Pablo Iglesias fue la estrella del Foro de Reflexión de Podemos organizado la semana pasada en la localidad madrileña Rivas Vaciamadrid. La secretaria general del partido, Ione Belarra, quedó en un discreto segundo plano, eclipsada por el ahora presidente de la Fundación 25M, una especie de think tank del populismo de izquierdas.

Iglesias propuso la creación de un «frente amplio» como la fórmula que debería liderar Yolanda Díaz en las próximas elecciones generales, sean cuando sean.

La elección del nombre no es casual. El Frente Amplio, comandado primero por Tabaré Vázquez y luego por José Mújica, gobernó Uruguay durante una década sobre la base de agrupar a todos los partidos de izquierda (desde los socialistas a los comunistas, pasando por socialdemócratas, radicales e incluso cristiano demócratas). La ocurrencia de Iglesias tiene una explicación: su fascinación por los gobiernos de corte marxista de Latinoamérica y por personajes épicos y aventureros. Múgica -ex guerrillero tupamaro- lo es. Ha dedicado toda su vida a la política, luchando contra la dictadura de Bordaberry, primero, pasando trece años en la cárcel, y luego, como líder indiscutible del movimiento popular, dirigiendo su país, con desigual acierto todo hay que decirlo.

Todavía no ha dicho Yolanda Díaz si quiere liderar una alternativa de izquierdas en las próximas elecciones e Iglesias, que fue quien la propuso el mismo día que dimitió de todos sus cargos, ya le tiene dibujado el proyecto sobre el que competir electoralmente. La ministra de Trabajo, por cierto, declinó la invitación a participar en los actos de la llamada Universidad de Otoño de Podemos, alegando «compromisos familiares». Aunque esos compromisos no le impidieron conceder una entrevista a El Correo, publicada el pasado domingo, en la que insistía en su mantra: «No me interesan demasiado las candidaturas».

Es normal que Díaz vaya con pies de plomo, porque lo que no quiere, y haría mal en aceptar ese papel, es convertirse en el juguete de Iglesias. Podemos, lo han dicho en las jornadas de Rivas algunos de sus dirigentes, no se quiere diluir en una plataforma, sino que pretende convertirse en la «nave nodriza» que eleve a la candidata designada hacia los cielos de una alternativa que sueña con superar en escaños al PSOE.

El «frente amplio» que propone Iglesias nada o muy poco tiene que ver con el Frente Amplio que llevó a la izquierda al poder en Uruguay. Primero porque a ese frente le faltaría en su alineación al principal partido de la izquierda, el PSOE. En segundo lugar, porque las condiciones objetivas de Uruguay y las de España son muy distintas, no sólo desde el prisma político -aquí llevamos casi 45 años de democracia-, sino desde la perspectiva económica. Tampoco hay aquí, aunque a Iglesias le gustaría serlo, un personaje con el carisma de Mújica.

Aunque la ministra de Trabajo aún no ha dicho cual será su proyecto, el fundador de Podemos ya le ha trazado el camino a seguir. ¡Y eso que había abandonado la política!

Como no puede vivir alejado de la política, al fundador de Podemos y ahora tertuliano multimedia, entre otras cosas, le gustaría ser el ideólogo de ese frente amplio, en el que él procuraría que se integraran también los independentistas de Bildu y de ERC. En fin, una sopa de siglas en la que Podemos ejercería de «nave nodriza» y Yolanda de princesa Leia. Adivinen a qué personaje le gustaría representar a él.

Insisto, hace bien la ministra de Trabajo en tener la mosca detrás de la oreja y alejarse de los cantos de sirena que le lanzan desde Podemos. Ella sabe que la dependencia total de ese partido no llevará a otra cosa más que a «una guerra de egos».

El brillo de Díaz, que le ha ganado ya varios pulsos a Nadia Calviño y lleva como bandera el diálogo social, provoca resquemor y celos no sólo en Podemos, sino en el propio Gobierno. El presidente Sánchez, siempre atento al valor de la imagen, no quiso posar con ella, como hizo con Iglesias, con el documento pactado de los presupuestos generales, y redujo la constatación fílmica del acuerdo a un paseo por los jardines de Moncloa.

Según la encuesta publicada ayer por El Español, Díaz ya es el político/a más valorado de España, por encima del presidente del Gobierno. La ministra debería cuidar el exceso de brillo tanto como su peinado o sus modelos, porque ningún príncipe permite que un aspirante sea más estimado que él por su pueblo. Sólo hay que releer a Maquiavelo.

Lo tiene difícil la vicepresidenta para ahormar su alternativa. Aunque no se fie de ellos, necesita a los jefes de Podemos; quiere contar con Errejón, pero éste no querrá ser sólo un peón de la nueva alternativa; Compromís, no se sabe; Teresa Rodríguez, no quiere; los independentistas, ni quieren, ni ella los aceptaría tampoco… En realidad, de los únicos que se puede fiar es de los sindicalistas de Comisiones Obreras. Y eso es poca artillería para lanzarse a unas elecciones generales en las que Sánchez tratará de acaparar con todos los recursos que tenga a su alcance a la inmensa mayoría del voto de izquierdas.

Queda mucho trecho por recorrer, pero el camino de Díaz se vislumbra lleno de espinas. Un miembro de la Ejecutiva del PSOE y ex ministro lo resume así: «De los que más tiene que cuidarse Yolanda es de los que dicen que la apoyan, porque son ellos los primeros que intentarán matarla».