La suya es una obra singular. Comenzó, la destruyó, la volvió a crear y la actualizó hasta hoy. A Jasper Johns no siempre se le pudo asignar una corriente. Su modo de evolucionar, la propia de los impulsores de los artistas que abren caminos nuevos, exploran formas diferentes de expresar, entender y mostrarse a los demás. Basta ver una retrospectiva de algunos de sus trabajos más reconocidos de su trayectoria para descubrirlo. Colores intensos que dan paso a obras oscuras, cuadros de grandes dimensiones junto a lienzos casi minúsculos y pinturas de trazo grueso de las que pueden colgar escobas, perchas o vajillas junto a dianas y mapas.

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Quienes mejor conocen su legado le sitúan como precursor del pop art, también como parte del minimalismo y el arte conceptual en los EEUU que le vieron nacer en 1930. Una vida que el Museo Guggenheim Bilbao repasa desde hoy en una retrospectiva conformada por 134 obras de Johns y que pone el foco en uno de los dibujos que le dio a conocer en 1960 y que eleva al título de la muestra: Jasper Johns: Night driver, que se exhibirá hasta el 12 de octubre en la pinacoteca bilbaína.

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Nacido en Augusta (Georgia, Estados Unidos), su juventud y madurez se desarrollaron en Carolina del Sur primero y en Nueva York después. Con apenas 23 años se traslada definitivamente a la ciudad de los rascacielos y pronto comienza a entablar amistad con el entorno artístico de la ciudad: Robert Rauschenberg, el compositor John Cage, el coreógrafo Merce Cunningham

El renacer artístico tras la guerra de Corea

Todo cambió a la vuelta de la guerra de Corea. Había sido destinado a Japón, lejos del frente y con tareas más artísticas: carteles, iniciativas educativas… Pero el Jasper que regresó había cambiado. Tanto que decidió destruir la obra que hasta entonces había acumulado. Aquel renacer le llevó por otros caminos, por otras sendas de expresión artística de sus sentimientos y forma de ver el mundo… y los EE. UU.

A partir de ahí nacería una serie convertida en casi una obsesión: la bandera de su país. Siempre parecida, nunca igual. Con distintos fondos y formatos. Él las concebía como un modo de “provocación” o “chiste” frente al expresionismo abstracto imperante de la época, según subraya Enrique Juncosa, comisario de la muestra: “No son representaciones de la nación americana. Las escoge por su simpleza cuando la figuración para los abstractos era una abominación”.

La bandera de Estados Unidos como obsesión

Entre la larga serie que a lo largo de distintas salas se puede observar en el Guggenheim, Johns se presenta como un autor que combina la temática cotidiana y fácilmente reconocible. Con sólo 28 años ya había logrado el reconocimiento del MoMA, que adquirió tres de las obras que exhibió en la galería Leo Castelli en 1958.

En sus obras se perciben influencias de Marcel Duchamp. Pinturas abstractas con trazos entrecruzados, piezas repletas de referencias y citas visuales a otros artistas de distintas épocas. En sus trabajos no faltan la ironía, la carga emocional, la información biográfica, la metalingüística y las ideas filosóficas.

Influencias, objetos cotidianos y legado neoyorquino

En la exposición de Jasper Johns se combinan los cuadros con las esculturas de bronce, una de ellas creada a partir de unas tostadas. Los objetos comunes son el punto de partida de muchos de sus trabajos. Entre ellos, varios están inspirados en linternas, puertas o ventanas empleadas como sostén de sus creaciones. Jasper también apuesta por mezclar materiales y texturas para comunicar. En varias ocasiones su innovación pasa por repetir cuadros pero con algunos de sus elementos alterados o modificados.

La muestra hoy inaugurada en el Guggenheim termina con algunas de las últimas creaciones de Johns en este siglo, como los relieves metálicos del año 2000, una pequeña escultura de unas tostadas y un cuadro negro muy oscuro que pintó en 2020.

Intelectual siempre relacionado con escritores, músicos y coreógrafos, colaboró para transformar la escena creativa neoyorquina y trabajó junto al artista francés Marcel Duchamp y el dramaturgo Samuel Beckett, entre otros, para gestar una obra de arte contemporáneo "muy complicada porque muestra muchas cosas pero oculta otras", con temas como la vida y la muerte, y también la sátira y el humor, destaca el comisario Enrique Juncosa.la vida y la muerte, y también la sátira y el humor, destaca el comisario Enrique Juncosa.