Uno de los puntos más importantes que ha fijado la OTAN en su documento del encuentro en Madrid ha sido establecer a Rusia y China como adversarios directos, pero diferenciados. En el caso de Moscú por razones evidentes, pero en el caso de Pekín lo enmarca en un hecho interesante, porque señala que la República Popular de China ha promovido una retórica de confrontación, desinformación, y busca controlar sectores tecnológicos e industriales clave, infraestructuras críticas y materiales estratégicos y cadenas de suministro. Es decir, China usa herramientas políticas, económicas y militares para aumentar su poder, según la OTAN. Hecho que según la teoría política hace cualquier Estado, cabe señalar. 

Pero a pesar de que en un párrafo se considera a Pekín como desafiante, en el siguiente se afirma que la OTAN sigue abierta a colaborar con la República Popular China. Siempre para proteger la seguridad de la organización atlántica. No se especifica más, en nombre de la seguridad propia, negociar con el adversario. Tampoco es una situación nueva, forma parte del realismo de las relaciones internacionales considerar que es imprescindible negociar hasta con el adversario para tu propio bien para evitar un conflicto. Pero no para apaciguar, sino porque es la situación donde ambas partes pueden ganar. Y es en este punto donde los aliados parece que no recuerden dos cuestiones respecto a China. 

Han sido los propios aliados los que han hecho que exista una llamada sino-dependencia: no han hecho nada para consolidar su industria nacional sino que han promovido la descolocalización»

En primer lugar, han sido los propios aliados los que han hecho que exista una llamada sino-dependencia, a pesar de que muchos expertos señalaban que a largo plazo sería una debilidad estructural. Es decir, el hecho que la OTAN señale que China busca controlar las cadenas de suministro, y que emplea amplia una gama de herramientas económicas, es porque muchos países que integran la organización atlántica han desplazado su industria hacia el gigante asiático. Es más, no solamente no han hecho nada para consolidar una industria nacional fuerte, sino que han promovido la deslocalización fuera de sus fronteras. Marruecos, Vietnam, India, Bangladesh o Myanmar son ejemplo de ello.

En segundo lugar, existen cada vez más herramientas que conectan China con casi la totalidad de aliados, y se va a más. A través de la iniciativa de la Franja y la Ruta multitud de países de la Alianza, como Canadá, España, Portugal, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Suecia, Finlandia, Hungría, Bélgica, Países Bajos o Dinamarca forman parte. Y la interconectividad con China cada vez es más elevada. En los países europeos se busca más la inversión china, como también se cuenta con Pekín para desarrollar proyectos de infraestructuras.

A diferencia de Rusia, que desde la anexión de Crimea en 2014 se ha percibido como hostil, incluso los países del Este que son hostiles al Kremlin, incrementan las relaciones con China.  Es decir, por un lado, la OTAN informa de que supone una amenaza el papel creciente de China, y por otro, los aliados buscan vincularse más a China con la creación y apertura de mercados allí, a la par que se favorece la inversión de Pekín en los países de la Alianza.

De manera velada aparece un tercer punto. ¿Dónde queda la Unión Europea? Y es una respuesta compleja de resolver porque actualmente la defensa comunitaria y las políticas de seguridad comunitarias son uno de los puntos que más se deben reforzar. La Unión Europea tiene asignados organismos de cooperación en seguridad entre los Estados, de cooperación policial, de agencias de inteligencia, la PESC, que existe desde el Tratado de Lisboa. La resiliencia de los Estados frente a las amenazas, porque amenazas hay, como también el Comité Militar de la Unión Europea existen. Pero la falta de unanimidad frena muchas propuestas e iniciativas.

La defensa comunitaria en un ejército comunitario ha embarrancado muchas veces. El Este prefiere reforzar la OTAN que no crear una nueva organización, y el Oeste quiere crear un ejército comunitario, a pesar de ya integrarse en la OTAN, y Francia depende de dónde pueda tener más peso.

Esta cumbre ha supuesto un punto y aparte para la organización atlántica, que se ha reactivado»

Esta cumbre de la OTAN en Madrid ha sido de especial relevancia para la propia organización de defensa. Para muchos ha supuesto una bocanada de aire fresco, con nuevos horizontes y acuerdos; una nueva expansión con Finlandia y Suecia, quienes han llegado a acuerdos con Turquía; una estrategia común para todos los estados miembro en el ámbito de la Defensa; una actualización del significado de la OTAN en sí como organización; la presencia de Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur como refuerzo de los vínculos de la OTAN con países asiáticos y oceánicos. No por su rol frente a China, sino por su rol frente a Rusia desde que empezó la invasión de Ucrania. Recordemos que hace unas semanas, después de dos años de congelación de relaciones diplomáticas, Australia y China mantuvieron a nivel bilateral un primer encuentro en el Diálogo Shangri-La, foro de Defensa de Asia-Pacífico. 

En conclusión, esta cumbre de la OTAN en Madrid ha supuesto un punto y aparte para la organización atlántica. No solamente le ha quitado el polvo y la decadencia acumulada, que algunos decían que ya agonizaba, sino que ha confirmado lo que provocó la invasión rusa de Ucrania, una reactivación de la organización.

Tendremos que ver cómo evoluciona ahora, sobre todo fijándonos en varios puntos. El creciente papel de Turquía y Polonia dentro de la OTAN; si cambian o no las relaciones de los aliados con China; el papel que jugará el proyecto de Defensa Comunitaria de la UE ahora que la OTAN se ha reforzado; y qué papel tendrá la OTAN en Asia-Pacífico. Además, de cómo se acaba percibiendo socialmente un incremento del presupuesto en defensa en muchos de los Estados miembro.


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.