Hasta hace muy poco, el Gobierno español insistía en concluir el gasoducto conocido como MidCat a través de los Pirineos, a pesar de la férrea oposición de Emmanuel Macron. Sin ir más lejos, el pasado 14 de octubre, Pedro Sánchez, en compañía del presidente portugués, Antonio Costa, se reunió con el canciller alemán Olaf Scholz en Berlín para consolidar el llamado Frente MidCat, aprovechando el Congreso del Partido Socialista Europeo. Macron parecía aislado.

Aunque fue el Gobierno de Sánchez el que en 2018 paralizó esa obra, en la que se han enterrado 3.500 millones de euros, tras la invasión de Ucrania por las tropas de Putin y la consiguiente crisis del gas, el presidente español resucitó el proyecto con ímpetu renovado. España pretendía suministrar gas a Europa, y romper el aislamiento peninsular, resucitando la construcción de la tubería que unía España con Francia a través de los Pirineos. Desde el primer momento, el presidente francés se mostró escéptico. Según ha repetido Macron en diversas ocasiones, el proyecto MidCat «no es rentable económicamente y genera problemas medioambientales».

Pero Sánchez insistió en la idea y encontró la valiosa complicidad de Scholz: el MidCat casi se convirtió en una propuesta socialdemócrata, a la que se sumó también Costa, frente al planteamiento de Macron, cuya dependencia del gas es menor por tener en la energía nuclear la principal fuente para su energía eléctrica. El MidCat era un proyecto de «solidaridad», frente a la visión egoísta de Francia.

Tras meses de pulso, en los que Sánchez ha contado con el apoyo de Scholz, el proyecto de gaseoducto a través de los Pirineos se entierra. El nuevo BarMar transportará hidrógeno verde y surcará el Mediterráneo. 3.500 millones se han tirado a la basura

El pasado 5 de septiembre, Macron, tomando prestada una frase de Charles De Gaulle, estalló: «No vamos a saltar como cabras pirenaicas sobre ese gasoducto creyendo que va a solucionar el problema del gas». En España se hicieron bromas de aquello. Se decía que Macron se comportaba con el típico chovinismo francés, sin tener en cuenta que Sánchez contaba con el apoyo de su particular primo de Zumosol: el canciller alemán.

El 5 de octubre se celebró una cumbre hispanoalemana en A Coruña, de la que la principal conclusión fue que el MidCat debería estar concluido en 2025. Un día después, en la Cumbre de Praga, Macron propuso una reunión con Sánchez y Costa en París. Finalmente, la reunión se ha celebrado en Bruselas. Desde Moncloa se filtró que esa cita era la prueba de que el presidente francés, ¡por fin!, estaba cediendo a la presión combinada de Madrid y Berlín.

Pero no ha sido así. Con una serenidad pasmosa, el presidente español anunció ayer en Bruselas el entierro definitivo del proyecto MidCat. Ahora, lo que se construirá es una tubería que unirá Barcelona con Marsella destinada a transportar hidrógeno verde, «la energía del futuro». Fin del cuento.

A partir de aquí, quedan varias cuestiones para reflexionar. La primera de ellas es que Macron se ha salido con la suya. Consecuentemente, Scholz no es Merkel. Alemania sigue mandando en Europa, sí, pero ya no como antes.

En segundo lugar, no se sabe cuánto costará el ahora llamado BarMar (Barcelona-Marsella), una tubería de 360 kilómetros que irá a través del mar. Tampoco se sabe quién lo va a pagar. Se espera que una parte importante se financie con fondos europeos. Los datos sobre el BarMar se darán a conocer en una cumbre que se celebrará a tal efecto en Alicante los días 8 y 9 de diciembre.

La gran justificación que esgrimía el presidente español (respaldado por la vicepresidenta Teresa Ribera) para justificar el MidCat era que España aprovecharía su capacidad de regasificación (el 30% de toda Europa) para exportar gas a los países más necesitados, como Alemania. Eso ya no será así.

Francia, con motivos, se ha apuntado el éxito. Pero Sánchez pretende no haber recibido ni un rasguño.

Tanto el coste de los 3.500 millones de la tubería del MidCat, ahora enterrada, como lo que cueste el nuevo proyecto BarMar, aunque Bruselas financie una parte, lo pagaremos con el tiempo los consumidores en la tarifa. Como dijo ayer el presidente español, se trata «de una buena noticia».