Siempre puede haber sorpresas, es verdad. Pero con los datos que tenemos hasta el momento no debemos esperar nada importante de la entrevista de hoy entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.

Quiero decir, nada importante salvo el hecho inhabitual de que el presidente del Gobierno reciba al líder de la oposición, algo a lo que el país no está acostumbrado en estos tiempos de desencuentros constantes y de falta absoluta de búsqueda de espacios comunes que en circunstancias distintas habrían podido dar pie a algunos, aunque fueran pocos, pactos de Estado.

No los esperemos tampoco después del encuentro de hoy, ni siquiera en su fase embrionaria. Y eso por dos razones. Primero, porque en materia de medidas económicas para luchar contra la crisis, lo que ha hecho el Gobierno es aprobar un decreto que pretende que sea respaldado por el Congreso sin modificaciones, que se vote Sí mejor que No pero sin más intervención de los grupos parlamentarios.

Puede que la posición del nuevo presidente del PP sea tratar de introducir algún cambio en el contenido de un decreto ya aprobado, insisto, por el consejo de ministros. Ahí se va a encontrar con la negativa de Pedro Sánchez.

Puede que Feijóo insista en convencer a Sánchez de reducir el IRPF para dar un respiro a las familias

Pero puede que Feijóo insista en convencer a Sánchez de la necesidad imperiosa de reducir de “forma inmediata”, así lo ha dicho, el IRPF para dar un respiro a las familias, y que cumpla con su compromiso asumido ante todos los presidentes autonómicos en su reunión en la isla de La Palma.

Tampoco es probable que el presidente acepte adoptar esa medida a la que se opone rotundamente la sección de Podemos en el Gobierno y también la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, que ya declaró la semana pasada que todos los impuestos que podían bajarse se han bajado ya y que no hay nada más que hacer en ese campo. En esa posición se mantuvo hace dos días el portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Felipe Sicilia

A esta dificultad habría que añadir la actitud del Partido Socialista hacia el nuevo presidente del PP y no sólo porque el señor Sicilia recibió este domingo pasado, con Feijóo recién elegido presidente del PP, con las siguientes consideraciones: «¿Qué no estará pactando Feijóo en la penumbra con la extrema derecha para que todavía no lo hayamos conocido?», dijo. Y dijo más: «Feijóo ha venido desde Galicia para tapar el escándalo de corrupción de Ayuso y para entregarle a la extrema derecha el poder en Castilla y León».

Con esta bienvenida ya había bastante para poder calibrar con qué talante recibe Sánchez a Feijóo

Con esta bienvenida ya había bastante para poder calibrar con qué talante recibe Pedro Sánchez a Núñez Feijóo. Pero si quedara alguna duda, ayer mismo en la sesión de control al Ejecutivo el propio presidente del Gobierno contestó la intervención de la portavoz del PP, Cuca Gamarra, diciéndole que le gustaría saber si su partido va a apoyar “o va a seguir estorbando junto a la ultraderecha como vienen haciendo en los últimos dos años”.

No es el clima más adecuado para recibir al día siguiente al líder de ese partido a menos que se le intente extorsionar para que apruebe el decreto ley del Gobierno para no arriesgarse a que le vuelvan a restregar por la cara su acuerdo con Vox. Por eso Núñez Feijóo lo tiene muy difícil esta mañana.

La única esperanza es que, dado que el plan del Ejecutivo ha quedado ya desbordado por la creciente crisis, Sánchez acepte tramitar el decreto como proyecto de ley, lo cual sí permitiría a los grupos introducir modificaciones al texto. Pero ésa es solamente una hipótesis hasta ahora no respaldada por ninguna declaración en ese sentido por parte de quienes podrían formularla.

Y no digamos en lo tocante a la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Esta es la segunda cuestión que con toda seguridad Pedro Sánchez va a poner sobre la mesa. El Partido Socialista, que en este caso se confunde con toda naturalidad con el Gobierno porque, aunque se supone que esta negociación para la renovación del CGPJ debe hacerse entre los partidos con representación parlamentaria, el hecho es que quien negocia por la parte socialista es el ministro de la Presidencia Félix Bolaños.

Si Feijóo abandona la posición mantenida por Casado, recibirá feroces críticas de una parte de la judicatura

En este asunto la clave está en conocer la posición del nuevo PP en lo que se refiere al modo de elección de los vocales del órgano de gobierno de los jueces. Si los nuevos dirigentes del Partido Popular ya no exigen un compromiso del PSOE para modificar el sistema, no ahora sino en la siguiente renovación del órgano, que era donde estaba hasta hoy el gran escollo, entonces el pacto será inmediato porque los nombres están consensuados desde hace meses.

Ahora bien, si Núñez Feijóo abandona la posición mantenida hasta ahora contra viento y marea por Pablo Casado, es seguro que recibirá feroces críticas de una parte importante de la judicatura, el ataque implacable de Vox que le acusará de haberse rendido al Gobierno y la incomprensión de buena parte de sus votantes. Mucho y bien tendría Feijóo que explicar su cambio.

El presidente del PP dijo el martes en Onda Cero que éste no es un tema prioritario comparado con la emergencia económica que amenaza al país. Pero es una de las cuestiones que sin duda Pedro Sánchez planteará a su interlocutor para probar su disposición al pacto.

Es difícil, ya digo, que al término del encuentro de hoy salgan los dos anunciando otro acuerdo que no sea el de seguir hablando. Porque lo que está claro es que si el presidente pretende que el líder de la oposición le dé su apoyo al contenido del decreto tal cual está y sin admitir ninguna modificación, ya podemos adelantar que no va a haber acuerdo.

Por eso es recomendable que no esperemos gran cosa de esta cita en La Moncloa. Si nos dieran una sorpresa lo celebraríamos. Pero ya digo que es muy improbable.