Opinión

Pablo Iglesias se pone nervioso

El exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias. Europa Press

La quedada de Valencia entre cinco mujeres con distinto grado de relevancia en la vida política española no fue en realidad nada más que un acto de celebración conjunta del hecho mismo de la propia reunión. De ahí no es posible sacar nada que tenga un peso político destacable más allá de la constatación de que se han reunido y nos han trasladado el mensaje de que ellas mismas encarnan el principio de un «tsunami feminista» que va a recorrer España de aquí a poco con un modo distinto de hacer política, una “política bonita” basada en el diálogo y en el amor y alejada del odio.

Yolanda Díaz, la protagonista absoluta del acto, aunque la organizadora y anfitriona fuera la vicepresidenta del gobierno autonómico valenciano Mónica Oltra, explicó allí mismo que ellas tenían “un proyecto de país” aunque al tal proyecto no se le vio por ninguna parte. 

No importa. En Podemos se han puesto nerviosísimos y han corrido a subirse al tranvía en marcha, no vaya a ser que los dejen en tierra. Pablo Iglesias ha sido el primero en mostrar su inquietud al fijar posición desde su tribuna como tertuliano en la emisora independentista catalana RAC1

Repentinamente se ha lanzado a dar consejos a Yolanda Díaz sobre la composición y estructura orgánica de ese “frente común” en el que Podemos deberá tener, por supuesto, un lugar relevante.

Ladino como es, y después de dos días de silencio absoluto de su partido sobre el acto de Valencia, se lanzó ayer a celebrar el movimiento encabezado por la actual vicepresidenta del Gobierno como una iniciativa prometedora pero que debe ser construida cuanto antes porque, anuncia Iglesias, el adelanto electoral se huele ya en el ambiente.

El que fue, y sigue siendo, líder de Podemos ha atisbado la posibilidad, quizá incluso la alta probabilidad, de que Yolanda Díaz esté pensando en pergeñar un movimiento a la izquierda del PSOE que se abra camino no necesariamente al margen pero sí pasando por encima del partido morado, que vive sus horas más bajas y que, dicen los sondeos, sólo aguanta en intención de voto porque se supone que incluye a la ministra de Trabajo como cabeza de cartel.

Sin ella pilotando al partido en unas elecciones generales, Podemos pasaría a la irrelevancia. Díaz es así su salvación y al mismo tiempo su amenaza de peligro de muerte. Por eso, 48 horas después de un gélido mutismo en torno a la quedada de Valencia, se han precipitado todos sus portavoces a elogiar lo que tiene de prometedor el movimiento iniciado por la vicepresidenta segunda del Gobierno.  

“Es el pistoletazo de salida a la creación de ese frente amplio en el que estemos [nótese el uso de la segunda persona del plural] todos los que quieran participar” declaró una entregada Isa Serra después de que Iglesias hubiera marcado el camino de no dejarse descolgar de lo que se esté cociendo. Para a continuación deshacerse en elogios hacia Díaz y las fuerzas acompañantes: “Siempre hemos dicho que Yolanda Díaz es la mejor para garantizar que todas estemos en ese proceso de unidad y contando con Más País y Compromís”.

Pero hete aquí que la maniobra no ha gustado. Lo escuchado no ha gustado nada a las participantes en la quedada de Valencia que se han quitado de encima los elogios -y las intenciones- de Podemos como Yolanda Díaz se quitó de encima a las dos líderes del partido morado, Ione Belarra e Irene Montero, que no fueron invitadas a la fiesta.

“No vamos a entrar a valorar las declaraciones de Podemos, pero ni se presentó ninguna plataforma ni se pensó en nada de eso”, dicen en la formación de Mónica Oltra. Y para mayor inri, en Más Madrid, el partido de Mónica García, han cortado de raíz ese sobrevenido, impostado y sintomático entusiasmo de Podemos con un seco “este no es el pistoletazo de salida de nada”. 

Es más, y aún más sorprendente: la propia Yolanda Díaz que el sábado en Valencia dijo con indiscutible contundencia “tenemos un proyecto de país”, aunque ya he dicho que al tal proyecto no se le vieron ese día las hechuras, se desmintió ayer a sí misma y ayer, con toda tranquilidad, soltó esto: “No se trata de lanzar un proyecto de país”. Y se quedó tan ancha. La ministra de Trabajo explicó que ahora está muy ocupada con la reforma laboral y no se puede distraer con pequeñeces.

Si Pablo Iglesias concluye que su partido puede quedar marginado y solo ante el peligro, va a tensar las cuerdas

De todo lo sucedido en el día de ayer se pueden sacar unas cuantas conclusiones: Una, que Pablo Iglesias se ha puesto nervioso al ver a su designada candidata electoral operar en pista sin su conocimiento y autorización. Y, lo que es peor, sin la participación de sus dirigentes.

Dos, que ha dado la orden de autoinvitarse en ese proyecto, o lo que acabe siendo lo de Valencia, para evitar el riesgo de quedarse descolgados y enfrentarse de cara a su propia y paupérrima perspectiva electoral si Díaz prescinde de ellos como partido líder de ese frente común.

Tres, que ni Yolanda Díaz ni las demás fuerzas representadas el sábado en Valencia están especialmente interesadas en dar cabida a Podemos. Por lo menos no en este momento. Quizá más adelante si esto cuajara en algo.

Y cuatro, que si Pablo Iglesias concluye que su partido puede quedar marginado y solo ante el peligro de unas elecciones generales, va a tensar mucho las cuerdas dentro del Gobierno y va a segar la hierba debajo de los pies de Yolanda Díaz en la medida en que sus fuerzas se lo permitan, para forzar unos comicios antes de lo previsto. 

En ese sentido, una convocatoria electoral anticipada, que es lo que él ya sugirió ayer en la radio catalana, supondría una buena escapatoria para su partido porque no daría tiempo a nada: ni a que el movimiento de la ministra de Trabajo cuaje en algo concreto; ni a que Podemos siga perdiendo apoyos; ni a que Pedro Sánchez tenga otra alternativa que volver a pactar con el partido morado si quiere mantenerse en el poder.

Por eso no sería de extrañar que empiecen a producirse tensiones serias entre Podemos y el PSOE con el propósito de empujar hacia unas elecciones antes de lo comprometido por el presidente. Puede que vengan tiempos difíciles en el seno del Gobierno de coalición.

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