Por muchos adornos que le haya querido poner el ministro de Justicia al evidentísimo gol que el presidente del Gobierno -sin su visto bueno, este proyecto de ley trans nunca habría salido adelante- le acaba de meter por toda la escuadra a su vicepresidenta primera y estandarte gubernamental del feminismo en su lucha de tantos años en favor de los derechos y la igualdad real de las mujeres y en su oposición radical a este proyecto que difumina peligrosamente la condición de mujer, el golpe asestado a Carmen Calvo es de muy grueso calibre.

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