Las manifestaciones convocadas por los partidos tienen la relativa utilidad de que permiten medir la fuerza -más entre sus miembros que entre sus votantes- de la formación política convocante. Pero poco más.

Solo las convocatorias hechas por organizaciones sociales sobre asuntos concretos que afecten directa y gravemente a la ciudadanía tienen el valor de permitir calibrar el grado de rechazo, o de irritación, o de hartazgo de los ciudadanos convocados a las calles. Eso, o las convocatorias efectuadas por una suma de partidos, es lo que las convierte en suprapartidistas y, por lo tanto, transversales, lo cual les da una fuerza incomparablemente mayor que los llamamientos a salir a la calle efectuados por una sola sigla.

Ya pasaron los tiempos en que las manifestaciones del 1 de mayo eran la muestra del enorme poder sindical que en su día, ya muy lejano, ejercieron las centrales obreras en el mundo del trabajo en la España de la Transición. Y así y todo, eran fundamentalmente los sindicatos mayoritarios Comisiones Obreras, UGT y, en mucha menor medida, USO y el resto de siglas de escasa filiación quienes llamaban conjuntamente a los trabajadores a las calles de toda España.

Por eso tiene poco sentido desde el punto de vista de quien pretende exhibir la intensidad de una demanda ciudadana el que un partido convoque a la población a echarse a la calle pero eso es lo que parece que está planeando Vox para canalizar, y para beneficiarse de sus efectos, del insoportable incremento de precio de la energía eléctrica. 

La razón que mueve a los de Santiago Abascal en este propósito es la de hacerse presentes en la conciencia ciudadana y adelantarse así a los dirigentes de Podemos, un partido que, aunque forma parte del Gobierno, y a pesar de eso, lleva tiempo amenazando con respuestas callejeras ante esta subida imparable de la luz que afecta a todos los bolsillos pero se convierte en un hachazo inasumible en las economías familiares más débiles.  

La razón de Vox es otra: empujar al PP a la vera del PSOE y convertir a esos dos partidos juntos en una sola cosa a la que hay que hacer frente»

Pero la razón de Vox es otra: empujar al PP a la vera del PSOE y convertir a esos dos partidos juntos -y eso que están en las antípodas- en una sola cosa a la que hay que hacer frente. En definitiva, hacerse un hueco en el panorama electoral que no está siendo muy tranquilizador para los jefes del partido verde.

Las elecciones de Madrid frenaron abruptamente el entusiasmo que generó en sus filas el resultado de los comicios catalanes en los que Vox duplicó en votos y casi cuadriplicó en escaños al PP. De ahí a lo sucedido el 4 de mayo en la capital de España media un abismo que llevó al estupor a los de Santiago Abascal y a la recuperación de la moral y de las perspectivas de victoria en las generales de 2023 a los populares.

Porque en Madrid el partido verde solo fue capaz de incrementar sus apoyos en apenas 40.000 votos lo que se tradujo en tan solo un escaño más que los obtenidos en 2019.

Vox teme ahora un estancamiento y por eso su mayor y más potente adversario electoral es el Partido Popular frente al que se dirigen todas sus acciones públicas, estrategia que se incrementará con el paso de los días. Necesita distinguirse de los de Pablo Casado, los únicos que pueden morder seriamente su cosecha de votos de cara a las próximas elecciones generales o, antes que eso, en las elecciones andaluzas de diciembre de 2022 a todo tardar.

Éste es el sentido de esta convocatoria de protesta callejera contra la subida de la luz: hacerse ver como partido útil y preocupado por los intereses de la gente y al mismo tiempo dejar en evidencia al PP por su pasividad en este asunto, excepción hecha de su actividad parlamentaria.

La protesta servirá para contar cuántos seguidores tiene el partido en Madrid y poco más, muy poco más»

Pero no está claro que la convocatoria de la manifestación del 18 de septiembre le reporte a Vox el éxito que busca. Y eso por un motivo fundamental: al llamamiento de su sindicato de reciente creación, Solidaridad, previsiblemente acudirán únicamente los militantes y los simpatizantes de Vox y ni uno más. Con lo cual, la protesta servirá para contar cuántos seguidores tiene el partido en Madrid -y en parte de España, porque están pensando en fletar autobuses para traer a gente de fuera de la capital- y poco más, muy poco más.

No es presumible que los votantes de cualquier otro partido se sumen a una convocatoria hecha por una determinada formación política en solitario porque es evidente para cualquiera que, sumándose a ella, se engordaría y favorecería la imagen del partido convocante, algo que no suele agradar a ningún partidario y votante de otras siglas.

Si a esto le añadimos que Santiago Abascal coincide con Podemos en su estrategia de llevar a la calle la indignación ciudadana por el incremento brutal de la factura eléctrica, nos encontramos con que ellos mismos van a poner a punto la consideración que muchos se hacen según la cual los extremos se tocan. 

Esa convocatoria no les va a servir para concitar un apoyo masivo de la población lo cual, de ser así, redundaría en un crecimiento de su notoriedad y en su perfil de partido votable, y tampoco les va a proporcionar una diferenciación suficientemente clara respecto del PP que compense su indeseable -y perjudicial para su perfil político- coincidencia táctica con Podemos.

Definitivamente, es un error.