El planeta Tierra se alivió. Unas horas. En un abrir y cerrar de ojos vinieron las rebajas con los plazos, las temperaturas y qué sé yo. Poco tiempo nos dejaron para disfrutar soñando con un mundo ya no igual al de antes, sino incluso mejor por la lección aprendida. Hoy voy a poner música a esa vacuna gracias a quienes la hicieron posible. Verás cómo acabamos en Boney M.

Boney M. es, como la vacuna, un invento alemán que se hizo realidad gracias a inmigrantes»

Asaltó las portadas la foto de uno de los artífices: un empresario modélico alemán que, a pesar de estar entre los más ricos millonarios del mundo, sigue yendo en vaqueros y bicicleta. Buena lección para cualquier xenófobo han sido sus orígenes turcos. Su padre, trabajador en una fábrica, poco podía imaginar que su hijo aliviaría al mundo, aunque fuera unas horas. Y eso, ¿cómo acaba en Boney M.?

Cuando pensaba cómo decorar ese momento de fugaz alivio, me vino a la mente un tema musical surgido de la búsqueda de luz tras una desesperación. Una de esas canciones que acompañaron la niñez o incluso juventud de quién está leyendo esto.

El drama ocurre el 22 de noviembre de 1963. Un día antes, JFK recibió sus históricos disparos. En un bar de Nashville, la cuna del country, un hombre negro muere en una pelea de bar. Su hermano no había terminado de enjugar sus lágrimas al ver cómo se desvanecía a tiros la esperanza de igualdad cuando tuvo que llorar todavía más por la sangre de su sangre. Eso es desesperación. Pasaron casi tres largos años hasta que una mañana, como todas, salió el sol. Pero ese día fue diferente. Es uno de esos momentos que todo ser sufriente sabe que existen, ese instante impredecible en el que el alma dice ‘basta’. Ese sol era justo lo que necesitaba su ser para salir del hoyo. Agarró el bueno de Bobby Hebb su guitarra y se hizo la luz.

Algo tenía que tener esa canción para que un abanico enorme de artistas no menos grandes la hicieran suya. Entre ellos Cher, Luis Miguel, Marvin Gaye, y, por fin llegamos, Boney M.

No es casual que elija este tema y en esta precisa versión que ha acompañado tantos momentos de nuestra vida. Quizá el lector no tenga por qué saber que este grupo es también, como la famosa vacuna, un invento en parte alemán que se hizo realidad gracias a inmigrantes, en este caso llegados desde islas como Jamaica, Montserrat y Aruba. ¿Cuándo aprenderán los xenófobos que, más que nunca, el mundo es uno?