El diario británico The Guardian, heraldo del laborismo ortodoxo, se ha apuntado un tanto con la entrevista al ministro de Consumo español. Hace mucho tiempo que un periódico británico –The Sun nos ha dedicado algunas de sus portadas más sangrantes- no era tan citado por políticos y opinadores nacionales. Hay que añadir que la entrevista fue publicada el 26 de diciembre y que había pasado desapercibida, hasta que los colectivos afectados no comenzaron a agitarla en las redes y convertirla en tema de portada de los grandes rotativos en víspera del día de reyes.

Garzón no dice nada en The Guardian que no haya dicho ya en España. Pero lo hace con imprudencia, como si lo estuviera comentando en un bar de Malasaña. Decir que las macro granjas exportan carne de mala calidad es señalar con el dedo a todo un sector ya de por sí muy baqueteado, por mucho que él puntualice que hay explotaciones extensivas que trabajan con respeto al medio ambiente. Al margen de esa falta de tacto, el ministro atribuye la defensa del consumo de carne por parte de algunos (le ha faltado decir de Vox) a la superchería de que con ello se pierde masculinidad, lo cual es una estupidez, aunque eso no le hace daño a los ganaderos, sino a su propia imagen.

Probablemente si hubiésemos estado en plena actividad política, el asunto no hubiera pasado de ser una metedura de pata más en la ya larga lista de torpezas cometidas por el titular de Consumo. Pero la falta de noticias, por desgracia para él, le ha llevado a ocupar el primer plano de la actualidad.

Mientras Yolanda Díaz apoye la continuidad de Garzón, el presidente no puede forzarle a dimitir. Además, le viene bien tener un ministro tan torpe en representación de Unidas Podemos

Garzón no sólo ha conseguido el consenso de todas las organizaciones ganaderas en su contra, por razones que no necesitan explicación. También ha logrado que presidentes autonómicos del PSOE como Lambán (Aragón) y García Page (Castilla La Mancha), y del PP como Fernández Mañueco (Castilla y León) le pidan la dimisión con argumentos muy parecidos.

Ayer mismo dos ministras, Isabel Rodríguez (Portavoz) y Pilar Alegría (Educación) desautorizaron al titular de Consumo con una explicación idéntica: «Ha hablado a título personal». Alegría añadió en entrevista a Onda Cero, como se hacen con los reincidentes: «No es la primera vez que lo hace».

El presidente del Gobierno, de vacaciones en Doñana, ya le acalló hace unos meses cuando dijo que «un chuletón es imbatible», pero ni entonces ni ahora puede decidir sobre la continuidad de Garzón en el Consejo de Ministros.

En primer lugar, porque, según el pacto que alumbró el Gobierno de coalición, no puede destituirle sin el visto bueno de UP. Recordemos que en la remodelación del mes de julio Pedro Sánchez no tocó a ninguno de los ministros designados por su socio de Gobierno. La salida hace un mes del ministro Castells se produjo por decisión propia, y fue Ada Colau, líder de los Comunes, a cuya cuota correspondía ese ministerio, quién designó a su sucesor.

Por tanto, mientras que UP decida que Garzón sigue, Sánchez no le tocará un pelo. Y ayer la coalición salió en su defensa de forma clara. Juantxo López de Uralde (Alianza Verde) era lógico que lo hiciera, ya que la guerra contra las macro granjas en España es idea suya. Pero, mucho más importante, fue el espaldarazo que le dio la jefa de UP en el Ejecutivo, ministra de Trabajo y vicepresidenta Segunda. Yolanda Díaz ejerció de primo de Zumosol de su compañero y también arremetió en tuiter contra las macro granjas.

Pero es más, aunque pudiera cesarle, Sánchez se permitiría el lujo de mantenerle en el cargo. No sólo porque este ministro de Consumo ha eludido criticar, como se merecía, la subida del precio de la electricidad, sino porque se ha comportado como un fiel escudero en todos los temas sensibles para el presidente. Además, Garzón le permite al presidente mostrar cómo sería un Gobierno comandado por Unidas Podemos: un auténtico desastre.

Por eso no creo que a Sánchez le arruine las vacaciones la polémica generada. Más bien al contrario. Tener un ministro así es un chollo.