Son, desde hace años, el auténtico peligro de nuestros sistemas democráticos y la mayor y más infame amenaza que el mundo libre y sus ciudadanos tienen enfrente desde hace años y probablemente, durante las próximas décadas. Son grupos fascistas, Amanecer Dorado en Grecia, Auténticos Finlandeses en Finlandia, Partido de la Libertad en Austria o el más famoso, el tradicional Frente Nacional francés, vaya adoptando los cambios de nombre que vaya adoptando, por citar solo los más conocidos.

Tras la caída de las dictaduras y el asentamiento de las democracias, los totalitarismos de la derecha más extrema parecían condenados durante mucho tiempo a un largo ostracismo. Pero en los últimos años han renacido en media Europa con mucha mayor crudeza y radicalismo, llegando a formar parte incluso de algunos gobiernos. La condena a la que hemos asistido hace algunos días por los tribunales griegos a 18 dirigentes de Amanecer Dorado, partido al que la sentencia califica de «organización criminal» es una buena noticia que tal vez marque un punto de inflexión y suponga el comienzo del fin de esta locura.

La condena a 18 dirigentes de Amanecer Dorado tal vez suponga el comienzo del fin de esta locura

Partidos ultras, racistas, xenófobos y por supuesto eurófobos, aunque no hayan tenido empacho en las dos últimas legislaturas en sentarse en el Parlamento Europeo para, desde allí, vomitar sus tesis de furia y odio. Algunos han llegado a hacer ostentación pública del nazismo, mostrando sin pudor públicamente esvásticas como signo distintivo. Otros, han lanzado abiertamente tesis islamófobas, pretendiendo hacer creer de manera universal que todos los que profesan esta confesión son terroristas. Y todos, en general, han llevado su deshumanizada ideología al colmo del paroxismo relacionando, directamente, a los inmigrantes con la cruel pandemia que nos asola; como si fueran los únicos responsables de la expansión del Covid-19 por todos los rincones de nuestra opulenta y egoísta Europa. Si hasta hace tan solo un año alguien nos hubiera dicho que estas organizaciones podrían llegar a aprovechar una crisis sanitaria mundial para endurecer aún más su discurso de fronteras cerradas e inmigrantes arrojados al mar, no lo hubiéramos creído.

La justicia griega manda parar. ¿Punto de inflexión a la expansión fascista?

La declaración de culpabilidad, por parte de un tribunal ateniense, de los líderes del grupo fascista Amanecer Dorado por «formar y dirigir una organización criminal bajo el manto de un partido político» es una excelente noticia que debería tener un correlato lo más rápido posible en muchos otros países europeos. Se trata de una decisión aclamada por la inmensa mayoría del mundo libre como lo que es: una histórica victoria de los derechos humanos y de la democracia.

El proceso seguido contra estos indeseables se ha prolongado, nada menos, que durante cinco años y medio. El tribunal sentenciador ha concluido, valientemente, que los delitos que se imputaban a estos sujetos —asesinato, agresiones, posesión ilícita de armas— no eran acciones aisladas o individualizadas, sino que estaban pensadas, centralizadas y dirigidas desde una dirección partidaria que concebía y utilizaba la violencia como herramienta para combatir y eliminar a quienes percibía como enemigos. Demoledor.

Pequeños «hitleres». Pobres caricaturas nazis

Nichos Michaloliakos, fundador de esta siniestra organización, se encuentra entre los 18 condenados, aunque tuvo la chulería de no presentarse siquiera a escuchar el veredicto del tribunal contra él.

Este histriónico dirigente, matemático de formación y calificado como Führer del partido por los jueces, comenzó a construir los cimientos de su organización en 1980, cuando fundó una revista nazi que llevaba por título, precisamente, Amanecer Dorado. De inmediato surgió un grupúsculo, marginal en un principio que fue sedimentando un relato de glorificación de aquel Satán del siglo XX llamado Adolf Hitler al que adoraban como un visionario. Este iluminado había pretendido ser militar en su juventud, pero ya a finales de los años 70 fue detenido en varias ocasiones por tenencia de explosivos y algunos episodios violentos, lo que le costó la expulsión del Ejército. En 2015, en pleno cénit de su liderazgo al frente de lo que hoy ya sabemos, con todas las de la ley, que es una organización criminal, había sido puesto en libertad tras pasar 18 meses en detención preventiva. Una «joya», como puede verse a la luz de la biografía del personaje.

Ya en los primeros compases de la década de los años 90, tras la desintegración de la antigua Unión Soviética, los cachorros de Michaloliakos se articularon para presentarse por primera vez a unas elecciones en las que cosecharon un irrisorio 1% del total de los sufragios. Tuvieron que esperar aún casi dos décadas, hasta la brutal crisis financiera que supuso la caída de Lehman Brothers para subirse a una ola de protagonismo de la que, hasta entonces, jamás habían disfrutado.

Auge y caída

Los comicios de 2012 propiciaron la aparición de Amanecer Dorado en el Parlamento de Grecia, al alcanzar un siete por ciento de votos, que se tradujeron en 17 diputados sobre un total de 300. La torticera y manipuladora explotación de ese sentimiento de rabia y de frustración que comenzó a anidar en algunos sectores de la sociedad griega en el curso de aquel ‘tsunami’ económico y la llegada masiva de refugiados e inmigrantes a sus costas.

