Pocos albergarán dudas acerca de que lo que se puede esperar de ese encuentro, obligado por un protocolo sin cuyas imposiciones la entrevista del próximo 9 de julio no se celebraría jamás, es sencillamente nada.

Isabel Díaz Ayuso, la flamante vencedora de las elecciones autonómicas de Madrid, cuya convocatoria anticipada cogió al PSOE desprevenido y sin un candidato fuerte que oponer a la entonces ya presidenta de la Comunidad, es la enemiga número uno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien ella ha utilizado como única diana contra la que disparar todos sus dardos sin desperdiciar ni uno solo.

Aquella escena, de escenografía superlativa y pretenciosa montada en el mes de octubre de 2020 con aquel fondo de banderas que parecía querer aparentar que estábamos asistiendo a una cumbre de la OTAN, para lo único que sirvió fue para subrayar lo que de ficción había tenido ese atrezzo con el que se quiso disimular un desencuentro radical que no ha hecho más que aumentar con el paso de los meses.

Inútil hacer aquí el recuento de los innumerables choques, críticas, decisiones del Gobierno que únicamente se podían interpretar como venganzas o escarmientos a la rebeldía de la presidenta madrileña, ataques reiterados de ésta no sólo a las medidas que en materia sanitaria se tomaban desde el ministerio de Sanidad, sino directamente a todas las políticas que emanaban desde el Ejecutivo y que la señora Díaz Ayuso ha concentrado sistemáticamente en la persona del presidente.

Y para rematar la faena, la suprema humillación sufrida por Pedro Sánchez ante su más fiera adversaria en las elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid. Nunca en todo su mandato Pedro Sánchez ha mordido el polvo como lo mordió aquel 4 de mayo por persona interpuesta cuando su candidato Ángel Gabilondo fue derrotado en toda la línea por la candidata del Partido Popular, que se alzó con una victoria apabullante.

Nada ha mejorado desde entonces porque lo que Díaz Ayuso sostiene ante todo aquél que la quiera oír es que el tiempo del sanchismo ha empezado ya a agotarse. Y en esas condiciones el presidente la convoca. Pero lo hace porque no le queda más remedio después de haber anunciado que va a recibir al nuevo presidente de la Generalitat Pere Aragonés, lo cual le ha obligado también a dar audiencia al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonillla, a quien no había recibido desde que éste tomó posesión de su cargo en enero de 2019.

El tono con el que se dispone a abordar el encuentro permite aventurar que esa conversación va a acabar como el rosario de la aurora

Ni qué decir tiene que de este encuentro del 9 de julio no va a salir ningún acuerdo de entidad y que lo que va a hacer la presidenta de Madrid es recitarle la lista de exigencias, protestas y reivindicaciones que la comunidad que preside debe y quiere plantear al presidente del Gobierno.

Empezando por la famosa «armonización fiscal», un punto muy sensible y que es una exigencia planteada a Sánchez por ERC para que la diferencia de la presión fiscal que se ejerce en Cataluña no se vea tan escandalosamente por encima de la que existe en Madrid. Esa es una batalla que Díaz Ayuso está dispuesta a dar hasta el último suspiro y para la que se quiere blindar en la medida de lo posible aprobando una ley que fortalezca a la Comunidad frente al acoso que espera del Gobierno.

Pero es que ya el tono con el que se dispone a abordar el encuentro con Pedro Sánchez permite aventurar que esa conversación va a acabar como el rosario de la aurora: «No voy a consentir que los contribuyentes madrileños paguen la fiesta» de las pretensiones independentistas de los socios de legislatura del presidente. Que los empresarios catalanes sean los que financien el camino a la independencia de Cataluña, dice Ayuso. Y en este caso no se trata tanto del fondo, en el que ella tiene razón, cuanto en la forma en que esa razón es formulada.

Y, como esto, es resto de reclamaciones que se le van a plantear sucesivamente al presidente del Gobierno. Es muy improbable, por lo tanto, que con esa mochila llena de reproches y de desafíos por un lado y por el otro, asistamos al final de ese encuentro con un relato de enumeración de acuerdos en alguno o en varios de los muchos puntos que la presidenta madrileña llevará incluidos en su lista.

Perdida pues toda esperanza, a lo más que podemos aspirar es a comprobar hasta qué punto la entrevista se salda con un choque frontal o sencillamente consiste en un mero y frío acto protocolario. Nada más se podrá sacar de ella dado que para Díaz Ayuso la confrontación con Pedro Sánchez se ha convertido en una de sus mayores apuestas estratégicas de aquí a dos años, cuando los madrileños acudamos dos veces a la urnas, una para elegir presidente autonómico y otra para elegir al partido que designe al presidente del Gobierno. Por esa misma razón, el jefe del Ejecutivo tampoco le va a ofrecer a su adversaria ni una sola baza que le permita a ella blandir lo conseguido como una victoria personal y política.

Quizá me equivoque pero auguro que de ese encuentro no saldrá nada.