La guerra en Ucrania ha supuesto ya un cambio cualitativo en la percepción ciudadana sobre lo que significa ser europeos. Los discursos en el Parlamento Europeo de su presidenta, Roberta Metsola; del Alto Representante de Política Exterior, Josep Borrell, y, desde su refugio en Ucrania, del presidente Volodímir Zelenski conmovieron el martes las conciencias de todos los que pensamos que la UE es mucho más que un club económico y tiene que ver con la defensa de valores como la libertad y la democracia.

No fueron intervenciones retóricas ni altisonantes, fueron una llamada a defender lo que somos, cosa que hoy están haciendo a riesgo de sus vidas y con escasos medios los ciudadanos de Ucrania, que ven en Europa su salvación como nación soberana, ahora en riesgo de convertirse en una colonia de la Rusia imperialista que lidera Putin.

El golpe sufrido y el riesgo que nos amenaza son tan fuertes que las costuras de las políticas tradicionales han saltado por los aires. Alemania ha girado ciento ochenta grados su postura antibelicista y, a diferencia de lo que ocurrió tras la Primera Guerra Mundial, esta vez no ha sido para amenazar a Europa, sino para salvarla de la barbarie.

El presidente del gobierno ha sido consciente del momento trascendental que le ha tocado vivir. Pero Sánchez, hasta este martes, mantenía un discurso ambiguo. Apoyaba el derecho de Ucrania a defenderse, avalaba las decisiones sobre las sanciones económicas e incluso la venta de armas al gobierno ucraniano a través del mecanismo europeo. Pero se oponía a que España vendiera armas (no material defensivo) a Ucrania. No se trataba de una convicción, sino de un cálculo político sobre la estabilidad de su gobierno, en el que hay ministros de IU y de Podemos contrarios al envío de armas y a la OTAN.

La posición de Pedro Sánchez no cambió hasta el martes por la tarde. Incluso tras el Consejo de Ministros, la portavoz Isabel Rodríguez mantuvo la misma posición que el presidente en su entrevista del lunes por la noche en TVE-1. Es decir, que España no iba a vender armas directamente a Ucrania.

Sin embargo, en el Pleno del Congreso celebrado ayer Sánchez rectificó y anunció su disposición a que España envíe a Ucrania «material ofensivo». El anuncio fue bien recibido por el PP, pero ha provocado el rechazo de tres miembros del Gobierno (Belarra, Garzón y Montero) y del portavoz de Podemos en el Congreso, Pablo Echenique. Sin embargo, la vicepresidenta Yolanda Díaz, en teoría cabeza de la coalición UP en el Ejecutivo, estuvo a favor del giro del presidente, al igual que otros grupos de la izquierda no sometidos a la disciplina de Podemos.

La decisión de Sánchez tiene su importancia. En primer lugar, contenta a la OTAN (cuya más inmediata cumbre se celebrará en Madrid el 29 y 30 de junio próximos) y ayuda a disipar algunas dudas sobre el atlantismo del Partido Socialista. También los principales socios europeos han comunicado al Gobierno su satisfacción por haber dado ese paso, que tiene un valor más simbólico que efectivo.

La rectificación del presidente le facilita llegar a acuerdos con el PP e introduce, al mismo tiempo, una cuña en la coalición UP, rompiendo la unidad de acción entre Yolanda Díaz y el núcleo duro de Podemos

Pero ese movimiento, esa rectificación, tiene claves internas que conviene poner en valor. En primer lugar, con ello Sánchez lanza una señal al PP -todavía con un liderazgo en precario- : es el momento de los pactos de Estado. El Gobierno va a necesitar el apoyo del principal partido de la oposición no sólo para que respalde los pasos que haya que dar en el conflicto bélico, sino para la aprobación de un paquete de medidas económicas de largo alcance y que pasan por la firma de un pacto de rentas, algo que recuerda a los Pactos de la Moncloa.

El cambio ha sido apreciado por el PP. Una persona muy próxima a Núñez Feijóo me confesaba ayer que puede ser el principio de un cambio en las relaciones entre el Gobierno y la oposición, que hasta ahora estaban marcadas por el enfrentamiento y la descalificación.

También hay que tener en cuenta que ese giro ha introducido una cuña en el seno de UP. Yolanda Díaz ha marcado su propio camino (en el que la han seguido Colau y Asens), dejando orillada la postura antiatlantista de Podemos e IU. Esa ruptura apunta las dificultades que va a tener el proyecto de la vicepresidenta del Gobierno para contar con el apoyo del núcleo duro de Unidas Podemos. Podríamos estar ante la ruptura del proyecto creado por Pablo Iglesias, aunque, por ahora, la disensión no implique una ruptura en el seno del Gobierno.

La entrada de las tropas rusas en Ucrania a sangre y fuego nos ha puesto ante una realidad que no queríamos ver y nos ha hecho priorizar lo importante sobre lo accesorio. Confiemos en que el giro de Sánchez tenga trascendencia en su manera de gobernar el país y no sea una más de las fintas a las que nos tiene acostumbrados.