Cumple 78 años uno de los seres diabólicos más queridos en este planeta, al que solamente le faltan cuernos y cola. Por tener, hasta tiene junto a sus compañeros el récord de asociación más larga de la Historia de la Música: The Rolling Stones. Charlie Watts ha sido el primero en dejar el grupo, pero claramente por fuerza mayor. No creo que el alma del batería haya ido al averno que espera al fantástico guitarrista del que escribo hoy. Y lo digo con admiración, desde la posición de alguien que no es capaz de semejantes “proezas”.

Me cuenta el erudito cuasi octogenario José Ramón Pardo que, además de con sus satánicas majestades, el guitarrista tenía también con José María Íñigo una cierta amistad. Nada menos. También que su encuentro con él fue a raíz de ser parte de una de las bandas míticas de finales de los 50: The Shadows. Me contó también que siempre había coqueteado con el mundo del cine, pero lo que no me esperaba es verle en “Piratas del Caribe”, haciendo, claro, de padre duro.

Pero he empezado por el final, por aquello de lo anecdótico. Dado el personaje, mejor recorramos su currículo saltando de anécdota en anécdota. Más que nada porque su talento y longevidad artística son de sobra conocidas. Que solamente un magnate del rock puede pagarse el tratamiento para quedar limpio de excesos, también es muy comentado. Pero si rascamos un poco más encontraremos una vida llena de detenciones y muy poca salud. Dormir “dos noches a la semana” (cita textual) no es bueno ni para los búhos. El matiz viene después, cuando te suelta el guitarrista que lo bueno de eso es que ha estado “consciente durante al menos tres vidas”. Y todas dedicadas con ahínco a tener problemas con la justicia. Se jacta de hazañas como haber sido arrestado a punta de pistola en Arkansas en 1975, en una camioneta que contenía una gran cantidad de sustancias. Según él mismo explicó, “todo lo que tenías que hacer era abrir los paneles y había bolsas de plástico llenas de coca y hierba, peyote y mescalina ”. Lo sorprendente es que, por alguna razón que imaginamos, el juez local fue persuadido para que dejara libres a Richards y a sus compañeros, después de confiscar el cuchillo de caza del guitarrista y hacerse una foto con él.

Muy tranquilizador si tenemos en cuenta que se crió en el vecindario donde históricamente siempre estuvo el manicomio de la Ciudad de Londres

Resulta difícil imaginar a Keith formando parte de los Boy Scouts, pero es que, hablando de cuchillos, lo hizo para poder pasearse por ahí con uno en el cinturón. Muy tranquilizador si tenemos en cuenta que se crió en el vecindario donde históricamente siempre estuvo el manicomio de la Ciudad de Londres. Sí, el lugar en el que el principal sospechoso de ser Jack el Destripador estuvo confinado.

Pero no todo es oscuridad en sus tres vidas. Podemos imaginarle tocando las maracas, y muy bien, como asegura Mick Jagger cuando dice que fue una de las cosas que más le gustó desde el principio. También podría habernos resultado divertido verle grabando sus solos de guitarra en el wc del piso que compartía con el resto del grupo. Y es que allí tenían instalado el estudio. Lo mejor era el motivo: el sonido de tirar de la cadena parecía el del público aplaudiendo.

No sé si quiero pensar en eso cuando le recordamos en alguno de sus momentos estelares, heredados de un hombre que, por cierto y no sin razón, le asestó cierto día un buen puñetazo: Chuck Berry. ¿A quién se le ocurre tocar su guitarra sin permiso?

No nos perdamos el solo que regaló a la audiencia en Londres en 2009 junto al resto de los “Stones”, por favor:

Su anillo en el tercer dedo de su mano derecha es una pequeña calavera, y lo lleva desde hace seis décadas. Dice que le recuerda que “todos somos iguales debajo de la superficie», pero seguro que también es una auténtica declaración de intenciones hacia algo que esperemos que tarde en no poder evitar. Como todos.