Por mucho que el presidente valenciano esté rodeado ahora mismo de asuntos tan oscuros como el que representan los enjuagues de su propio hermano o el que tiene como epicentro la financiación irregular del PSOE valenciano, que son asuntos que van a ir para adelante y que a no mucho tardar le van a estallar en la cara  a Ximo Puig, resulta que desde ayer tiene mucho más cerca y pidiendo una urgentísima decisión otro caso, que ya ha llegado a un punto sin retorno: la vicepresidenta Mónica Oltra ha sido imputada por el juez en el sórdido asunto de los abusos a una menor tutelada por parte de quien entonces era su marido.

Eso no tiene ya vuelta de hoja, Oltra está imputada, o investigada como se dice ahora y a partir de ese instante no tiene otro remedio que renunciar a su cargo. No sólo es que esa exigencia esté presente en todos los códigos de conducta de los partidos. Es que eso es precisamente lo que se ha reclamado de personas como la ex alcaldesa Rita Barberá a la que incluso se expulsó de su partido, el PP, con gran satisfacción de la oposición, o del ex presidente de la Comunidad valenciana,Francisco Camps al que, por cierto le han archivado ya siete de los ocho procedimientos judiciales que se abrieron en su día contra él.

De modo que aplíquese a sí misma el cuento que en otras ocasiones ha reclamado con tanta insistencia a los demás y dimita. Hoy, que tiene convocada una comparecencia, mejor que mañana.

El presunto delito que puede haber cometido no es el de haber abusado sexualmente de una menor, eso se lo dejamos a su marido, que ya ha sido condenado a cinco años por ello. Es el de presuntamente haber urdido en torno a ese caso, un abuso ya demostrado, una serie de trampantojos destinados a diluir su responsabilidad y su conocimiento del asunto.

Lo dice el juez y lo dice la Fiscalía, un entramado muy bien organizado que tenía por objeto una de dos: o tapar el abuso del que entonces seguía siendo su marido, o proteger su propia trayectoria política.

Yo me inclino más bien por lo segundo. Pero el caso es que diferentes estamentos de su consejería han hecho unánimemente y como un sólo hombre -o una sóla mujer- una declaración tan, tan, tan idéntica que ha hecho sospechar al tribunal que el asunto estaba minuciosamente preparado.

De hecho, sólo en una ocasión la señora Oltra cometió la imprudencia de declarar algo que la involucraba directamente en el entramado: fue cuando declaró en las Cortes valencianas que ella había sido la que había ordenado la elaboración del expediente por el que su consejería había desacreditado la versión de la menor y restado toda credibilidad a su relato.

Inmediatamente rectificó lo que había sido un error de bulto porque se suponía que ella se había enterado por la prensa de las andanzas de su marido.  Esta ha sido la versión que ha mantenido hasta el día de hoy pero ni la fiscal ni el juez se han olvidado de ese patinazo al que otorgan una cierta verosimilitud indiciaria.

Lo mismo le pasa con la versión dada por los 13 imputados, que el tribunal considera que aparecen «una serie de indicios plurales que en su conjunto hacen sospechar la posible existencia de un concierto entre la señora Oltra y diversos funcionarios a su cargo».  

Esto no es un delito como los que pueden ser meter la mano en la caja ni como poner sobreprecio a una obra pública

Este no es un delito como los que pueden ser meter la mano en la caja ni como poner sobreprecio a una obra pública para llevarse la correspondiente mordida.

Este es un delito especialmente repugnante porque el marido de Oltra, con quien por entonces aún convivía, usó de su condición de educador en un centro de menores para abusar de una niña, niña que estaba por entonces tutelada por la Consejería de de Igualdad de la que Mónica Oltra es responsable..

El delito lo cometió él pero ella ha podido cometer otros como el de encubrimiento de ese mismo delito, eso se verá si la imputación sigue adelante.

Lo que no puede ser de ningua de las maneras es que la Generalitat valenciana siga vicepresidida ni un minuto más por una persona imputada. 

El portavoz de Compromís en el Congreso de los Diputados se ha apresurado a respaldar públicamente -porque fuera de los focos opina lo que opinamos todos- a la señora Oltra.

Es algo parecido a lo que ha hecho Ximo Puig, que se ha atrincherado con un  “no creo, en absoluto, que esto pueda afectar a la estabilidad del Gobierno valenciano».

¿Cómo que no? Claro que sí le afecta porque en caso de manenerla en su puesto actual, el gobierno autonómico valenciano estará manchado irremisiblemente por una vicepresidenta imputada en un encubrimiento -o quizá algo peor- de un delito especialmente repulsivo. 

Queda menos de un año para las elecciones y no puede acudir a ellas con semejante peso muerto a su lado porque bastantes pesos va a llevar si las investigaciones sobre  la financiación irregular del PSOE valenciano siguen su curso.

Esto no puede pasar de hoy. O la señora Oltra renuncia hoy mismo o debe ser destituida de manera fulminante.