Los bilduetarras, tipos y tipas entremuertos de palear tantos muertos y entrepodridos de escarabajear tanto ataúd, gente tiñosa de muerte, raposa de muerte, embreada de muerte, con las manos y la boca negras de muerte, ya son “dirección de Estado”. Eso decía Pablo Iglesias, que va otorgando dignidades de Estado al anti-Estado, como el que condecora a piratas. “Nosotros vamos a Madrid a tumbar el Régimen”, afirmaba Arkaitz Rodríguez, condenado por pertenencia a banda terrorista. Ahora, él también dirige el Estado. Hace poco recordaba yo a López de Lacalle, su paraguas rojo junto a su cadáver, como una pagoda brotada de la sangre. Aquel día, Otegi dijo que lo que pretendía ETA era simplemente “poner encima de la mesa el papel de determinados medios de comunicación”. Los cadáveres como pisapapeles. Ahora él también dirige el Estado.

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