La aspiración de Pablo Iglesias de convertirse en protagonista de un proyecto mediático a gran escala, financiado por Roures, ha terminado concretándose en «un puto podcast». Lo dice el propio ex líder de Podemos en un vídeo en Youtube con amarga resignación. En su proclama pide ayuda económica para los medios «que no mienten», todos afines a su partido, como LUH, CXT, La Marea, La Cafetera, etc.

No están los tiempos para tirar el dinero en un negocio que ha dejado de serlo. Y Roures, además de izquierdista, y por encima incluso de ello, es un empresario. Así que de lo prometido en mayo de 2021, cuando Iglesias sufrió una derrota humillante en Madrid, a lo conseguido en realidad hay una distancia casi tan grande como la que hay entre las concentraciones de la Puerta del Sol y el asalto a los cielos.

En su vídeo, Iglesias no hace referencia al aniversario (octavo) de su Partido, que se cumplió ayer. Sí lo hizo la organización, que difundió en redes un breve recordatorio de lo que ha sido su breve y azarosa historia, de la que se han eliminado (como Stalin hacía con las fotos de Trotski en las que aparecía junto a Lenin) figuras caídas en desgracia como Errejón o Bescansa.

Podemos está lejos de ser aquel partido que incluso llegó a aparecer en las encuestas como el más votado, o incluso el que estuvo a punto en 2016 de lograr el sorpasso al PSOE con sus 72 escaños. Pero, a diferencia de lo que le ha ocurrido a Ciudadanos, otro partido que surgió como respuesta al desgaste del bipartidismo, sigue apareciendo en los sondeos con un porcentaje cercano al 15% de los votos y la posibilidad de lograr una treintena de escaños.

UP no es ni será una alternativa de Gobierno, ni siquiera con Yolanda Díaz como cabeza de lista, por más que le pese a su principal propagandista, Iván Redondo, pero es y será una pieza indispensable para que el PSOE aspire a seguir gobernando.

El fracaso hitórico de Pedro Sánchez ha sido precisamente el no haber logrado tras llegar a Moncloa que el PSOE volviera a ser el partido claramente hegemónico de la izquierda, con aspiraciones a gobernar sin el lastre de tener que contentar a un socio radical que le aleja de la centralidad y cuyas propuestas, en muchas ocasiones, chocan con las de los socialdemócratas que imperan en Europa. Un ejemplo de ello lo hemos visto el lunes: el canciller Scholtz quiere la vuelta a la disciplina presupuestaria, cosa que Sánchez no está dispuesto a hacer porque le obligaría a cambiar sustancialmente su política económica.

La debilidad de Sánchez es más que evidente. De ningunear al ministro Garzón, propalando que sus tesis sobre la carne eran opiniones personales, a afirmar, una semana más tarde, que «en lo fundamental» el Gobierno está de acuerdo con ellas. El presidente no le aguanta un pulso a UP porque sabe que depende de sus votos y porque ve que, en el futuro, seguirá dependiendo de ellos. Siempre que en el seno de UP no se maten entre ellos -cosa que no es descartable- la fuerza de este partido seguirá siendo tan grande como si tuviera el doble de escaños.

Sánchez no le aguanta un pulso a Podemos. Necesita su apoyo y lo necesitará en el futuro. La progresía mediática se encarga de propalar que, sin UP, sería inevitable un gobierno de PP y Vox

Eso lo atisbó con perspicacia Pablo Iglesias. Y también fue el gran fallo de Redondo como analista, cuando en 2019 convenció al presidente de que había que repetir las elecciones. El entonces jefe de Gabinete creía que el PSOE podría despegarse de Podemos hasta convertirlo en partido irrelevante. Se equivocó. Iglesias sabía, por contra, que Sánchez le necesitaba. Y ganó: así nació el Gobierno de coalición. No por convicción, sino por necesidad.

Pero el gran éxito de Podemos no ha sido sólo conservar un espacio electoral significativo y vital para garantizar un gobierno de izquierdas, sino el haber convencido a buena parte del panorama mediático español de que son la garantía, el valladar, para evitar un gobierno de PP y Vox. Esa tesis, la del mal menor, es también obra de Iglesias, que no para de difundirla en todas aquellas tertulias donde ejerce de predicador.

No sabemos hasta dónde llegará Yolanda Díaz, si será un bluf, como vaticinan algunos ministros socialistas, o logrará el sorpasso, como le gustaría a Redondo, pero lo que sí sabemos es que Iglesias ha elevado el listón de la extrema izquierda en España y ha logrado, al mismo tiempo, que el partido que él creó sea visto por la progresía mediática como una vacuna anti Vox.

El éxito, todo hay que decirlo, no es tanto producto de su capacidad política (al fin y al cabo, el partido Podemos es un fiasco como organización), sino el fruto del fracaso de Sánchez, que sigue manteniendo al PSOE en una expectativa de voto, como mucho, similar al resultado obtenido en noviembre de 2019. Y eso a pesar de estar en el poder y de utilizar sin pudor la capacidad de convicción de la maquinaria de Moncloa.