El plato fuerte de la convocatoria de Vox se servirá hoy a partir de las 12 del mediodía porque Santiago Abascal pronunciará un discurso no demasiado largo, ha prometido la organización del evento, y porque José Antonio Ortega Lara intervendrá también en el turno previo de oradores. Ahí es donde estará el nudo de esa celebración de dos días, en la parte política de la celebración.
El propósito de Vox con esta convocatoria de dos días es claro: pretende estrechar lazos emocionales con las gentes que votan a su formación. Por eso la jornada de ayer fue una fiesta para niños y para mayores en la que se trató de evidenciar la versión amable y unitaria de la pluralidad de España montando casetas de las distintas provincias, arropado todo ello por el discurso de bienvenida del líder del partido verde que defendió la unidad de España frente al separatismo, el orgullo de ser español frente a la globalización y, desde una perspectiva histórica, la labor civilizadora de España en América.
La primera jornada de la fiesta fue una réplica en pequeñas dimensiones de lo que fue durante muchos años -de 1950 hasta 1975- la Feria del Campo que se celebraba en la Casa de Campo de Madrid, donde aún sobreviven en pie algunos de los pabellones que sirvieron en su día para albergar la exhibición de los productos propios de cada territorio y que años después fueron la sede de recordados y ya cerrados restaurantes de la capital. Allí, casi como ayer en Ifema, había concursos de ganado, bailes, música regional y se tenía la oportunidad de comer y beber los productos típicos de cada provincia.
La primera jornada del macroevento organizado por Vox tiene seguramente el mismo propósito: mostrar a esa España plural pero desprovista de las aristas que la sacralización de las diferencias ha acabado por provocar en esa pluralidad en nuestro tiempo. Pero también buscan los de Abascal “hacer comunidad”, estrechar lazos personales entre quienes se sienten identificados con sus propuestas. Por eso lo han planteado como una fiesta.
Es un modo, creo que inteligente y eficaz, de diferenciarse sobre todo del PP, que ya ha celebrado su Convención, más que del PSOE, que va a celebrar su Congreso el fin de semana que viene y juega el papel de villano en el ideario del partido verde. “Nosotros somos distintos y hacemos las cosas de otra manera” parece que han querido decir desde Vox.
Eso no quita para que el plato fuerte sea la intervención hoy de Santiago Abascal. El líder del partido verde ha anunciado que va a hacer un discurso propositivo que sirva de base para desarrollar una precampaña electoral para la que todos los principales contendientes se están ya preparando, hasta el punto de que empieza a hacerse cada vez más aceptada la idea, hasta ahora descartada de plano, de que Pedro Sánchez acabe por convocar elecciones anticipadas.
"La Agenda España defenderá, entre otras cosas, la igualdad entre españoles, la unidad de España, la creación de empleos y salarios dignos para los trabajadores y su protección social, la reindustrialización y la soberanía energética, la España rural y su medioambiente, y las fronteras y los barrios seguros. También la libertad de expresión y la proyección de España en la Iberosfera y en el resto del mundo", han explicado fuentes de ese partido.
En el discurso de Abascal no faltarán su sempiterna reclamación para que la Administración ponga coto a la inmigración ilegal y su exigencia de que no se siga admitiendo la acogida y posterior instalación definitiva en nuestro país de los menores no acompañados, los conocidos como “menas” que son, en opinión de Vox, una fuente constante de conflictos e incidentes violentos.
Esos mensajes tienen un éxito creciente en determinadas capas de la población y son una fuente de votos
Esos mensajes tienen un éxito creciente en determinadas capas de la población y son una fuente de votos para un partido que ahora mismo se puede afanar públicamente de haber sido el autor de sendos recursos ante el Tribunal Constitucional que se han saldado con éxito para los recurrentes. Uno de ellos sobre la constitucionalidad del estado de alarma decretado por el Gobierno, que el TC ha declarado en su fallo que no se ajustaba a los parámetros establecidos por la Constitución. Y el otro, sobre la decisión del Gobierno de dejar sin efecto la actividad parlamentaria durante seis meses a causa de la pandemia.
Vox se presenta, por lo tanto, con algunas importantes victorias constitucionales en el bolsillo con las que situarse y confrontar con el PP, su más inmediato adversario y el partido que tiene entre sus objetivos el de “robarle” a una buena parte de sus seguidores por el procedimiento de ampliar su discurso hacia la derecha de modo que un votante de Vox se sienta cómodo apoyando al PP y, en la clásica reflexión del voto útil, acabe metiendo en la urna la papeleta de Pablo Casado.
Esta es la batalla que el partido verde va a plantear de aquí al momento en que se convoquen las elecciones generales. Y para eso necesita que los suyos se sientan cada vez más como miembros de una comunidad no sólo política sino también sentimental, de modo que la idea de cambiar de voto no se viva como una decisión política sin mayor trascendencia sino como una suerte de traición a la familia de Vox, a su comunidad.
Para fortalecer ese vínculo es para lo que el partido de Santiago Abascal celebra no un Congreso, no una Convención, sino una fiesta para niños y mayores, todos juntos, preparatoria de la sesión doctrinal de hoy. Y para lograr esos objetivos creo que Vox acierta.
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