Empecemos por decir que este cambio de criterio de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo es algo muy inusual y me temo que responde a una jugada política que no tiene buen aspecto. 

Veamos: el 20 de enero la Sala Tercera del Tribunal Supremo rechaza el recurso planteado por el Partido Popular, Vox y tres diputados de Ciudadanos contra la medida de gracia concedida por el Gobierno a los nueve condenados por sedición y malversación.

-El 22 de enero una de las magistradas de la Sección Quinta que fue la que inadmitió el recurso por falta de legitimación de los partidos para ir contra esa decisión del Gobierno, pasa a la Sala de Admisión del Alto Tribunal, cosa que tienen que hacer por turno riguroso. Esta magistrada era uno de los tres votos que habían decidido, contra los votos de otros dos magistrados, inadmitir el recurso.

Pero el pase de la magistrada Huet no se publica hasta el 1 de marzo.

Y el 4 de marzo resulta que se registra el recurso de reposición que ahora se ha admitido y que permitirá a la Sala examinar si los criterios de “justicia, equidad y utilidad pública” que el Gobierno debe acreditar para justificar un indulto se han cumplido en este caso.

Es decir, que PP, Vox y los diputados de Ciudadanos han estado esperando a que cambiara la composición de la Sección Quinta de la Sala Tercera para plantear este recurso de reposición, lo cual no deja de ser una trampa, más bien una estratagema, para conseguir su propósito porque nótese que cuatro días después de que se hiciera público el pase de la magistrada Huet a la Sala de Admisión es cuando se ha acometido la maniobra.

Es de esperar -y mira que he sido crítica con la concesión de los indultos a los condenados por haber intentado subvertir el orden constitucional– que la Sala Tercera no se preste a este tipo de maniobras más allá de lo que supone un notable cambio de criterio, extraordinariamente infrecuente en el Tribunal Supremo que se desautoriza a sí mismo muy rara vez. 

Pero hecho el truco, el Gobierno tiene la posibilidad de argumentar la “utilidad pública” de la medida de gracia con el hecho de que ahora mismo el apoyo a las posiciones independentistas en Cataluña es sostenidamente decreciente y que ya son mayoría quienes rechazan la independencia.

Naturalmente, es un argumento tramposo pero que le va a servir al Gobierno para justificar ese clima de diálogo que no existe y al que tanto el PSOE como ERC se agarran como clavo ardiendo sin que se haya sabido nunca qué clase de punto de encuentro van a encontrar unos señores que, del otro lado de la mesa, del lado independentista, plantean nada menos que una amnistía para los condenados y posteriormente indultados y a continuación un referéndum de autodeterminación que saben ellos mismos que es  imposible.

Dos gobiernos en una permanente cuerda floja que se aferran a la fantasía de Mesa de Diálogo

Pero ahí están dándole vueltas a esa noria sin que ninguno de los dos se desprenda de sus ataduras. Y así seguirán mientras siga en el poder este Gobierno de coalición y en la Generalitat continúe ERC amagando una y otra vez con cambiar de socios y juntarse con el PSC que le sirva de coartada -por ejemplo en el decreto para eludir la sentencia del TSJC que obliga a impartir el 25% de las enseñanza en castellano- pero manteniendo a pesar de todo los pactos con JxCat.

Dos gobiernos en una permanente cuerda floja que se aferran a la fantasía de la Mesa de Diálogo y a los que una resolución desfavorable a los indultos concedidos sería tanto como dar una patada definitiva al muy inestable tablero al que están atados ambos porque no tienen otra cosa a la que aferrarse. 

Creo, sin embargo, que eso no va a suceder, creo que el Tribunal Supremo no va a desmontar ahora el difícil equilibrio en el que sobrevive malamente Pedro Sánchez en Cataluña entre otras cosas porque, siendo una medida en su día muy criticada, ahora crearía una sensación de inseguridad jurídica a la que el Alto Tribunal no puede contribuir.

Lo que sí puede suceder es que los magistrados consideren que es mejor, porque tiene más peso, dilucidar el asunto por medio de una sentencia y no a través de un auto.

Eso es lo probable. Lo veremos.