La Cumbre de la OTAN en Madrid a finales de junio será histórica por varios motivos. Unos de ellos es que veremos cómo se formaliza el proceso de adhesión de Finlandia, y con toda probabilidad también de Suecia, a la Alianza Atlántica. Todo por el delirio de Vladimir Putin.

El deseo de Finlandia de incorporarse pone de manifiesto hasta qué punto Putin ha calculado mal la respuesta del mundo a su invasión de Ucrania. Ha llevado a Europa a empezar a desprenderse de las valiosas exportaciones rusas de combustibles fósiles, a la Alianza Atlántica a mostrar una cohesión y unidad pocas veces vista, y ha obligado a los Estados no alineados a tomar partido y revertir décadas de política exterior.

Todos los partidos políticos finlandeses, desde la derecha hasta la izquierda, han manifestado su apoyo a dicha incorporación. Las encuestas muestran que el 76% de la población apoya ahora la adhesión al pacto de defensa atlántico, un cambio drástico respecto a finales de 2017, durante el centenario del país, cuando solo el 19% estaba a favor.

Finlandia tiene una larga historia de no alineación y neutralidad. Por razones históricas, decidió que su seguridad e independencia sería mejor preservadas sin forma parte de ninguna alianza. En 1995 abandonó la neutralidad y se incorporó a la UE. Siguió sin alinearse militarmente, pero cooperando estrechamente con la OTAN, primero en misiones internacionales, como en los Balcanes, Afganistán e Irak y, en los últimos años, en la defensa de la región del Mar Báltico. Como resultado, Finlandia es tan interoperable como la mayoría de los aliados y está considerado como un importante proveedor de seguridad. ¿por qué cambiar una situación aparentemente ganadora? 

El problema ha sido doble: la amenaza rusa ha superado todas las expectativas y el orden de seguridad europeo ha desaparecido»

El problema ha sido doble: en primer lugar, la amenaza rusa ha superado todas las expectativas. Pocos habían previsto una invasión a gran escala de un país soberano. En segundo lugar, el orden de seguridad europeo tal y como lo conocimos tras la Guerra Fría no sólo está dañado, sino que ha desaparecido. Por lo tanto, los acuerdos informales son insuficientes cuando el nivel de amenaza es alto y el orden subyacente ha caído.

Formar parte de la OTAN hará que sean menos vulnerables a las agresiones externas, les ayudará a equilibrarse frente a Rusia, y les brindará disuasión frente a las armas nucleares, de las que carecen y a las que temen. Finlandia ya no ve la pertenencia a la OTAN como una opción estratégica. Desde el 24 de febrero, se convirtió en un imperativo existencial.

Pero Finlandia también tiene mucho que ofrecer a la OTAN como socio estratégico y como aliado militar. Su fuerza aérea vuela los F-18 más avanzados y pronto tendrá en sus manos los F-35; la armada modernizó sus buques y las capacidades de guerra submarina mejoraron notablemente; cuentan con un gran ejército de tierra de 250.000 efectivos, que muy rápidamente puede ser movilizado a cerca de 900.000 tropas (de una población de 5,5 millones de personas); tienen conocimientos y capacidades de alta tecnología que tienen importancia militar en áreas como el poder aéreo, el ciberespacio y el espacio civil. Con toda probabilidad, el flanco norte ganará mucho más peso político en la Alianza.

Pero, además, como democracia sólida comparte los valores políticos fundamentales sobre los que se ha fundado la OTAN durante más de 70 años, y es un miembro de la Unión Europea. De hecho, cabe esperar que el debate sobre la adhesión en Finlandia y Suecia -junto con el histórico referéndum de Dinamarca sobre la adhesión a la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE- anuncie un periodo en el que la coincidencia geográfica y estratégica entre la OTAN y la UE garantice que sus disputas institucionales se conviertan en algo secundario.

Ambos países han mantenido que sería preferible presentar la solicitud juntos. En caso contrario, el más tardío se mostraría vulnerable a los intentos rusos de intimidarle para no seguir el ejemplo del vecino»

La incorporación de Finlandia -y la de Suecia- en la OTAN también es una importante cuestión geográfica. Además de compartir más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia, se cerraría una importante brecha en el norte de Europa, con los cinco países nórdicos ofreciendo garantías de defensa mutua, así como una profundidad estratégica que mejorará la seguridad y la capacidad de defensa colectiva aliada, sin olvidar el apoyo a la defensa de tres países bálticos. Quizás este es uno de los motivos por los que la mayoría de los expertos sostienen que la adhesión de Finlandia implica la de Suecia, o más concretamente, que sería difícil que uno se incorpore a la alianza si el otro no hiciera lo mismo. Por eso, a pesar de sus diferentes situaciones, ambos países han mantenido que sería preferible presentar la solicitud juntos. En caso contrario, el más tardío se mostraría vulnerable a los intentos rusos de intimidarle para que no siguiera el ejemplo del vecino.

La mayor preocupación, por lo tanto, no es si la OTAN aceptará a estos dos países como miembros; es lo que Rusia podría hacer en el periodo posterior a la solicitud, pero antes de que se incorporen y estén formalmente protegidos por la garantía de defensa colectiva de la OTAN. Rusia ya ha comenzado a amenazar retóricamente a Finlandia, a violar el espacio aéreo finlandés y a realizar ciberataques. 

Una rápida adhesión a la OTAN daría menos ventaja a Rusia. Y no existe un calendario establecido para este proceso, sino que se trata simplemente de valorar si un país aspirante cumple los criterios de la OTAN y si hay voluntad política de los aliados de la OTAN de dejarles entrar. Ninguna de las dos cosas se discute en el caso de Finlandia o Suecia. Por tanto, el proceso dentro de la OTAN podría producirse rápidamente e incluso acelerarse (el proceso de ratificación del último miembro de la OTAN, Macedonia del Norte, duró 13 meses). La forma en que se ha hecho la ampliación de la OTAN durante los últimos 25 años no tiene porqué aplicarse de la misma manera a estos países escandinavos.

Ante el temor de que la adhesión de Finlandia – y Suecia – aumenten la tensión con el Kremlin a corto plazo, la Alianza ya ha indicado que proporcionará las suficientes garantías de seguridad durante el tiempo necesario hasta que estén cubiertas por el paraguas OTAN. Además, otras formaciones militares centradas en el norte de Europa también pueden tener un papel que desempeñar aquí, como la Fuerza Expedicionaria Conjunta dirigida por el Reino Unido y la Cooperación Nórdica de Defensa (NORDEFCO), a través de las cuáles Suecia y Finlandia ya contribuyen a la seguridad europea. Además, Finlandia y Suecia también están cubiertos teóricamente por la cláusula de asistencia mutua del Tratado de la Unión Europea. Todo ello para hacer frente al vecino que se comportó como nadie esperaba.


Carlota García Encina es investigadora principal de EEUU y relaciones transatlánticas en el Real Instituto Elcano.