano. Es la soledad, la distancia frente al vasto Universo lo que se evidencia, en un tiempo futuro en el que los viajes al espacio son un quehacer cotidiano. 

Es una canción que bien podría aplicarse ahora a esa distancia tan antihumana como necesaria que nos convierte también a todos en pequeños héroes diarios.