Desde el primer momento, su agenda «política» fue de máximos. Sus líderes, con el citado Michaloliakos a la cabeza, comenzaron a proclamar que sus militantes y simpatizantes eran «las semillas de los derrotados de 1945» y no dudó en proclamarse, en proclamar de manera colectiva a todos los impulsores y alentadores de esta organización como «nacionalsocialistas y fascistas».

Amanecer Dorado se define como nacionalsocialista y fascista. En 2015 ya eran la tercera fuerza política de Grecia

Miles de personas jalearon estas proclamas en mítines y actos públicos hasta convertirles, en 2015, en la tercera fuerza política griega. En los últimos años, con la estabilización económica, su estrella ha ido declinando hasta que el pasado año la cúpula de este partido fue acusada formalmente de constituir una organización criminal, tras el asesinato del rapero Pavlos Fissas, que fue apuñalado hasta la muerte por simpatizantes criminales de la formación.

Todo comenzó a precipitarse y los dirigentes de Amanecer Dorado perdieron su representación parlamentaria y se vieron obligados a dimitir, pero la maquinaria judicial ya estaba en marcha. Mientras la acción de los tribunales avanzaba contra ellos, esta organización totalitaria, cada vez más acorralada, echó mano del habitual recurso de atribuir sus desgracias a una persecución ideológica contra ellos. Pero nada podía parar la indignación popular, y de la misma forma que el clamor de parte de la masa les elevó al cénit, se activó de manera casi instantánea un creciente sentimiento antifascista que ha acabado siendo recogido por el gobierno griego y el poder judicial.

No solo en Grecia; cuidado con esos haters profesionales llamados Bolsonaro, Putin o Trump, que ensucian la política mundial.

El odio no es privativo únicamente de los que ya pueden ser llamados, con sentencia judicial en la mano, de auténticos criminales. Fuera de Grecia, por toda Europa y más allá también del viejo continente, las actuaciones de estos haters profesionales de la política proliferan llegando a extremos, en algunos casos preocupantes. El último sainete, chusco si no estuviéramos en medio de una pandemia que ha costado ya la vida a un millón de personas en todo el mundo ha sido el papel del enfermo de ida y vuelta Donald Trump.

No es el único, aunque sí de momento el último NAPO, nacional popular en pasar por el hospital. El brasileño Jair Bolsonaro, que calificaba al Covid de simple «gripecita» y se negaba a ponerse la mascarilla y a guardar la distancia de seguridad en todos sus actos públicos o el premier británico Boris Johnson han puesto de manifiesto que la política también puede matar.

Si, en general, la ejecutoria de los responsables públicos no ha estado a la altura, en el caso de estos «Nacional-Populistas», la gestión ha sido especialmente repugnante. Pasaré por alto las payasadas del mandatario norteamericano agradeciendo a Dios su «bendición» en forma de infección y recordaré aspectos más substanciales, como su decisión anunciada en la última semana de septiembre de aprovechar la pandemia para restringir aún más las entradas a los Estados Unidos de extranjeros, por ejemplo, las de los que hayan visitado recientemente China.

Recuérdese además que cuando eclosionó la catástrofe en todo el mundo, Vladimir Putin fue el primer mandatario que selló literalmente las fronteras de su inmenso país a los ciudadanos chinos. Odio sobre odio. Es obvio que ninguno de ellos forma parte de organizaciones criminales, claro está, pero enrarecen un clima político mundial ya sobrado en exceso de salvapatrias xenófobos y ultranacionalistas. Los enfrentamientos vividos en los últimos años por parte del húngaro Viktor Orban con el resto de socios de la UE a cuenta de sus reiteradas negativas a aceptar las cuotas de entrada de refugiados que correspondían a su país o el triste cartel con el que el exvicepresidente de mi país, Matteo Salvini ha dejado etiquetada a parte de la clase política italiana con sus declaraciones —traducidas en acciones ejecutivas— cargadas también de furia y rabia contra inmigrantes que tan solo anhelaban una vida mejor y no morir ahogados en el intento, son algunos ejemplos más de cuanto digo.

¿Principio del fin? De los criminales sin duda. Del odio generalizado… ya veremos

Por rematar esta pieza como la habíamos empezado, en el escenario griego, es un consuelo que la justicia, aunque con lentitud, acabe haciendo su trabajo. El autor material del asesinato de Fissas, Yorgos Rupakiás, se enfrenta ahora a la cadena perpetua. Más de veinte mil personas jalearon, aliviados, las condenas desde los aledaños de la sede judicial, entre ellos los representantes de algunos de los principales partidos griegos: Nueva Democracia y Syriza. El jefe del Gobierno, Kyriakos Mitsotakis, declaró públicamente en las redes su alegría por la resolución.

Todo parece indicar que, en el país heleno, al menos por el momento, amanece de nuevo, aunque afortunadamente no en el sentido que les gustaría a los fascistas. Los criminales… ¡a la cárcel! Veremos ahora que ocurre con la semilla del mal sembrada en múltiples focos a lo largo y ancho del mundo.

¡Ojalá cunda el ejemplo griego, allí donde sea necesario, y el mundo despierte a una nueva era más humana y menos tóxica!