Si antes de la invasión de Ucrania por la Rusia de Vladimir Putin ya era muy evidente que el Gobierno español era en realidad dos gobiernos atados exclusivamente por la necesidad compartida de sumar sus escasas fuerzas para mantenerse en el poder, la crisis ucraniana lo ha dejado irremediablemente claro y sin posible marcha atrás

Este es un Gobierno que marcha por sendas distintas sin tener ni mínimamente en cuenta la necesidad, o al menos la conveniencia, que que ante la masa de electores exista un comportamiento armónico identificable resultado de un único planteamiento básico, con las discrepancias naturales en cualquier equipo.

Pero aquí no sucede nada de eso. Lo dice muy acertadamente Cristina De la Hoz en su crónica de hoy: mientras el presidente Pedro Sánchez se compromete ante el primer ministro ucraniano Volodímir Zelensky a doblar, nada menos que a doblar, el material que ya se ha enviado a su país, que incluye armamento ofensivo y equipamiento militar, en la otra parte de su Gobierno se monta una Conferencia Europea por la Paz con la asistencia de lo más granado de la izquierda europea, incluido Jeremy Corbyn, un laborista que fue jefe de su partido hasta que, además de haber dimitido de su cargo por los pésimos resultados de las elecciones en el Reino Unido en las que perdió la friolera de 60 escaños, fue expulsado de sus filas por antisemita. Acudirán también represetantes del Sinn Fein, partido irlandés, y del partido izquierdista de Francia Insumisa, de Jean Luc Mélenchon.

Lo que busca Ione Belarra con esta convocatoria en Madrid es un asidero al que agarrarse

Lo que busca Ione Belarra con esta convocatoria en Madrid es un asidero al que agarrarse, vista la creciente debilidad electoral de su partido. El mejor refugio para su situación es el que proporciona esta izquierda pacifista que, sin atender ni un sólo instante a la realidad de los hechos, busca defender lo que a estas alturas se ha demostrado indefendible: que la invasión rusa se detenga a través del trabajo de los diplomáticos. Lo que Irene Montero definió recientemente como la Diplomacia de Precisión, un concepto que debió de parecerle en su momento algo así como el rayo láser, la llave para resolver automáticamente todos los conflictos.

El caso es que mientras Pedro Sánchez, el presidente de su Gobierno, volvía de Kiev dispuesto a redoblar la ayuda a un pueblo sometido al exterminio de un tirano, dos de sus ministras montaban en Madrid la respuesta contraria a la posición casi unánime de los miembros de la Unión Europea.

Ione Belarra sostiene que lo que está sucediendo en Ucrania nos puede llevar a un escenario de conflagración mundial. En eso estamos de acuerdo casi todos. En lo que no lo estamos es en su afán de no adjudicar claramente y sin paños calientes a Vladimir Putin la responsabilidad de lo que está sucediendo hoy en el mundo.

La situación es lo suficientemente dramática como para que tanto Ione Belarra como Irene Montero se abstuvieran de dejar meridianente claro que ellas no forman parte del Gobierno de España y que, antes al contrario, son la oposición a él. Es decir, deberían dimitir de sus cargos.

Pero no presentan la dimisión, eso no, a pesar de evidenciar sus discrepancias con tanto descaro como para organizar en Madrid un Encuentro destinado a discutir y poner en evidencia la política defendida por el presidente del Gobierno ante el conflicto bélico que se está desarrollando en Ucrania ante nuestros ojos.

No se puede admitir que una parte del Gobierno se comporte en temas tan delicados y trascendentales como si fuera parte de la oposición o como si esto fuera un juego. Si no comparten la visión del Ejecutivo, en este caso respaldada mayoritariamente por la mayor parte de la población, lo que tienen que hacer es renunciar a sus carteras. Cuanto antes lo hagan mejor para la dignidad de nuestro Gobierno.

Sin embargo, no lo harán porque saben que una vez que hubieran abandonado el cobijo que proporciona la pertenencia al Ejecutivo, sus destinos se oscurecerían rápidamente a la misma velocidad en que desaparecerían las cuantiosas prebendas, no sólo económicas y de notoriedad, de las que disfrutan ellas y la larga lista de sus colaboradores en todos los niveles.

Por cierto, Yolanda Díaz no estará presente en este Encuentro por la Paz. Tampoco se verá con Pablo Iglesias en Barcelona, donde ambos van a coincidir pero en actos diferentes. La vicepresidenta segunda tiene su propia línea de actuación aunque por el momento ésta todavía esté inédita.

Por eso, en la tarde de ayer se comentaba en la redacción: «No es que haya dos gobiernos en el Gobierno, es que hay tres». La señora Díaz encarna por sí misma el tercero aunque tenga un proyecto por el momento desconocido.

Pero al menos no se permite la desfachatez de desautorizar al presidente públicamente y en su propia cara.