Opinión

Putin será una amenaza para España y Europa hasta que sea derrotado por Ucrania

Vladimir Putin atiende a una entrega de premios con motivo de la celebración del día nacional de Rusia. EFE

Visito regularmente Ucrania por motivos de enseñanza e investigación, pero ésta es la primera vez que he estado en el país desde la invasión rusa del 24 de febrero. Todavía resulta difícil de creer, incluso después de tres meses de enorme destrucción, alto número de bajas militares y crímenes de guerra, que el imperialismo del siglo XIX, la conquista militar y el genocidio estén teniendo lugar en la Europa del siglo XXI.

Putin pretende destruir a Ucrania, miembro fundador de las Naciones Unidas en 1945, borrándola del mapa de Europa. El presidente ruso vive en el pasado y está obsesionado con devolver a Ucrania al mundo ruso. En su mundo distópico, no existen Ucrania ni ucranianos y quienes se oponen a él son «nazis» que deben ser eliminados, incluido el presidente de Ucrania Volodimir Zelenski, de raíces judías.

El llamamiento del presidente francés Emanuel Macron a no «humillar» al presidente Vladimir Putin y a negociar algún compromiso muestra hasta qué punto algunos europeos siguen viviendo bajo la ilusión del Kremlin. El imperialismo revanchista de Putin representa una amenaza existencialista para España y todos los países europeos.

En respuesta, el Kremlin apoyó el separatismo en España y Reino Unido

El Kremlin ha librado una guerra contra Occidente desde mediados de la década de 2000, pero Occidente decidió ignorarlo prefiriendo el restablecimiento de las relaciones, llevando a Londres, Chipre y otros lugares de Europa dinero sucio procedente de Rusia y construyendo los gasoductos Nord Stream. En respuesta, el Kremlin apoyó el separatismo en España y Reino Unido; promovió el Brexit; financió a la extrema derecha para avivar la desunión de la UE; lanzó innumerables ciberataques; y emprendió asesinatos de opositores.

Para entender a Putin hay que diseccionar su personalidad como oficial del KGB y sus rasgos de imperialista decimonónico y mafioso. La primera es la carrera de Putin como oficial del KGB. Putin es un nostálgico de la URSS y nunca ha superado su desintegración. Putin presidió la resovietización de la sociedad rusa y el culto al criminal líder soviético Joseph Stalin.

La xenofobia y la paranoia de Putin respecto a las conspiraciones occidentales radican en sus antecedentes en el KGB. Las revoluciones de colores, las protestas y el éxito ucraniano en la guerra se achacan a las conspiraciones de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia. La xenofobia del Kremlin no puede existir sin enemigos internos y externos.

Para entender a Putin hay que diseccionar su personalidad como oficial del KGB y sus rasgos de imperialista decimonónico y mafioso

Los orígenes de la paranoia de Putin se hallan precisamente en las actitudes de la KGB hacia los disidentes y la oposición, que eran considerados agentes de potencias extranjeras. Estos tics soviéticos se reflejan en la legislación rusa que exige el registro de los medios de comunicación independientes y de los grupos de la oposición y de la sociedad civil como «agentes extranjeros».

Putin ha creado una dictadura militar en la que Rusia está dirigida por antiguos líderes militares y del KGB soviético. Tras los cambios constitucionales de julio de 2020 que permitieron a Putin permanecer en el poder hasta 2036 y que lo convirtieron en presidente «de facto» de por vida, sus delirios han crecido. Rusia se convirtió en una dictadura y Putin y Rusia en una misma cosa. Desde la invasión de Ucrania, los expertos occidentales califican cada vez más al país de totalitario y fascista.

A la megalomanía de Putin se une un severo aislamiento del mundo exterior durante la pandemia del coronavirus. Rodeado de aduladores que acarician su ego, Putin está desinformado y nunca acepta consejos, al tiempo que se cree todo un experto.

El segundo rasgo de Putin es el resurgimiento del nacionalismo imperial ruso zarista, que afirmaba que los tres eslavos del este eran ramas de una nación panrusa. Putin ha afirmado repetidamente que Ucrania es una «tierra rusa» y que rusos y ucranianos son «un solo pueblo». Putin tiene la creencia mesiánica de entrar en la historia de Rusia como el hombre que «reunió las tierras rusas (eslavas del este)»: Crimea en 2014; Bielorrusia en 2020; y ahora Ucrania.

Según estos postulados, los ucranianos no tienen derecho a emprender una integración fuera del mundo ruso. Putin es tan hostil a la UE como lo ha sido siempre a la OTAN. Los líderes rusos siempre han exigido a Occidente que reconozca a Eurasia como la esfera de influencia exclusiva de Rusia, donde los países no pueden entrar en la OTAN y la UE: y la ONU no puede llevar a cabo el mantenimiento de la paz.

La única manera de eliminar esta amenaza es eliminar a Putin apoyando a Ucrania para que derrote a Rusia

El nacionalismo imperial de Putin pretende transformar a Ucrania en un país parecido a Bielorrusia con Zelenski sustituido por un dictador prorruso como Alexander Lukashenko. La «desnazificación» de Ucrania se llevaría a cabo mediante la deportación de civiles de las zonas ocupadas y la separación de los niños de sus padres después de ser procesados en campos de filtración, encarcelamiento, tortura y asesinato. Los ucranianos que se oponen a la invasión -políticos, líderes de la Iglesia, activistas de la sociedad civil, académicos, pensadores y periodistas- serían los «desnazificados».

El tercer rasgo de la personalidad de Putin es la de un mafioso corrupto. Hace más de una década, el fiscal nacional José Grinda describió a Rusia como un «Estado mafioso». En la Rusia de Putin, la política y el dinero están estrechamente relacionados. El presidente tiene que poseer la mayor cantidad de dinero para recibir el respeto de los oligarcas. Es lo que se ha llamado el «Estado del chantaje», que permite a los funcionarios del Estado y a los oligarcas saquear Rusia y no ser perseguidos sólo si permanecen leales al presidente y hacen su trabajo en el país y en el extranjero.

Putin no es un loco; simplemente está obsesionado, paranoico, enfadado y amargado. Es un psicópata sin ningún sentimiento por la vida humana, independientemente de que sea rusa o no rusa. La invasión de Ucrania por parte de Putin ha provocado la muerte de 30.000 rusos y el doble de heridos, mucho más que la Unión Soviética en Afganistán en la década de 1980 y las pérdidas de Estados Unidos en Irak y Afganistán.

Putin avivó una crisis artificial y lanzó una invasión ilegal de un país europeo soberano. España, y Europa, no pueden permitir que Rusia gane su guerra en Ucrania. Durante casi dos décadas, Putin ha creído que está en guerra con Occidente y nunca dejará de creerlo mientras sea presidente ruso. La única manera de eliminar esta amenaza es eliminar a Putin apoyando a Ucrania para que derrote a Rusia.

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